EL VUELO DEL CÓNDOR – MARCELA GUERRA

Desde 2019 hasta hoy Agustín Llorca conversa con Marcela Guerra sobre la cosmovisión andina. Buscando desnaturalizar un sistema que nos enferma, encontró en esta cultura otras respuestas, una forma de descolonizarse y vivir.

 

 

Marcela Guerra es qoya, perteneciente al Qollasuyo, la región sur del Tawantinsuyo. Nació en Salta, en un lugar al que antes de la colonización llamaban Chuñapampa y ahora Coronel Moldes. Vivió en Martínez hasta que, al inicio de la cuarentena pandémica, decidió con su familia instalarse en su casa en el Delta de Tigre. Antes de eso, también viajaba mucho. Es cantora y danzante andina, integra grupos de danzas andinas, fundó el grupo de canto con caja Las Chirleras, da talleres de transmisión de la Cosmovisión de los Pueblos Originarios, de Construcción de instrumentos andinos de percusión (caja vidalera, canto con caja) y oficia ceremonias en cualquier parte del mundo donde la inviten, en centros culturales, escuelas, bibliotecas, espacios de arte o en una casa. Sonríe y mira profundamente. Su presencia empuja mis dudas, las deja salir. Imagino estas letras frente a los ojos de otros ecosistemas automatizados queriendo desautomatizarse y los imagino con la misma duda.

 

Si la construcción de esto que nos forma es herencia del colonialismo, ¿cuál es el primer paso para la descolonización?, ¿la puerta de entrada es la cosmovisión andina?

 

La cosmovisión andina es una de las tantas herramientas que los seres humanos hemos ido creando. La tierra y el universo nos han guiado para la creación de esas formas que tienen que ver con el buen vivir, con aquello que nos hace bien. La palabra “descolonización” no sólo tiene que ver con lo que trajo España, porque hablamos mucho de la colonia, pero también hoy estamos colonizados por otras formas de control. Nuestra vida cotidiana está inmersa en una profunda colonización a veces de los sistemas de gobierno, a veces de los sistemas educativos, de las creencias, de nuestras familias. Somos colonizados por ideas, por pensamientos, por prácticas y creo que lo importante de eso es la elección. Cuando nosotros empezamos a despertar nuestra conciencia y esa mirada profunda hacia el hacer de cada uno, uno comienza a darse cuenta si eligió esa forma, si eligió ese pensamiento, hasta si eligió comer eso que está comiendo. Hemos sido colonizados hasta en la comida, la forma de caminar, de hablar, de mirar. ¿Cómo se mira a un hombre?, ¿cómo se mira a una mujer?, ¿cómo se mira a un niño? Entonces uno podría decir: “Bueno todo es colonización” y no; en la medida que nosotros pasamos esto por nuestra conciencia y elegimos y construimos sobre eso, deja de ser un parámetro colonizado. Y creo que la cosmovisión andina nos trae este reencuentro con nosotros mismos, con nuestra propia esencia, con nuestro verdadero ser, con lo que nos constituye como seres libres, como seres creadores, como seres en función de crear sobre lo creado, de crear lo nuevo y así constituir caminos de sanación y de bienestar. De esto hablamos cuando hablamos de Sumak Kawsay, crear sobre lo creado. Que ni siquiera lo entiendo como un “re crear” porque siempre estamos creando. Creo que es eso la cosmovisión andina. Como cualquier conocimiento ancestral ligado al origen del hombre en su plena libertad, en su plena conciencia y confianza de ser los creadores, en toda la energía puesta en la creación. Hay una frase que dice: “Eran los tiempos en que seguíamos los caminos del sol” y habla de esos tiempos en los que estábamos creando lo que no existía. Y hoy, en tantas cosas creadas, tenemos que volver a tomar ese concepto de crear sobre eso. Porque todos los días es algo nuevo y todos los días estamos creando. Eso es una decisión. O yo repito todo lo aprendido sin ninguna modificación desde mí o creo. Creo que eso es todo lo que trae la cosmovisión andina y este profundo trabajo de descolonizarnos y de crearnos nuevamente hacia este Sumak Kawsay, hacia estos seres libres, felices, caminando livianamente.

