ME ACUERDO – Mauricio Kartun

 

 

Me acuerdo de su velorio en casa. Era verano y el departamentito de pasillo al fondo estaba sofocante. Me acuerdo de la gente que salía al patio a fumar entre malvones, lazos de amor y lenguas de suegra. Cómo se fumaba antes. Y yo mirando todo desde arriba, en la escalera de cemento que subía a la terraza. Me acuerdo que apagaban los cigarrillos en la tierra de las macetas. Me acuerdo de ella saliendo a la vereda ya muy tarde en la noche. Quedábamos nosotros nomás en el velorio, los íntimos, ella, mi hermano y yo. Me acuerdo que luego durante mucho tiempo ella volvía a contar la impresión de esa salida. La cuadra completa de nuestro departamentito cubierta de coronas, ramos y palmas. De punta a punta. Ni un solo hueco. Sólo flores. Un jardín nocturno decía después siempre que contaba la impresión. El respeto por tu padre convirtió toda la cuadra de Islas Malvinas entre 3 de Febrero y José C. Paz en un jardín nocturno. El hombre más respetado de San Andrés me acuerdo de escuchárselo siempre. Mirándome. Y de mirar yo para la pared me acuerdo.

 

Me acuerdo de los viajes cantados en el Pontiac 47. El coro empezaba apenas entrábamos a la ruta dos. Vení, hermano, no te asombres yo te vi la noche aquella, que chamuyabas con ella muy bajito nosequé. Gitana que tú serás como la farsa monea y yo pensaba que la farsa monea era una obra del Teatro Avenida. Me acuerdo de cuando dejaban de cantar y se peleaban. Duro. La plata va siempre al negocio, nunca a la casa. Me acuerdo de ella recitando con cantito las capitales de Europa que había aprendido de memoria en su infancia. Italia capital Roma, Francia capital París, Rusia capital San Petersburgo.

 

Me acuerdo de una maestra particular que me ayudaba en casa con los deberes. Y se quedaba después para ayudarla a ella a mejorar la ortografía y la letra. Le daba vergüenza escribirles a sus hermanas de España porque ellas sí habían podido estudiar.  Me acuerdo de un tintero que nunca usamos, con base de mármol y un busto en bronce de San Martín.

 

Me acuerdo del don infalible de él para los negocios. Tanto me acuerdo que cuando me duermo con algún quilombo de plata sueño invariablemente que él vuelve y me dice que como ahora ya no tiene que preocuparse por el mercado puede darme una mano para arreglar lo mío. Y me despierto aliviado. Me acuerdo de sus escapadas de cada tarde al casino. A trabajar decía. A pagar las vacaciones. Me acuerdo de una noche que volvió exultante a cenar al hotel hablando de la tremenda racha de ese día: “Se me caía una ficha al suelo y me cantaban verde alfombra”. Me acuerdo del menú escrito a máquina del hotel Gran Provincial, y que ofrecía en cada cena consomé y sopa pavesa (un huevo). Y que una noche entró al comedor un murciélago y lo ahuyentaban los mozos con repasadores blanquísimos.

 

Me acuerdo de una ruletita de plástico y una libreta colorada y negra con la que se pasaba horas haciendo series. Nunca entendí bien qué era eso de hacer series.

 

Me acuerdo de unos pulóveres de banlon que usábamos para ir a bailar más o menos para la época en la que él enfermó. Hacían pelotitas enseguida. Me acuerdo de practicar rocanrol con una puerta. De tomar whiscola en el bar Plaza antes de las salidas para ser suelto. Y de una vez que fui a un club a bailar con la que más me gustaba y me cagué. Pero literalmente. Y tiré en el baño los anatómicos CASI. Y después no bailé lentos en toda la noche por miedo a hacer carpa.

 

Me acuerdo de una noche en el casino de Mar del Plata a los dieciocho, en unas vacaciones de invierno. Salir del salón del brazo de una chica con vestido blanco y cruzarme ahí con un amigo suyo del mercado. Y de turbarme de un orgullo confuso, me acuerdo, pensando en el momento en el que el tipo se lo contase a él.

