RITUALES

 

 

 

Conversación con Marcela Guerra sobre la Cosmovisión Andina

Texto: Agustín Llorca / Héctor Serres

Ilustración: Sofía Chaskita

Fotografía: Gabriela Sorbi

 

 

 

¿Qué juegos vienen de la cultura andina?

La payana. Ahora, si se juega, es con piedras chiquitas, pero en realidad se empieza con las piedras chiquitas pero después se hace con piedras grandes. Y después terminas tirándole al otro las dos (risas). ¡Es un desastre! Pero trae mucha fuerza también.

 

¿Y cuál es el juego?

El juego es recoger las piedritas, pero cada vez van siendo más grandes las piedritas…

 

¿Pero para qué las recogés?

¡Para la fuerza! ¿Nunca jugaste a la payana?

 

Sí, a la payana sí, pero con piedras chiquitas nomás.

Eso. Te quedaste ahí en la ciudad. Después, ya necesitás ver cuánto peso levantás, entonces es levantar una piedra, agarrar otra y agarrar la que cae. ¡Te hacés bosta las manos! (risas) ¡Esa es la gracia!

Es un juego muy normal de hacer allá. Después otros juegos que se juegan mucho con los animales también, de montar un chancho o de querer ponerle algo en la oreja, y se arman competencias también, a ver quién puede agarrar al chancho, quién puede subirlo. Son juegos más como de monte, como trepar los árboles, por ejemplo, quién trepa más alto. Otros así no me acuerdo.

 

Después me acuerdo que una vez contaste de una ceremonia que era también como un juego pero más en el momento donde los niños y las niñas están como en edad de…
Ah, sí, eso ya es un poquito más grande ya, no es de niño chiquito.

 

Más de lo que sería adolescencia o preadolescencia.

Es más sí, ya cuando pasan el segundo septenio, ya los catorce, tanto en el momento de la siembra como en el cuidado del terreno, hay un momento donde todos los mayores quedan alejados, sobre todo en el descanso o por ahí en la comida y permiten que todos estos mayores de catorce años, digamos entre el segundo y el tercer septenio salgan a jugar, y es un juego presexual, que tiene que ver con la mancha, pero es una mancha entre grandes, o perseguir a uno para cierto toqueteo entre hombres y mujeres, y entonces lo que se hace es re lindo porque los mayores observan todo esto, están ahí observando; entonces después tanto varones como mujeres hablan sobre esto. No sé si vieron ahora que es el “Jueves de Comadre”, que pasó antes del Carnaval, bueno, lo que se llama “Jueves de Comadre” que si van al norte van a ver que es solamente juntarse a coplear y chupar, antes no era eso. Las mujeres nos juntábamos para hablar de sexo, entonces se entrenaba a las que estaban por tener sexo contando experiencias, explicando, preguntaban cómo se toma, se come, se canta, tanto las mayoras se abren a contar sus experiencias como las menoras a preguntar, no saben lo maravilloso que es, porque hay que ver una mamachita de setetenta y pico, ochenta años, pero contando con pelos y señales, ¿eh? “A mí fulanito tal cosa”. Y si resulta, por ejemplo, que a una chica un muchacho la empujó, se le pregunta, ¿a vos te gustó cuando te empujó? “No, porque es bruto”, “No lo permitas entonces, no lo dejes”. Nos fijamos en esa que es más débil, que la estamos viendo que no está pudiendo poner lo que quiere; después ves la otra que lo corretea igual, listo, está todo bien, pero eso se observa, que les va pasando, ¿no? Que van sintiendo, y eso se da a diario, y eso acá no lo ves. Ese poder observar el juego de muchachones y muchachonas  a ver qué está pasando.

 

¿Y hay como una costumbre de que el varón corre a la mujer o al revés?

No, al revés también. Yo una vez por agarrar a un varón tiré una mesa (risas) y caí encima y lo tiré al piso. Es como una mancha un poco subida de tono. No es “te toqué”, es “te me tiré encima y te tiré”. Y ahí empieza a haber, bueno, esto, que te gusta, que no te gusta, cómo te gusta, ¿no? Es como…

 

¿Tiene algún nombre esa especie de ritual?

No, no porque está dentro del marco del cambio de ciclo. No no, no tiene un nombre.

 

¿Es esto que cambia en marzo, el 21?

