UNA VUELTA HACIA UNO MISMO

 

 

 

Desde 2019 hasta hoy Agustín Llorca conversa con Marcela Guerra sobre la cosmovisión andina. Buscando desnaturalizar un sistema que nos enferma, encontró en esta cultura otras respuestas, una forma de descolonizarse y vivir.

 

 

Hablaste del Sumak Kawsay, seres libres y felices caminando livianamente, creando sobre lo creado. Y de que la tierra y el universo nos deberían estar guiando en ese camino. Desde una visión occidental, la tierra es solo una pelota suspendida en el espacio, repleta de recursos naturales al servicio de la humanidad, para habitar, para la renta, para comer y la explotación; y el universo, un mero enigma negro lleno de estrellas y planetas que podemos ver a través de inmensos telescopios y satélites, pero que no entendemos del todo ni tampoco qué lugar ocupamos en él ni qué influencia tiene en nuestras vidas. ¿Por dónde empezamos?, ¿por la tierra o por el universo?

 

Yo creo que por cada uno. En eso, el andino es un pensamiento que podría llamarse egocéntrico. Podríamos decir que toma la intención de cada ser como punto de partida de toda construcción o deconstrucción. Pero si yo no hago un trabajo de autoconocimiento y un trabajo profundo conmigo misma, que implica todo (el amor a mí mismo, la paciencia mí mismo, la comprensión a mí mismo), no puedo expandir nada de eso. Es decir, nosotros no creemos en el servicio hacia el otro por el otro mismo. Esto por ahí suena un poco fuerte, pero uno, en realidad, cuando no quiere que a un hijo le pase nada, no es porque al hijo no le pase nada; primero, es por lo que a mí me sucede como padre de un hijo al que le pasa algo y, después, es el otro. Y si esto no lo entiendo, estoy viviendo en una falacia desde esta mirada. Creo que tenemos que volver a sentirnos realmente como universo y como tierra, y desde ahí plantear esta modificación o esta transformación, esta evolución en mí mismo, para que esto se expanda a los demás.

 

 

Esto desde la idea que nosotros construimos, nos construimos a nosotros mismos y construimos la realidad que nos acontece, no hay posibilidad de la construcción desde ningún otro lado que no sea desde mí mismo. Ahora, no somos totalmente conscientes de esa construcción, la mayor parte es inconsciente. Los caminos evolutivos y espirituales llevan a abrir esa conciencia y poder ser más responsables de la construcción. Y en esa construcción entra lo bueno, lo malo, lo favorable o desfavorable, todo. La ventaja de esto sería: si yo lo construí, también puedo deconstruirlo y puedo transformarlo y puedo crear mi Sumak Kawsay. Esto es una profunda reflexión con uno mismo. Por eso es importante hablar de un “no tiempo”. No es posible entender todo esto en procesos de tiempo. Porque esto puede darse en un segundo o en toda la vida, no hay un parámetro. ¿Qué hace que una persona comience a despertar?, ¿qué hace que una persona active su conciencia?, ¿hay un tiempo? No, no hay. El proceso puede ser el mismo que una estrella titilando o que toda una vida. Entonces creo que tiene que haber una vuelta hacia uno mismo , como lo hace una piedra, como lo hace una planta o como lo hace un animal, que piensa únicamente en primera instancia en sí mismo, en lo que necesita, en lo que quiere, en lo que intenciona. Y a partir de ahí construye la realidad y a partir de ahí esa realidad se va concatenando con otro montón de realidades que también empiezan a vibrar en esa misma masa o calidad vibratoria. Y uno no puede no sentir las vibraciones de su alrededor.

 

 

Lo occidental siento que hoy tapa todo, que lo que podemos ver en algunos momentos de profundidad de la vida, llámese niñez o elevación de conciencia, rápidamente es infectado y se vicia de necesidades o costumbres tan artificialmente arraigadas que no llego a descubrir muchas veces cuál es la esencia, cuál es el vicio, cuál es la necesidad. ¿Cómo ver o sentir la conexión con mi vibración real, mi alimento, mi lugar en la tierra? Siento que es muy duro y oscuro el manto que oculta las necesidades reales.

