«MI CUERPO EXPUESTO EN CIERTOS SITIOS ES UNA FORMA DE MILITAR» – CORAL BARCOS

 

Travesti, militante, actriz, diseñadora de vestuarios para espectáculos y carnaval, maquilladora y drag queen. Así se define Coral Barcos. El 10 de abril hicimos el primer FesTimbó del año en Bardearte. Abrió el festi la conversa entre Coral y Tito Dall’Occhio, para las primeras 30 personas que llenaron el salón principal del bar sanfernandino, público puntual, atento y amoroso.

 

 

 

Texto: Kudrita

Fotografías: Héctor Serres

 

 

 

“Soy ante todo travesti.

Después militante, actriz, diseñadora de vestuarios para espectáculos y carnaval, maquilladora y drag queen. Amante del arte en general.

Nacida en la ciudad de Mercedes, provincia de Corrientes, en el año 1992.

Escribo desde siempre y no me considero escritora, solo alguien con la capacidad de plasmar en las páginas en blanco todo aquello que le atraviesa el cuerpo”, así se nombra Coral Barcos en DiverEncuentro, un espacio de encuentro en La Chispa (Tigre), y así también la presentó Tito antes de que Coral entrara al salón de Bardearte y empezarán la conversa.

 

 

¿De dónde sos? ¿Cuál es tu lugar de origen?

Vengo del interior, de Mercedes, que es el corazón de Corrientes. Un lugar bastante hostil pero dentro de esa hostilidad también está lo amoroso. Siempre que vuelvo voy a recargar cierta energía. Una cierta energía materna que tiene el lugar, por así decirlo. Si bien nadie es profeta en su tierra, fue un lugar en el cual no pude encontrar mi lugar o no pude hacer comprender a les demás la idea de vida artística que tuve pero bueno, no los culpo. Qué sé yo. Cada región lleva sus tiempos para ciertas cosas y eso es lo interesante. Con respecto a lo trans, no fue un lugar que haya sido un calvario ni nada con todo lo que implica el interior; siendo la única. Bah, yo y una amiga nada más. Digo, tuvo sus cosas malas pero fue realmente enriquecedor para un montón de cosas. Sí me pareció que siempre fue una cuestión más de hostilidad y de no sentirse en ciertos lugares lo artístico. Eso lo padecí un poco más porque no había lugares. No había oportunidad. No había formas de concretar, de contar.

La familia la verdad que, a diferencia de como le puede pasar a un montón de chicas, siempre fueron amorosos. No entendiendo absolutamente nada pero bueno Yen2 , ¿no?

 

 

Lo familiar… ¿te referís al seno familiar?, y ¿cómo fue eso?

Por eso te digo, o sea fue como una cosa nueva incomprendida pero es lo que sos y está todo bien y eso me ha salvado de alguna manera porque podría haberme pasado esto que le pasa al común de las chicas, que es terminar en la calle o irse de su hogar. Sin embargo, recién ahora comienzan a comprender un montón de cosas. Yo también comencé a entenderlos a ellos. En cierto tiempo también que eso pasaba con la performance, que era mi obra. Entender que yo era la que estaba equivocada porque era una estupidez estar enojada con mis padres. Ellos no hicieron nada. Pero no hicieron nada porque no sabían qué hacer, entonces eso lo comprendí después. Mucho tiempo estando lejos de ellos y dije: “Que tarada”, era un mambo mío nada más.

 

 

Pienso en Mercedes, obviamente es inevitable la referencia al santuario del gauchito Gil, que es un santo popular que se ha expandido. También pienso en esta idea de que Corrientes tiene payé, como esa frase que se habla de la provincia y eso es también es carnaval. Pienso en el chamamé. Digo, todas esas cosas, ¿forman parte de tu infancia, tu crianza, tu adolescencia en Mercedes? Me imagino que el 8 de enero debe ser una fecha hostil para las personas de Mercedes.

Sí, hubo un tiempo en el cual era un auge en el cual era muy apabullante la gente. Aparte es verano y hace mucho calor. Entonces es como raro pero también marca un cimiento. En mi experiencia personal siempre tengo esa cosa pagana, mística, muy incorporada porque toda mi vida, de hecho hasta el día de hoy, mi familia sigue creyendo. Hacen promesas y ofrendas porque tiene que ver con una cuestión que yo creo mucho. Para mí aferrarme a una creencia, digamos, me parece interesante que sea con alguien que haya vivido realmente, no una aparición de alguien o alguien que dijo que apareció. Tengo un altar donde está el gauchito, la difunta Correa y dónde está mi abuela. Entonces, creo mucho en alguien que pisó la tierra, que la vivió.

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién era tu abuela?