 

Me acuerdo de su consejo: dos forros. Uno arriba del otro. Nunca entendí si era una forma de decir o una receta.

 

Me acuerdo de acompañarlo a la cancha de Boca. De un banderín que me compró una vez con la formación del 54 campeón y que me aprendí de memoria pero seguí de River. Musimessi; Colman y Otero; Lombardo, Mouriño y Pescia; Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Markarián. Director técnico don Ernesto Lazatti. Me acuerdo que cuando no iba a la cancha escuchaba el partido en la cama en una radio Spika con funda de cuero. Y de una vez que se la saqué y la llevé a un asalto en el bajo de San Isidro un domingo y me la afanaron. Y de mi viaje en tren a Retiro ese lunes con una cadenita de identificación de oro que me había regalado tía Aida para venderla en calle Libertad y comprarle otra radio igual. Respetable.

 

Me acuerdo del living nublado de humo y ella riendo como una loca en la cocina los días de costillita. De a tres en la plancha humeante las costeletas de cerdo, y yo con él y con mi hermano gritando compadritos otra vuelta otra vuelta, y haber celebrado un mediodía de sábado el record de seis cada uno. Costillitas y limón para que no asiente la grasa. Vino Pángaro y sifón. Que a la salita de cuatro por cuatro la llamábamos living.

 

Me acuerdo de su viudez enlutada. De sus meses sin salir y de su energía puesta solo en mover la lanzadera de la máquina Knittax de tejer. De la mañana a la noche. Ruido a lija. De sus pulóveres estirados hasta la rodilla en el primer lavado, que usábamos igual para consolarla.

 

Me acuerdo de la 15 A, un quilombo en el Barrio Derqui de Caseros y de una madama deslenguada a la que le decían la Dora. De asistir como misa cada sábado a la tarde con Marcelo y con Silvio antes de ir a bailar.  De esperar turno como en un consultorio. De una morocha taciturna de tetas ñatas en la cama ahí y del día que me animé a preguntárselo haciéndome el distraído. Y de su respuesta seria y aplicada: su receta para el amor. Que nunca conté y que no contaré ahora tampoco.

 

De una novia de voz gruesa a la que le decíamos toscanito.

 

Me acuerdo de aquel regreso al barrio después de tantos años. Ya con hijos. Y con un corretaje respetable. Uno de esos días de no saber muy bien ya qué hacer con la vida. De haber parado el Citroen en la vereda del club para mirar desde enfrente la cuadra de casa, la del jardín nocturno. Y de decirme con módica acidez estomacal esa mañana que no toda la cuadra podía haber estado tapizada de flores. Que estaba ahí la casa del loco Poroto al que ella llamaba el turulo y que las hubiera tirado si se las colgaban en la verja. Y estaba el baldío donde no había siquiera dónde apoyarlas. Y el taller de chapa y pintura de la esquina que trabajaba con los autos sobre la vereda. Que había bastantes flores sí pero que, ojo, a dos veredas de casa estaba La Diosma de Alfredo Dusach, la única florería del barrio. Y que no tapaban todo, no, y que esa –bastantes y todas– era al fin y al cabo la diferencia ordinaria entre la realidad y la figura. Me acuerdo de anotar en la parte de atrás de la planilla de unos electrodos de soldadura que correteaba: “Al mito no le alcanza bastante”.  Una birome con la marca Conarco rodeada de chispas. De sentarme esa mañana en una mesa de la ventana del bar Plaza, escribir unas cosas medio poéticas sobre el recuerdo en el reverso de las planillas y pensar en dejar de una vez los electrodos y dedicarme a hacer eso nomás. Escribir y tomar whiscola a la mañana.

