LOS PIBES DE CROMAÑÓN – FACUNDO MIGUEL NÍVOLO

 

Entre 2013 y 2014, tiempo antes de cumplirse los diez años de la tragedia de Cromañón, con el compañero y fotógrafo Facundo Nívolo, comenzamos a trabajar en la recopilación de testimonios de sobrevivientes con el deseo de publicar un libro. Ese proyecto quedó inconcluso sobre todo por motivos económicos aunque hoy encontramos en este medio la manera de compartir el material al mundo, para que esté vivo y circule. Nos aferramos a la pregunta de por qué seguir, quiénes éramos antes de la tragedia y quiénes somos hoy. Porque amamos la vida y recordamos. A los pibes y pibas de Cromañón, a lxs que están y lxs que no, a lxs familiares y amigxs, no olvidar. Recordar es pensar.  

 

 

 

 

Nota: Guido ZappacostaTito Dall’Occhio

Fotografías: Guido Zappacosta

 

 

 

 

 

FACUNDO MIGUEL NÍVOLO

11 de enero de 1986 / Florida Oeste

Yo estaba en casa, coordinando con Fernando para encontrarnos en la esquina de Villate y Baigorria, Munro. Nos encontramos tipo seis, siete de la tarde. Me acuerdo que él tenía el pelo largo y se lo venía atando, lo tenía mojado (siempre que salíamos se bañaba y venía con el pelo mojado). Fuimos a tomarnos el 41, que hasta Once le mete una hora verdadera, hora diez; así que charlamos una barbaridad. Nos sentamos en asientos dobles del 41, de la mano de la derecha y hablamos de la vida. Teníamos 18 años, medio que estás en una edad que está todo por hacerse y tenés que ir  mirando rumbos.
El 41 es el colectivo que a la gente de esta zona, de Carapachay, Villa Adelina, Munro, Martelli, lo lleva para Belgrano. Era normal que los fines de semana haya mucho gediento, mucha gente iba a Ananá que era un baile que quedaba en Cabildo y Monroe, un antro. Nosotros éramos habitúes de ese antro.
Fernando estaba con que se iba a ir de vacaciones con Daniela, su novia en ese momento, se iban a ir a Villa Gesell porque la familia de Fer tenía un departamentito.
Yo me acuerdo que Fernando siempre me recriminaba que yo no tenía rumbo, Qué vas a hacer, qué carajo estás haciendo de tu vida, y tenía razón. Fernando era un tipo que tenía un año más que yo pero parecía que tenía veinte más que yo. Era un chabón que había vivido la calle muchísimo, más que los otros del grupo, que había probado todos los mambos pero ya estaba de vuelta. Laburaba en un locutorio, a la noche estaba terminando el secundario, se había puesto de novio, se había rescatado de todo y entonces te sicologiaba. Te comía la cabeza para ver cuál era el rumbo, no desde de un lado paternal, sino desde un lado más callejero, el chabón me comía la cabeza con eso, ¿a dónde estás enfilando tu vida?
En ese momento no tenía mucha perspectiva de estudiar algo ni ejercer un oficio. Tenía en un laburo pedorro en Flores, vendiendo botones y ganaba un básico y comisionaba, con eso me alcanzaba para irme de joda y eso era suficiente. No había terminado el secundario, no tenía mucho rumbo más que el del fin de semana. Y bueno, estaba zarpado Fernando en esas cosas que decía. Éramos un grupo de cinco y en todos cumplía ese rol, de marcarte que la estás pifiando, que la estás bardeando y que así no es, era insistente, si te lo cruzabas te quemaba la cabeza, en el baile, donde estuvieras, porque le importaba de verdad. De hecho hace un tiempo yo me junté con uno de los pibes que estaba medio perdido en los vicios y decíamos que si Fernando estuviera vivo no estaría en esa o por lo menos le quemaría la cabeza, no lo dejaría en paz. Era respetado porque él ya había pasado por esos vicios, ya lo habían echado de varias escuelas. No todo el mundo te da esos consejos, te los dan amigos que realmente te quieren decir eso en la cara porque les importa.

 