Esto tiene que ver con las edades. Tiene que ver más con las edades, y esto siempre lo vas a ver, este tipo de juegos, más cercano al Pukllay, al carnaval. Porque la idea es que en el Pukllay en este momento la tierra muestra su abundancia y muestra la abundancia sexual de las personas, la posibilidad de disfrutar con el sexo, por eso lo que sucede en el norte, que es que… por ahí hoy también está como un poco deformado eso, de que tanto hombres como mujeres salen solos. Aunque estén casados, aunque estén de pareja. Son días para experimentar lo que yo quiero y con quien yo quiero. Y por ahí se me ocurre estar con otra mujer, y por ahí se me ocurre estar con otro hombre, o por ahí no se me ocurre nada de eso, nadie se fija. Y siempre cuento porque esos días, cuando yo era chica, veía que los grandes salían solos y solas a la noche, y como esto no tiene nada de bueno culturalmente, ¿no? Que eso también lo ví, porque mi mamá es de Buenos Aires, y nosotros siempre pasábamos muchos meses en Salta, y sobre todo los meses desde noviembre ponele hasta febrero, marzo. Entonces, en uno de los carnavales que yo ya sería como más grandecita y me iba dando cuenta, la casa de mi abuela era de esas casas típicas, grandes, muy grandes, de muchas habitaciones, y vino la comparsa a buscarlo a mi papá y mi mamá lo quiso esconder. ¡Qué! ¡Olvidate! ¡Se lo llevaron tres días! (risas) Y cuando volvió, no me olvido nunca, porque mi papá estaba con una camisa blanca y un pantalón de vestir azul y, cuando volvió, la camisa era de todos los colores, toda así como salida, con los pelos así (hace un gesto señalando los pelos parados), un pedo fatal (risas) y mi mamá que no entendía nada, y cuando se lo llevan mis tías le decían: “Norma, quedate tranquila, no pasa nada, tranquila”. Mi mamá estaba super nerviosa y asustada y ellas le explicaban: “No, vos quédate tranquila, se va con la comparsa, ya va a volver, no le va a pasar nada”. ¿Entendés? Es como un enfrentamiento de culturas.

 

¿Pero ella no lo hizo?
Mi mamá no, quedó re nerviosa, de hecho esa fue la única vez que nos escondió para que no nos llevaran, y mis tías le decían: «¡No los van a llevar!».
Porque es un ritual, la comparsa sale y va entrando en las casas donde invitan. Mi abuela invitaba siempre, entonces, toman chicha, comen, cantan, y se van, y se llevan algún hombre o a una mujer; en este caso lo querían a mi papá y se lo llevaron. Y fue muy gracioso, la vuelta fue muy cómica.

 

¿Y las mujeres también participan en las comparsas?
Sí, también, también, no te digo que mis tías después también salían.

 

¿Sentiste hablar del “chineo”?
No.

 

Creo que —no tengo la definición exacta— es como una deformación de un ritual que se hacía en la época precolombina y que el colonialismo lo convirtió en una especie de costumbre en la que las familias originarias tenían que entregar a sus hijas a ser sometidas a violaciones tremendas, y que de alguna forma lo camuflaban como una costumbre adjudicada a los pueblos originarios; pero que en realidad fue una deformación de las salvajadas que hicieron los españoles. Le quedó ese nombre, el chineo.

¡Ah! ¡Por la china! Claro porque a la mujer en algunos lugares le dicen “china” y a las nenas le dicen “chinita”.

 

Hay campañas para dejar de disfrazar esas violaciones como si fueran rituales. Hay grupos de lucha, sobre todo feministas, tratando de frenar esas atrocidades. Hay algunas prácticas, como esto que decías, ¿no? El ritual del carnaval que antes tenía una significación, después vino el colonialismo y lo convierte en otra cosa distinta que termina siendo de alguna forma, en la mayoría de los casos, una deformidad para mal.

Sí. De hecho si hoy vas al carnaval de Tilcara, es lo peor que te puede pasar digamos, porque…

 

¿No es nada que ver?
Y no, es puro chupi. Yo vi muchos años como venían de la ciudad de Jujuy y de la ciudad de Salta a buscar minas nada más, venían grupos de 10, 15 varones a buscar minas. Y se transformó un poco en eso, se deformó todo eso, pero aún queda, yo creo en el registro, yo lo veo en las familias, el registro de que significa el Pukllay. Ahora, después hubo varias generaciones que deformaron esto, y de hecho cuando vos me decís esto, por ejemplo, hay una ceremonia en Tilcara que se sube al cerro a buscar una virgen, cosa del cristianismo. En realidad, ese lugar es un lugar donde las mujeres, vírgenes, llamadas hoy así, van a tener su primera relación. Los españoles, para tapar eso, metieron una virgen. Y he aquí que las mujeres siguieron haciendo exactamente lo mismo. Son una especie de piecitas de piedra todas ensimismadas, que son los lugares donde una mujer que quiere tener su primera relación sexual lo hace, como ofrenda a los Apus. Pero no hay una violación, yo la verdad no lo he vivido a eso, si alguien dice que en el seno de las familias pasaba eso, yo jamás lo he visto y mira que nosotras somos primas, millones, somos un montón de mujeres.