 

Creo que sí, que hay cosas que están viciadas, pero de todas formas yo encuentro en la esencia que aún eso está. Pienso en las vidalas, si uno lee superficialmente, está viciado de la forma occidental, sin embargo cuando uno lee profundamente, se da cuenta que en realidad podemos entender como un subtítulo, algo que no se muestra directamente pero que está hablando de otra cosa. Por ejemplo, esa vidala que dice “pobrecita mi fortuna”:

 

 

Como ciega mariposa

alrededor de la vela, ay,

 

(Pobrecita, ay, mi fortuna,

Pobrecita mi fortuna,

no tiene suerte ninguna, ay.

Pobrecita, ay, mi fortuna)

 

La gota cava la piedra

eso no pasa en amor

 

(Pobrecita, ay, mi fortuna,

pobrecita mi fortuna,

no tiene suerte ninguna, ay.

Pobrecita, ay, mi fortuna)

 

Mis lágrimas no pudieron

ablandar tu corazón.

 

(Pobrecita, ay, mi fortuna,

pobrecita mi fortuna,

no tiene suerte ninguna, ay.

Pobrecita, ay, mi fortuna)

 

 

 

 

 

 

Es en realidad una risa de cómo el español en ese momento lloraba por su fortuna, es una risa de lo que le está pasando a ese tipo para quien la fortuna es lo más importante. Entonces, lo que una escucha en la vidala pareciera que es un andino llorando por su fortuna y ¿dónde se ha visto un andino con fortuna?, ¿de qué fortuna está hablando si no existe el término fortuna? No está hablando del sustento, de la comida, está hablando de la fortuna. No existe el concepto de fortuna. Lo que está hablando es lo que le pasa al español.

 

 

Por más que uno ve la intervención del occidental, por debajo todavía se sostienen ciertas formas de ver la vida. Le “pertenecía” y se “pertenecían”. Se “pertenecían” la familia la tierra y la tierra la familia. Esa familia se corría de ahí y se acaba eso. Pero en ese tiempo que la habitás, sentís que el lugar te da y vos entonces también le das, la cuidás, la mejorás, la respetás, agradecés. Desde un sentimiento real, ni siquiera un pensamiento. Y ahí sí existe el equilibrio. Pienso que occidente trae un gran ruido cuando empieza a alquilar una casa. El que vive no sabe si es de él o no, si le corresponde o no. Todo eso que trajo occidente generó una pérdida de esta “copropiedad”, de “pertenecer” a la tierra y que la tierra le “pertenezca” a uno, en ese tiempo “vivo” y no en un tiempo “no vivo”. Yo todavía no entiendo cómo una persona puede decir: “Tengo 50 propiedades”. ¿Cómo puede ser si vos podés vivir solamente en una?

 

 

En Bolivia la Constitución le da derechos a la tierra. Dice que la Tierra tiene derecho a ser cuidada, tiene derecho a dejársela descansar. En Argentina eso no existe. En la chacra los terrenos se van rotando y siempre hay un terreno que queda en descanso, siempre. Eso es equilibrio. En las formas de producción de ahora, cuando a la tierra no se la deja descansar, llega un momento que no se recupera, no se generan los nutrientes para que sigan creciendo las plantas. Entonces se le meten químicos a la tierra que la siguen exigiendo a producir artificialmente.

 

 

 

 

 

Texto: Agustín Llorca

Ilustración: Sofía Chaskita

Fotografía: Héctor Serres

 

 

 

 

¿Querés seguir leyendo?

En 2 semanas sale la continuación de esta Conversa sobre la cosmovisión andina.

 

Mientras podés leer la Conversa anterior: EL VUELO DEL CÓNDOR – MARCELA GUERRA

 

2 ¿Qué te pareció lo que leíste?
    Cris
    9 Jul 2021
    8:05am

    Me gustó mucho,cuando habla de la intención que hay que ponerle al pensamiento,mevtrajo a la tierra.Gracias

    Cris
    9 Jul 2021
    8:10am

    La desconstruccion para ver con ojos reales la verdad de la vida.

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