Empezamos a escuchar rock barrial, expresiones rockeras populares, él ya venía escuchando Flema, después empezamos a escuchar Los Gardelitos, Guasones, que en ese momento no eran tan conocidos. Cuando empezamos a escuchar Callejeros “encontramos la banda”, decían lo que nosotros necesitábamos. Cosas frontales, bardear a la iglesia, a la televisión, a los políticos, era lo que sentíamos todos después de una vida con mandatarios corruptos y no teníamos expresiones culturales que hablen de la realidad. Tenían la mística ricotera que moviliza las masas: sin mística no podés movilizar masas. Era más popular que Los Redondos, más directo, te hablaba de los transas del barrio, porque la realidad que te relatan Los Redondos no es tan palpable, te hablan desde un abstracto, en cambio estos tipos te estaban hablando de una realidad que es medianamente nueva, porque la realidad de los transas que se llenan los bolsillos es de fines de los 90, es muy claro. Los Redondos tiene una mística de la puta madre, escuchás los acordes, la música y ya entendés lo que están queriendo transmitir. Callejeros no tenía una música tan desarrollada como Los Redondos, pero tenía un discurso más directo porque nace desde es el público, ellos no son pequeños burgueses, son tipos de un barrio de Villa Celina, un barrio muy humilde de Zona Oeste, eso lo hace más auténtico. El fenómeno de Callejeros fue muy rápido, había una necesidad de ese discurso, sino no pega tan rápido. La música de estos chabones se coló en los boliches bailables, íbamos a bailar y sonaba Callejeros, que te manden “Una nueva noche fría” que habla de los transas era interesante.
Saqué la entrada en Locuras de Flores a diez pesos: una para Fernando y una para mí. Con el grupo de pibes que salíamos siempre me decían que de pedo no fueron a Cromañón porque no tenían diez pesos para la entrada.

 

El 30 de Diciembre de 2004 llegamos a Plaza Miserere, me acuerdo que compramos una birra Iguana que estaba seis pesos en ese momento, de esas no retornables y un paquete de papas fritas. Y nos sentamos a la vuelta de Cromañón, seguíamos charlando. Me acuerdo que nos sentamos en un almacén cerrado con una persiana. Para mí fue re simbólico ese lugar, después de la tragedia volví un par de veces, a ver si era ese el lugar (porque de noche las cosas no son iguales que de día). Se palpitaba bardo, de hecho jodíamos con que nos íbamos morir, nos reíamos. Era bardo ir a ver a Callejeros, ninguno de los dos había ido. Y bueno, al rato entramos.

 

 

 

 

 

 

