
Lxs trabajadores de la Cultura del conurbano norte estamos en alerta desde que el Gobierno de Milei sacó su doble Nelson de la muerte, el DNU y la Ley Ómnibus. El verano, ¿tiempo de descanso?, se convirtió en semanas de tensión, angustia y reacción. En todo el país salimos a la calle para manifestarnos con cacerolazos, ruidazos, artivismos que se derivaron en acciones culturales para defender nuestra vida y el trabajo de la sociedad toda. El DNU y la fallida Ley Ómnibus atentan contra el Fondo Nacional de las Artes (FNA), la Ley del Libro, el Instituto Nacional del Teatro (INT), el Instituto Nacional de la Música (INAMU), la Conabip, el Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (FOMECA) y otras formas de financiamiento para la Cultura. Desde Timbó convocamos a cuatro Trabajadorxs de la Cultura para que nos cuenten de qué forma nos afecta.
Texto y fotografía: Octavio La Iacona
Si bien la ley Ómnibus de Javier Milei dedica un capítulo específico a los organismos de cultura, no está allí el mayor de los peligros para ese sector. Con el falso argumento “no hay plata” se intenta destruir derechos laborales, sindicales, educativos, sociales, ambientales, previsionales, sanitarios, políticos, etc., etc., etc. Es difícil determinar qué es lo más grave, si la suma del poder público, el desguace del patrimonio nacional o la toga de los jueces. Es incalculable cuánto daño le puede hacer a lxs trabajadorxs culturales este paquete de medidas (y las futuras si llegara a conseguir las facultades extraordinarias). Por base, el proyecto intenta eliminar el presupuesto de organismos como el INCAA, el INAMU y la CONABIP; como también destituir organismos autárquicos como el INT y el FNA. Fuera de ese capítulo, también hay otras medidas contra la identidad cultural nacional: la destrucción de mutuales que protegen derechos autorales, el reemplazo de las Sociedades sin fines de lucro por las Sociedades Anónimas Deportivas para la gestiones de clubes, la intervención del ENACOM, la eliminación de la pauta a los pequeños medios, etc. Es por eso que defender la cultura no significa reformar el proyecto para que sobrevivan algunos organismos. El Gobierno de LLA en sus propias bases significa un ataque a la cultura, ya que habilitan un recorte generalizado de derechos.
No es posible pensar que una trabajadora no pueda comerse una pizza después de ver una obra, tomarse una cerveza en un ensayo, sacar una entrada para ir a ver su rockstar favorito. Quitar la movilidad jubilatoria es robarle a un jubilado la posibilidad de tomar un taller. Precarizar aún más los trabajos es quitarle a un joven la posibilidad de cambiarle las cuerdas a la guitarra. Eliminar los subsidios es robar la esperanza de una sala de comprarse un tachito led.
La cultura ha sobrevivido y sobrevivirá a la peor de las calamidades, pero en este tiempo se vuelve imperativo torcer el rumbo del proyecto de ajuste del PEN desde la lucha multisectorial.
Cuando hablamos de cultura solemos reducirlo a los distintos oficios vinculados al campo artístico y sus trabajadorxs. La Cultura es mucho más que eso; es el sentir de una nación, el orgullo por la bandera, la celebración de una victoria deportiva, las comidas típicas y las innovadoras, el saberse Patria al tener el río más ancho o satélites argentinos sobre nuestras cabezas. Son los modos de estar y ser en el mundo; es la pesca y los juegos de la infancia; los oficios, las artesanías; también lo son el teatro, la música, el circo, la poesía, la danza y cuantas otras.
La cultura necesita pocas cosas del Estado; un salario promedio digno para la mayoría de lxs trabajadorxs que le permita comer, vestirse, vivir en una casita digna y el tiempo libre para ensayar en una banda dos veces por semana; necesita algún organismo que le baje un proyector, algún instrumento, por qué no una freidora; necesita una escuela pública y formación continua a la mano, talleres federales; necesita que compre bienes culturales y los distribuya gratuitamente en los lugares que no tengan acceso; necesita organizarse en congresos, plenarios y Asambleas y que algún funcionario escuche lo que dicen, tome nota y se ponga a laburar en esa agenda; la cultura necesita del Estado pocas cosas: que camine hacia una Nación socialmente justa, económicamente independiente y políticamente soberana.
Desde hace varios años me dedico a hacer teatro —léase actuar, dirigir y escribir, pero sobre todo, gestionar, ensayar, coordinar horarios, recauchutar cosas, repulgar empanadas y volantear, entre otras varias actividades—. Hace algún tiempo me desempeño como representante del Consejo Provincial del Teatro (CPTI), que es el organismo que fomenta el teatro independiente en la provincia de Buenos Aires.
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