Mi abuela era, no sé, como un ser -hoy lo veo así- muy adelantado a todo. Yo me crié básicamente con ella desde pequeña y vivíamos los dos solos, en una casa extremadamente humilde pero no necesitábamos nada porque estábamos los dos solos en ese lugar y ella me dio esa libertad, ¿no? Esa libertad de, no sé, yo siempre fui Coral, de alguna manera. Te estoy hablando de una mujer de campo casi analfabeta, qué sé yo. En otros tiempos que no son tan lejanos pero para Mercedes eran años luz. No hacía ningún tipo de pregunta ni ponía ningún tipo de rechazo o de eso está bien o eso está mal. Nada. Yo tengo un texto que escribí que se llama “La primera vez que fui feliz” y cuento cómo fue toda esa casita, cosas que hacíamos juntas y yo creo mucho en la magia y en las energías que tienen las personas y ella era un poco eso: una madrina. Lo sigue siendo hasta el día de hoy porque la tengo presente, digamos, de alguna manera.

 

 

¿Participabas en los carnavales? ¿Ibas a verlos? ¿Te llamaba la atención?

De chica no porque con mi familia éramos muy humildes y entonces ir todos juntos y pagar las entradas de todos y no se podía.

Después, cuando tuve cierta edad y fui más grande sí, fue mi acercando al carnaval pero me acuerdo que de chiquita anhelaba ir. Teníamos la costumbre de que a las siete de la tarde llevaban todos los carros, los carruajes al sambódromo; entonces nosotros sabíamos que a las siete de la tarde los sábados se llevaban los carruajes. Salíamos corriendo de mi casa y nos íbamos a cierta calle y veíamos cruzar a los carruajes y era tan lejano la idea de estar así montada y estar así hoy haciendo las cosas que hago. Después, más adelante, poder estar en el carnaval diseñando, participando. También soy consciente de que las cosas llegan cuando tienen que llegar. Y mi llegada al carnaval fue como guau. Mi infancia fue como muy de un sueño. Ver pero no estar desde adentro. Como algo que anhelas.

 

 

¿Cuándo fue esa llegada?

Y, esa llegada fue de más grande cuando yo ya había comenzado a transicionar. Una, que también es trans, que es una diseñadora increíble (teníamos un grupo tipo manada de hermandad, que siempre te terminan salvando porque hay un momento que decís: “¿Qué carajos soy, qué carajos siento, qué pasa conmigo?”); entonces armamos una manada en donde ella era diseñadora y nos empezó a enseñar. Ella venía de trabajar en carnavales, entonces ya sabía de todo el mundillo y demás. Empezamos a aprender con otras chicas más y ese fue mi acercamiento. Después, nos fuimos alejando porque ella se fue a Mar Del Plata y cada una hizo su vida. La mayoría se fue de Mercedes.

 

 

Plantó la semillita.

Sí. Un día yo fui a la puerta. Te cuento así textual. Fui y golpeé la puerta de la casa de una señora que era como la presidenta de la comparsa en ese momento y le digo: “Hola, soy fulana de tal y quiero diseñar en tu comparsa”. Yo nunca había diseñado hasta ahí. Entonces ella me dice: “¿Pero vos sabés?”, a lo cual yo le respondo que sí, que obvio. La mujer me dijo que bueno y que para la próxima semana le llevará unos bosquejos. Fui a comprar todo y le llevé unos diseños. Creo que incluso, de lo emocionada que estaba, no hice la carpeta completa, así que fui y le dije que esto iba a ser así y asá y qué sé yo y qué sé cuánto. Me dijo que lo iba a pensar porque tenía otras propuestas. Después, un día en el propio carnaval ella me encontró y me dijo que quería que diseñe para ellos y ahí es donde comenzó todo. Después empezó a aparecer esto de mi faceta autodidacta. Eso también tiene el carnaval que le da una base artística fabulosa sobre todo en el interior porque vos tenés que hacer todo. Maquillarlos, vestirlos, peinarlos. Era hacer los carros, o sea, si hacía falta, obvio. Como que tenías que hacer todo. También enseñaba coreografías. Entonces era como hacer todo y eso te da una base fundamental. Es como andar en bicicleta. ¿Cómo se aprende? Andando y cayéndote. Entonces era así, como medio de caradura.

 

 

 

 

 

 

¿Era un trabajo de todo el año prepararse para el carnaval?

Sí. Trabajábamos todo el año. Yo trabajaba con infantiles además, que es un trabajo hermoso porque allá estaban separados. Los infantiles tenían sus comparsas y los más grandes aparte. Ahora directamente ya sacaron a los infantiles pero bueno, yo les enseñaba los infantiles y era hermoso enseñar para niñes. Aparte el diseño de vestuario es otra cosa. Como que tiene cierta ingenuidad y también se parece mucho a lo que yo hago ahora, los seres mágicos y todo eso. Me encantaba. Trabajábamos todo el año. En marzo diseñábamos y después ya era ir haciendo todo de a poco porque es un trabajo artesanal y también la parte de ensayar.

