CELEBRACIONES

La ilustración se desprende de un trabajo de investigación en proceso en torno a las celebraciones andinas a mano de Marcela Guerra.

Las ilustraciones se desprenden de un trabajo de investigación en proceso en torno a las celebraciones andinas a mano de Marcela Guerra.

 

 

 

Conversación con Marcela Guerra sobre la Cosmovisión Andina

Texto: Agustín Llorca

Ilustraciones: Sofía Chaskita

Fotografía: Gabriela Sorbi

 

 

 

Veo que nuestros festejos parecerían estar ligados de alguna forma con un momento de liberación de represiones. Son pocas las festividades en el año y cuando suceden están desbordadas de excesos. La música a volumen altísimo, mucha comida, mucha bebida sobre todo, parecería que cuanta más gente más exitosa es la fiesta, ¿no? Eso hablando de festejos de cumpleaños, casamientos, navidades y fines de año. Por otro lado, los días «menos festivos», marcados en el calendario como feriados, son momentos en donde, sin importar el motivo por el que se decreta feriado, solemos aprovechar para escaparnos a descansar sin desear hacer absolutamente nada más que eso, como una descarga de un peso que trae la cotidianeidad donde las celebraciones se ubican en la vereda opuesta de la vida cotidiana. ¿Cómo conviven las celebraciones andinas y lo cotidiano?

 

Todas las celebraciones tienen un pulso relacionado a la tierra. Todos los meses hay una ceremonia, pero hay ocho que son las más importantes del año. Lo que pasa que para occidente la ceremonia tiene esta cosa que se para el mundo. Para el mundo andino, la ceremonia es algo tan cotidiano que no requiere mayor preparación. Esas ocho especiales sí tienen una preparación más comunitaria, donde hay que pensar en quiénes van a asistir, la comida, etc., pero el resto son ceremonias más familiares, más íntimas. Y eso marca el pulso, porque te está contando en qué va tu energía, cómo está pulsando tu energía y la energía de la tierra.

 

La tierra tiene una vibración que hasta no hace mucho tiempo era la misma frecuencia en la que vibramos nosotros. Se dice que hoy ya no vibramos la humanidad y la tierra en la misma frecuencia y tiene sentido eso que se dice, que la tierra subió su frecuencia y la humanidad no. La persona que está conectada con la tierra refleja en sí misma esa vibración, a quien está desconectada le cuesta más entender la vibración de la tierra. Aún así, quien está conectado necesita un tiempo para que eso se equilibre. Las celebraciones nos llevan a ese registro de cuál es la vibración.

 

Si la tierra en este momento está vibrando el despertar de la semilla, y ese despertar de la semilla nosotros espiritualmente lo conectamos a nuestros ancestros, si vos vas a una celebración de ancestros se hacen las Tantawawa, que son panes que representan niños. ¿Y qué tienen que ver los niños con los ancestros y los muertos? Porque todo es cíclico, porque queremos recordar que esos que se van o se fueron van a volver y vuelven como niños. No te olvides nunca, no llores nada. Cuando vos vas a esa celebración y te conectás en esa conexión de la tierra entre lo denso y lo sutil, interpretás ese camino vibracional. Entonces tu vida toma un pulso diferente a través de esta conexión. Por eso cuando comienzan el camino andino, yo insisto mucho que hay que ceremoniar, porque sino no sirve de nada. La ceremonia nos conecta con la realidad de la densificación de la vida, que es la tierra. Nosotros somos tierra. Hay que volver a conectar.

 

¿Y cómo es la mirada sobre las bebidas alcohólicas?

 

La cantidad de uso del alcohol hoy en las bebidas industriales es indefinido. Y la cantidad de bebida que se tome en una fiesta está condicionado por la capacidad económica que tengas para comprar, en cuanto a cantidad y calidad. La bebida alcohólica que nosotros preparamos para algunas de las  celebraciones se llama Chicha. A la hora de preparar la chicha (que también es una ceremonia) para la celebración, se estima cuánta gente va a asistir. Por ejemplo, la mayora, que ya tiene experiencia, dice si van a venir 50 personas, entonces se preparan dos tinajas de chicha. Cuando se prepara esa cantidad de chicha, la primera chicha es de refresco, es la que menos graduación alcohólica tiene y la que más se toma. A medida que van avanzando los días, la chicha se va fermentando y va subiendo la graduación alcohólica, pero va quedando menos cantidad de chicha. Cuando vos llegás a la chicha más alcohólica, es cuando ya casi no hay chicha y seguramente ese último poquito va a ser entregado a la tierra. Es decir que la capacidad que tengamos de tomar va a ser muy poca. Sí vamos a tomar una chicha fermentada, pero la cantidad que tengamos para tomar va a ser muy poca. No va a haber a disposición un freezer lleno de alcohol. Entonces cuando hablan de la presencia del alcohol en las ceremonias, es una cuestión moderna a partir de la conquista, pero antes no existía esto. De hecho, el uso de la chicha fermentada es tan ceremonial que en el caso de querer conducir a una persona en un viaje fuera de esta dimensión se usaría la chicha extremadamente alcohólica pero en función para la ceremonia de una persona, no para que todo el mundo en una fiesta se emborrache y termine tirado inconsciente en el piso. Es importante diferenciar lo que sucede con la chicha y con el alcohol industrial en los carnavales por ejemplo. 

 

También los excesos con la comida en las fiestas, ¿no?

 

Vos fijate que en el Inti raymi desde que empieza la ceremonia no se come nada. Todo lo contrario, es como una dieta. Hasta el otro día cuando salió el sol que lo que se comparte es una sopa. Liviana, no es un asado para veinte entre seis. Eso también ha sido muy invadido, hoy lo vemos también. Esto de comer como locos en cualquier celebración. Es como dedicarnos más para perder esa conexión espiritual que tienen las ceremonias. Una persona que está cumpliendo años está cumpliendo un ciclo y debería estar en un momento de alta reflexión, acerca de lo vivido y de lo proyectado. Y la verdad que comiendo y tomando como se hace en los festejos de cumpleaños dudo que se pueda lograr. El día de tu cumpleaños es una fecha que trae una vibración diferente, porque es la fecha que nosotros aprendimos para bajar, se vuelve a tener conexión con la misión, el don, la esencia. Porque la fecha trae impresa esa información que nosotros olvidamos. Para estar en este Kai pacha, nosotros tenemos que olvidar esa información que venimos trabajando en vidas pasadas para poder vivir esta. Entonces, en esa fecha volvemos a vibrar o a recordar eso para lo que vinimos. Que es lo que menos se recuerda en los cumpleaños.

 

 

 

 

 

Los 21 de diciembre los pueblos andinos celebran el Qhapaq Raymi (el solsticio de verano), la fiesta mayor del sol, el cambio de un tiempo a otro en el ciclo de la vida.

Así como el 21 de junio celebran el regreso del sol con el Inti Raymi (el solsticio de invierno) y el inicio del ciclo de siembra, el 21 de diciembre marca el momento en el que el sol está en su máximo esplendor. Es un tiempo de celebración de la vida que nace, adoración y agradecimiento.

 

 

 

 

 

 

 
 

Desde 2019 hasta hoy Agustín Llorca conversa con Marcela Guerra sobre la cosmovisión andina. Buscando desnaturalizar un sistema que nos enferma, encontró en esta cultura otras respuestas, una alternativa para descolonizarse y vivir.

 

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En 2 semanas sale la continuación de esta Conversa sobre la cosmovisión andina. Mientras podés leer la Conversa anterior: Un choque cultural.

 

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