 

 

Texto: Mauricio Kartun

Dibujo: Lucas Maeder

 

 

Mauricio Kartun, director, dramaturgo y maestro de dramaturgos, creció en el barrio de San Andrés (San Martín). Muchas de sus obras son territorios poéticos conurbanos. Decir su nombre y hablar de teatro es casi un acto reflejo. Hoy en día su obra Terrenal, pequeño misterio ácrata va por la 8va temporada y se acerca a las 1000 funciones. Podés verla los sábados en Sala Caras y Caretas. También podés leer otros relatos suyos como Salo solo, Las emocionantes aventuras de Salo, el patrullero ruso del amor y Konsuelo

 

13 ¿Qué te pareció lo que leíste?
    Victor Dayan
    4 Aug 2021
    7:21am

    Me pareció bellisimo, viendo todo de lejos y queriendo volver a paladear esos mágicos momentos en que se va formando lo que hoy somos.muchas gracias!

    Gustavo Bonino
    4 Aug 2021
    12:17pm

    Qué puedo decir? Kartun, como dijo alguna vez Cortázar en su cuento EL PERSEGUIDOR, nos pasa la lengua por la cara. Esa instancia en donde uno queda tan extasiado por la lectura, que no sabe si adorar a la obra o matar al autor. Claro que es metafórico lo que digo. Ojalá haya Kartun para siempre. Excelente, exquisito relato.

    Marilu
    4 Aug 2021
    1:26pm

    Un viaje al pasado.
    Un recordatorio de infancia:
    El barrio y sus personajes inolvidables.
    Movilizador

    Monica Greco
    4 Aug 2021
    6:04pm

    ¿Por qué será que se me apareció como película? De pronto vi la terraza de Misterix, y el pasillo donde un pibe sentado en el umbral que da a la calle, come uvas que saca de un vaso. Como una película si, a veces en blanco y negro, y a veces en estridente color. Todo imágenes, y una suave emoción.

    Felisa
    4 Aug 2021
    7:17pm

    El personaje que evoca su niñes y su pasado es hombre, claramente es hombre y tiene mi edad quizas. Al leerlo recordé muchas cosas de mi infancia, recordé a mi viejo que tambien practicaba en casa antes de ir al casino, a «trabajar» decía, «gano dos manos y me vengo» nos decía. Gracias por la emoción y el recuerdo.

    Vivi
    4 Aug 2021
    8:11pm

    Hermoso, todo lo que escribe es bello y profundo. Que bueno haberlo encontrado por acá hoy precisamente, que tengo ese tipo de recuerdos con mi padre. Me sentí abrazada por un amigo.

    Vivi Gómez
    4 Aug 2021
    8:12pm

    Hermoso, todo lo que escribe es bello y profundo. Que bueno haberlo encontrado por acá hoy precisamente, que tengo ese tipo de recuerdos con mi padre. Me sentí abrazada por un amigo.

    Nidia Bordino
    4 Aug 2021
    8:14pm

    Hay que tener esta calidad y esta capacidad para contar la vida. La vida común, la de muchos y hacerla vivir como propia.
    La vida que fue pero todavía está. Me encantó. Gracias.

    Sonia
    4 Aug 2021
    10:05pm

    Me encanta ese olor a barrio y a recuerdo. Abrazo

    marcelo
    5 Aug 2021
    1:07pm

    Yo también me acuerdo que me acuerdo. (Gracias Mauricio)

    Néstor Banegas
    6 Aug 2021
    4:00am

    3 y 56 de la mañana, cierto desvelo y 7 minutos saboreando un buen relato de tiempos idos,justo después de leer en Facebook la receta de alcauciles con papines y cordero de Pietro Sorba.Buena inversión de tiempo nocturno.

    Inés Viviers
    6 Aug 2021
    10:01am

    ,claro de Galeano

    MIRTA
    7 Aug 2021
    11:47am

    Me emocionó. Me gustó mucho. Kartum escribe muy bien pero la base es que es un gran tipo, de mucha sensibilidad.

¿Qué te pareció lo que recién viste/leíste? Tu comentario sincero es un abrazo compañere, no lo dudes.

Tu email no será visible
Tu email no será visible