 

 

Después de eso, ¿viniste para Buenos Aires? ¿Cómo fue ese paso?

Para Buenos Aires vine porque justamente en el carnaval yo había conocido a un amigo. Él iba a bailar allá pero era de acá, de Tigre. Lo conocí en el carnaval y pegamos muchísima onda. Pegamos tanta onda, que un día lo llamé para decirle si me podía ir a vivir a su casa en Tigre. Él me dijo: «Bueno, venite». Por eso te digo que son muy locas las cosas. Un día me levanté y dije no quiero estar más acá. Como siento que no sé qué hacer, en cuanto al carnaval, en cuanto a todo. Y dije quiero irme y hacer teatro y hacer todo lo que después hice acá. Lo de Buenos Aires era un poco como esa cosa lejana.

 

 

O sea, el plan inicial fue Tigre.

Muy provinciano todo, así que, nada. Llegué. Un susto bárbaro porque estar en las grandes ciudades. Si venís de la provincia, te genera un cierto impacto y te da miedo todo. Allá se hacía todo caminando y acá es todo diferente.

 

 

¿Querés leer el primero de los textos?

Sí, dale. El primero es mío y es cortito pero resume un poco todo lo que estuvimos hablando y se llama “Todo aquello que voy dejando atrás”:

 

La infancia, tan rápido y con ella esa sensación de felicidad

tener nada y a la vez tenerlo todo, la seriedad con la que juega un niño

mi inocencia entregada en el camino, uno a otro, a tantos

como quien va dejando migajas de pan para marcar el camino

y se lo devora la lluvia, el vientos o los pájaros

la infancia, la familia, la humildad de la familia,  ingenuidad, mi ingenuidad, los sueños

todo eso que quizás conservo

aunque mi abuela ya no, la protección ya no tanto

extraño la infancia para poder abrazarla

y salir corriendo a subirme a los árboles

no quiero conocer el precio que tiene la libertad

quiero volver a la infancia

yo solo quiero que me dejen subir a los árboles

 

 

 

 

 

 

 

En la bio que leí vos te definís con un orden: ante todo travesti. Después, militante, actriz y diseñadora. En ese orden. ¿Por qué en ese orden? ¿Qué es para vos la militancia?

Creo que lo travesti ante todo porque no existiría lo demás si no existiera lo travesti, lo trans. A mí me gusta dedicar el término «travesti», siempre lo digo. Me parece que es tener un poco de memoria, que no nos pasa a todas. Hablo de mi comunidad. Entonces el término travesti es una gran palabra, fuerte, potente, que en su momento se utilizaba de forma despectiva. Adueñarnos del término trans/travesti es dejar sin defensa al enemigo. Me parece un acto heroico. Así que el término travesti me gusta. Después también respeto que otras, otres porque también hay masculinidades trans se identifiquen o lo repelen a este término o no les guste. Me parece que hay mil maneras de ser travesti y esta es la mía. Entonces lo travesti ante todo porque creo que no existiría lo demás, no existiría todo esto si no. Si no hubiera sido travesti primero, no me imagino la vida. Si no hubiera transicionado, si no me hubiese convertido. Después la militancia porque en su momento me creía la única, la mejor, la inigualable, la única travesti en el mundo. Sobre todo en Mercedes. Cuando llegué acá, tenía cierta… como un “hasta ahí” con mi comunidad. Después empecé a conocer gente, a buscar, a aprender. Me dije luego que estúpida, o sea, no podría andar por la calle yo ahora si no fuera porque otras compañeras dejaron la vida, el cuerpo, el amor. Entonces, fue ahí cuando la militancia como tal es como importante hacernos cargo porque como puedas o con lo que tengas para dar sumás un montón. Es como un granito de arena. El término «artivismo», que es lo que me gusta hacer, me parece hermoso. Una vez escuche decir a Estela de Carlotto que toda lucha tiene que ser enérgica, poderosa, potente pero nunca tiene que dejar de ser amorosa. Me parece que el arte te da esa posibilidad. El arte o lo que yo intento hacer.

 

 

Tiene que ver con esa disputa de sentido de la que hablás. La palabra «travesti» es la zona donde se milita, se combate, se genera sentido.

Totalmente. Entonces, no puedo estar necesariamente en una marcha o reclamando derechos pero mi cuerpo puesto y expuesto en ciertos sitios es una forma de militar, ¿no? Cada uno milita como puede y lo importante es tener conciencia, tener memoria. No olvidarnos de ciertas cosas y no relajarse porque todavía hay un montón de cosas por hacer.

Cuando conocí el artivismo, me aferré bastante porque me pareció hermoso y muy interesante, es estar con los tuyos. Que lindo es montarte para los tuyos porque sino para quién carajo lo vas a hacer. Para los pakis no. Entonces, todas esas cosas las comprendí acá y que bueno que lo pude hacer porque me cambió la vida totalmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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