UN CHOQUE CULTURAL

 

 

Conversación con Marcela Guerra sobre la Cosmovisión Andina

Texto: Agustín Llorca

Ilustración: Sofía Chaskita

Fotografía: Gabriela Sorbi

 

 

 

El choque que se genera cuando lo que trae una cultura se encuentra con la otra debe ser algo que nunca dejó de golpear, ¿no? Hablábamos del ejemplo en el baile, pero imagino que está en todas las costumbres.

 

Mira, yo tengo una amiga jujeña que cuando tenía cinco años su mamá tiene mellizos en un parto en la montaña y muere. Ya eran como ocho o nueve hermanos para ese entonces. Entonces, su padre hace lo que hacemos los andinos, sobre todo un varón, que está con su tropa y con su sembrado: busca familias que puedan criar a sus hijas mujeres y varones chiquitos. Los deja con esas familias y se queda con los varones más grandes para que lo ayuden, continúa la vida con esta idea de que se críen las niñas durante un tiempo con otras familias hasta que más o menos a los nueve o diez años puedan cocinarse y quedarse solas en la casa y volver a su casa de origen. A ella cuando la conozco ya era adolescente y no veía a su papá desde que tenía cinco años, cuando murió su mamá y fue a vivir con otra familia. Ella estaba convencida que su papá la había regalado. Para colmo en la casa que se crió, donde la dejó el padre, la maltrataban. Cuando me cuenta su historia, donde manifiesta mucho odio hacia su padre por haberla regalado, yo le digo: “Tu papá hizo lo que tenía que hacer por transmisión cultural cuando se quedó solo: buscó una familia que lo ayudara en la crianza de sus hijas hasta que tuvieran edad de volver. Pasó que esta familia no te devolvió a tu papá”. Entonces, al tiempo decide ir a ver al padre, yo la acompañé. Cuando llegamos, lo primero que hace el padre, después de emocionarse, es decirle: “Ahí está su tropa”.

 

 

¿Qué es la tropa?

 

Cuando un niño cumple un año (en algunas comunidades puede ser a los dos o tres), se hace la ceremonia que se llama Chujcharut’huy donde, además de hacerse el primer corte de pelo, todas las personas que participan de la ceremonia, que vienen a ser todos los padrinos y madrinas (cada persona que asiste se constituye en un padrino o madrina), le hacen al niño o a la niña un regalo que va a ser de crianza. Pueden ser semillas, un chivito, un corderito, ternerito, etc. Y su padre le había cuidado por ella esa tropa de animales que le habían regalado a ella en el Chujcharut’huy y también había hecho lo mismo con las tropas de todas sus hermanas. Ahí ella se da cuenta que él hizo lo que tradicionalmente hace una comunidad pero que del otro lado ya no estaba esa comunidad, porque a sus hermanas mellizas, la familia que se las llevó las anotó a nombre de ellos y esas niñas no sabían de dónde venían, pensaban que esa mujer era la madre. Y ella cayó en una casa donde la trataban como sirvienta. Entonces, el padre lo que no tenía era lo mismo que había de este lado. Ya era una cuestión toda deformada acerca de la posición de los niños y las niñas vistos de un lado como hijos y del otro como sirvientes o como posesiones. Porque la familia que le miente a los hijos, ocultando sus raíces, en nombre del amor, es una mentira. Eso no es amor. Ahí ella se dió cuenta que su papá, en ningún momento la había regalado. Entonces muchas veces, en distintas situaciones pasa lo mismo. Que de un lado hay una intención y del otro hay otra. Y de eso tenemos que ser conscientes. Yo ya sé que eso puede pasar, entonces tengo que encontrar el mecanismo para que el otro me entienda. 

 

 

 

 

 

 

Desde 2019 hasta hoy Agustín Llorca conversa con Marcela Guerra sobre la cosmovisión andina. Buscando desnaturalizar un sistema que nos enferma, encontró en esta cultura otras respuestas, una forma de descolonizarse y vivir.

¿Querés seguir leyendo la Conversa? 

En 2 semanas sale la continuación de esta Conversa sobre la cosmovisión andina. Mientras podés leer la Conversa anterior: Dualidad y monogamia

 

 

 

 

 

 

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