Pero ahora el nombre sí me suena, porque China, se le dice, a una chica jovencita. Chinita. Que es una deformación, hay un montón de palabras por ejemplo “prenda” es una deformación también de cómo se denomina a una mujer porque es nombrada como objeto.

Hoy me nombraron otra cosa también, la apropiación cultural, que yo tampoco sabía de qué se trataba y yo tampoco creo en eso por ejemplo. Para mí que una persona utilice una pauta cultural de otro país o de otra comunidad no está mal. Lo que creo que no está bueno para esa persona es no saber de qué se trata. Y esto me lo decían en referencia que parece que hay mucho lío con las mujeres que se trenzaban el pelo como las africanas, o las afrodescendientes, entonces empezaron a protestar porque decían que era una usurpación cultural. Porque todo lo que está en el Universo nos corresponde a todos y si yo me quiero hacer cien trenzas… ahora yo tengo que saber de la cultura que lo estoy tomando; qué significa, pero no por el otro, por mí. Por ejemplo, hoy explicaba que nosotras no utilizamos dos trenzas, utilizamos una trenza, y la trenza tiene una función, no es un adorno. La trenza trenza la vida porque trenza el tres que es la creación, y se coloca detrás porque tapa el chakra este de acá (señala su nuca), el ojo que mira el futuro. Entonces, cuando viene el español, obliga a las andinas a hacerse dos trenzas y te queda destapado la creación de tu realidad, es decir, queda a merced de otro. Entonces, creo que la que quiera hacerse dos trenzas sepa que eso tiene un sentido y la que quiera hacerse una trenza también.

 

No sé si escuchaste lo que pasó en México, que una marca de ropa tomó diseños precolombinos y confeccionó prendas de vestir para vender en España. Ahí fue la primera vez que escuché que el pueblo dijo: No, esto es un diseño precolombino, no te lo podés apropiar. Claramente cuando está al servicio del consumo se puede hacer otra lectura.

Claro, vos fijate cuando la mujer mapuche que fue a ver al Papa y le llevó un Kultrún de regalo, y el pueblo mapuche se enojó, había que entender por qué se enojaba, porque muchos decían: “Ah, porque el mapuche no cree en dios, no cree en la iglesia, que se yo…” ¡No! Es porque ¿dónde va a ir a parar ese ser sagrado de sanación? Porque para nosotros, los instrumentos, como una caja, no es un instrumento musical, es un ser sonoro de sanación. ¿A dónde iba a ir a parar? ¡A la basura! Lo más probable es que lo tiraran, se lo regalaran a cualquiera y entonces creo que ahí estaba el reclamo, de qué estás haciendo con eso. Regalale otra cosa, que no tenga ese valor simbólico para un pueblo, y se lo estás dando a alguien que no va a hacer un uso. Ahora, si el Papa dice: “Soy músico, me encantan los instrumentos”, bueno, regaláselo porque va a hacer un uso, le va a dar una entidad. Pero ahí lo más probable es que no, entonces con lo que se habían enojado los mapuches yo creo era con eso, no tanto con que era la religión cristiana. Pero a mí me parece que lo importante es saber, porque cada elemento conforma una geometría sagrada, eso es lo que a veces la gente no sabe, y esa geometría sagrada tiene una vibración. ¿Vos qué sentido le estás dando a esa vibración? Y lo mejor que te puede pasar es aprender de quien la utiliza, porque es el que sabe, después te puede resonar a vos o no. Por ejemplo los sari. A mí me encantan los sari, los vestidos hindúes, pero yo sé que hay unos que son para casarse, otros son para otra cosa. A la gente le digo: ¿Vos sabés lo que dice ese aguayo? No. Y, mamita, fijate… Mujeres que están queriendo quedar embarazadas y están usando un aguayo de paso de ciclo, es decir, trayendo esa energía porque ese símbolo trae una vibración del universo. Entonces, yo no creo que sea una falta de respeto, lo que se está, o se puede hacer, es un daño a sí mismo. A mí no me hace nada, a mí: ¿Querés ponerte el aguayo en la cabeza? Ponételo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

Desde 2019 hasta hoy Agustín Llorca conversa con Marcela Guerra sobre la cosmovisión Andina. Buscando desnaturalizar un sistema que nos enferma, encontró en esta cultura otras respuestas, una alternativa para descolonizarse y vivir.

 

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En 2 semanas sale la próxima. Mientras podés leer la Conversa anterior: Celebraciones.

 

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