 

¿Y cómo puedo construir sobre lo construido si eso que está construido se construyó a fuerza de repetir una y otra vez prácticas, pensamientos, ideas, formas de vínculos, formas de gobierno, etc., que sostienen la colonización española como cultura y forma de vida? Hablo de nuestros hábitos cotidianos (comida, medicina, miradas, etc.), la formalización del saber (como las instituciones educativas), los límites (en mano de las leyes y el aparato judicial), el control y castigo (desde los juicios de valor sociales hasta la policía). ¿No se choca la cosmovisión andina con lo construido? Lo construido, ¿no pretende seguir negando o violentando las formas de la cosmovisión andina? Digo, desde lo personal, en mi cotidianidad recortada por lo construido, ¿por dónde empiezo?

 

Creo que uno tiene que empezar por hacer el vuelo del cóndor. Si alguna vez tenés la posibilidad de ver una suelta de cóndor, cuando el cóndor a veces es rescatado, curado y vuelto a su hábitat, se lo lleva a una parte alta de la montaña y se lo suelta. Ahí uno puede ver todo lo que él hace para emprender su vuelo. Mira su realidad construida hacia adelante, eso que está viendo ahí abajo, ese es su universo. Y comienza a percibir las vibraciones del tiempo y el espacio, que no es el tiempo y el espacio que nosotros construimos desde occidente, sino un tiempo y espacio diferente. Y antes de largarse a esa su realidad, mira hacia atrás, a todos los que están atrás, a todo lo que hay atrás, que es justamente todo aquello que conformó su realidad, que dio la posibilidad de construcción de su aquí y ahora. Y ahí, cuando se siente seguro, se larga. Bueno, esto es lo mismo. Nosotros tenemos que mirar la realidad construida, sin estar pensando tanto en lo que construyeron los otros.  Esa es mi realidad construida. Con la colonización, con los gobiernos, con las familias, con las instituciones, todo eso son los condimentos que yo utilicé para la conformación de mi realidad. Pero así como yo la fui construyendo, pasito a paso, también puedo poner delante de mi mirada una nueva forma de tiempo y espacio y transformarlo. Si soy el creador de mi realidad, soy también el transformador. Y eso es un pasito a paso, un día empiezo a observar mi alimentación, otro día empiezo a ver mis vínculos, mi forma de vida, mis actividades, mis deseos, lo que me gusta, lo que no me gusta y comienzo a elegir. Tal vez, primero, desde una intención solamente, pero en cuanto se plasmó en la intención, eso se expande hacia la construcción de la realidad inevitablemente. Lo que pasa es que a veces creemos que estas transformaciones son instantáneas y no, llevan su tiempo, pero se van conformando. Y ahí es donde creo que comienza a instalarse como continuo y verdadero. Si yo cambio mi alimentación de hoy para mañana, no sé cuánto tiempo la podré sustentar; si no he revisado, honrado, celebrado mi alimentación anterior. Es como cuando recibimos el nombre. Si primero no honramos nuestro nombre, nuestra vibración, la celebramos, nos alegramos y luego la transformamos, es imposible. Creo que no se puede cambiar, sino que hay que transformarlo. Lo que está, por lo que elijo que esté.

 

 

Texto: Agustín Llorca

Ilustración: Sofía Chaskita

Fotografía: Vale Lamat

 

 

¿Querés seguir leyendo?

En 2 semanas sale la continuación de esta Conversa sobre la cosmovisión andina.

Mientras tanto podés leer la primera Conversa: Una vuelta hacia uno mismo: Marcela Guerra

 

 

 

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    Claudia angelini.-
    27 Apr 2021
    2:54pm

    Crear desde lo ya creado..transformarlo e ir construyendo mi historia a partir de este presente. Desde mi deseo .elegir y fundarme!.- se puede.- gracias!.-

    Marcelo Mainini
    28 Apr 2021
    5:10am

    Es tan valioso lo que Marcela transmite. Y lo hace con tanto amor, con tanta generosidad. Toda esa visión que nos anima a aceptar lo que somos, nuestra historia y transformarnos…ayudados por la sabiduría de las plantas, la música…y que a pesar de todo lo difícil que se nos presenta el camino es posible acercarnos al buen vivir, sin rencores ni autocastigos. Quienes hemos recibido algo de toda su gran sabiduría siempre estaremos profundamente agradecidos.

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