Los primeros cuatro meses fueron raros porque uno no termina de caer bien. De movida yo amanezco internado, estuve diez días internado, asi que yo no veo cómo se gesta todo lo que estaba sucediendo afuera. Sabía de las manifestaciones pero no sabía bien cómo pintaba. Cuando salgo quise participar de algunas movidas pero en algún punto me resultaba ajeno, porque cuando salgo ya estaba todo en marcha, la protesta, la estética, ya estaba andando. Imaginate que te despertás y estás en una habitación blanca en terapia intensiva. Pasás de estar en una guerra y aparecés en un lugar todo blanco. Era muy ambigua la información. No me habían dicho que Fernando había fallecido pero yo ya lo sabía. Salgo del hospital el 9 de Enero y yo cumplía años el 11. Salía de estar internado a festejar mi cumpleaños, una cosa muy rara, estar entre mis amigos festejando que yo estaba vivo pero Fernando no.
Al principio era una alegría enorme estar acá, cuando estaba internado pensaba volver a caminar por las calles, de Florida a Munro, como hice toda la vida. Por un lado estaba muy contento por estar vivo. De hecho antes yo no comía verduras y empecé a comer de todo, Si me puedo morir cualquier día, ¿cómo no voy a comer tomate? Me cambió la cabeza, era re frágil la vida. Por otro lado tenía mucha bronca, como una violencia adentro, yo ponía Callejeros al palo cuando había vuelto, era como un desafío, pensaba que si Fernando estaría vivo él no querría que nosotros demos pasos para atrás, él querría que nosotros vayamos para adelante, no recluirse, vivir, una forma de retrucarle a la muerte: quiero re truco. No una sed de venganza sino de revancha.
Me acuerdo que me llaman de Desarrollo Social, de parte de Alicia Kirchner, pero yo no quería saber nada con nadie. Guardaba una bronca con el estado, con el negocio. Vos no tenés las razones pero intuís quiénes son los garcas de esta historia. Todo lo que tenía que ver con la corrupción para mí era odio, odio contra el gobierno principalmente y en segunda instancia contra Chabán.
Una cosa muy interesante fue el apoyo que tuve de los pibes, un montón de pibes que no teníamos ni idea cómo reaccionar ante situaciones así, pero sí algo muy instintivo de “estar”, un grupo muy grande que nos acompañó, no solo fui yo el damnificado sino que fuimos todos, porque Fernando se nos fue a todos, también había mucho apoyo a Daniela, la novia de Fer, nos re segundearon.
Una jornada clave, al día siguiente que llego, voy a ver a la familia de Fer. No sé por qué pero era obvio que yo tenía que ir a ver a su familia. Ese día cayeron todos, éramos como siete, una caravana de mi casa hasta la de Fernando acompañándome porque sabían que lo que tenía que afrontar era heavy. La verdad no entiendo en calidad de qué iba yo, en calidad de abrazarlos y sentir el mismo dolor y esa tarde fue muy dura obviamente, pero años después me doy cuenta de lo importante fue que estén los pibes, no solo, sino con amigos.
Durante el 2005 hubo un núcleo de cuatro, cinco, que estuvimos conteniéndonos todo el tiempo, había una circulación de pibes en mi casa y la de Daniela muy intensa, nos visitaban porque necesitábamos estar  juntos. Hubo mucho desconocimiento de los familiares de cómo afrontar esta situación, a otras generaciones le costó entender lo que nos estaba pasando, generaciones que no tienen cercanía con el hecho no sé si comprenden lo que pasó, y eso perdura, se ve en la sociedad. La contención venía de nosotros mismos. Es una herida que la generación entiende.
Automáticamente en un periodo de dos meses cambié muchísimas costumbres de mi vida. Había dejado mi trabajo. Yo viajaba a Flores, me tomaba tres bondis, viajaba una hora y media. Después de lo que me había pasado viajar una hora y media era una tortura, una angustia, una depresión constante. Corté también con algunas pibas que salía, algunas relaciones que sentía que no podía continuar, eso ya era un cambio de vida, pateás el tablero. Me acuerdo que ya quería empezar a estudiar foto. Con Dani un día estábamos paseando por Munro, tomando unos mates por la plaza y pasamos por una feria de usados y había una cámara vieja, una Zenith que costaba ciento veinte pesos me acuerdo y ahí me la compré. Me anoté en un curso municipal que se daba en el Paula Albarracín. Ahí medio que agarré la foto y seguí por ese lado, no lo pensé mucho. Desde el 2003 ya sacaba fotos pero nunca me había puesto a estudiar, en 2005 me puse a estudiar y dije, Vamos a hacerlo en serio, la fotografía fue un refugio.
El periodo de tristeza duró como tres años, una tristeza muy profunda, entonces yo me iba a caminar y sacar fotos en esos momentos. En 2007, cuando hicieron el monumento a las víctimas de Cromañón en la Plaza de Munro me encontré con Marcelo, el flaco que lo estaba haciendo. Fui a su taller y le hice una especie de nota.
Me acuerdo de volver a casa y sentirme realizado, de decir, Bueno esto es, para esto estoy usando la cámara, esto es lo que me llena. Hacerlo producir, una historia sobre un tema, era como transformar esa tristeza en algo productivo. Después, en 2008, me di cuenta de que eso se llamaba fotoperiodismo, y que la primera nota la había hecho ahí, así fui enfilando a decidirme en un oficio que me gustaba. Por último, estudiar Sociedad y Estado en la UBA me terminó de abrir la cabeza, encontrar motivos más amplios a lo que nos había pasado, eso me terminó de dar argumentos.
Como en el taller de fotoperiodismo nos mandaban a cubrir cosas, a fines de 2008 me fui a Tartagal por un alud que hubo. Me patiné la plata de mis vacaciones y me fui a ver qué le pasaba a esta gente, porque después del alud no había más noticias. Todo seguía, la gente no tenía casa, no tenia nada, me comprometí mucho. Fueron cuatro días de mandarme solo, de no saber a dónde estaba yendo, ni tener ningún tipo de contacto, de caer e ir a las situaciones y conversar directamente con la gente. Esa experiencia me hizo crecer como cuatro años de fotoperiodismo, y sentir la misma sensación por Cromañón, la misma injusticia me atravesaba. Detrás del alud había desmonte descontrolado, curro de los gobernantes, sed por el dinero, corrupción de los funcionarios y sin calcular los daños en la vida. Yo sentía una misma combinación, una misma fórmula en muchos hechos como en Cromañón, como en la tragedia de Once, que se repiten. Sentía el mismo dolor. Durante muchos años sentí como que Cromañón estaba todo el tiempo, iba a hacer cualquier nota y lo sentía.

 

Me parece que el Facundo de ahora tiene definidos ciertos valores, el rumbo preciso sigue sin tenerlo, pero me puse firme ante ciertas cosas que yo ya sospechaba que no funcionaban para la vida. Valores superficiales, ciertas cosas que yo veía que eran desperdiciar la vida. Me puse firme en mis posiciones, mis ideas y corté muchas relaciones que se sostenían por valores superficiales, de mercado. Me parece que se tiene que sostener por cosas que van por fuera de la joda, se tiene que sostener más por caminar por el barrio y juntándonos a tomar mate. Darte cuenta de que la vida es re frágil te hace pensar muchas cosas, vos cuando sos pibe pensás que nunca te va a pasar nada. Las cosas cotidianas como caminar por el barrio, andar en bici; esas pavadas en realidad son re importantes, era lo que más extrañaba. Cuando estaba internado y no podía salir, no sabía cuándo me iban a largar, estás medio preso… ahí te das cuenta cuáles son las cosas que extrañás. Estoy muy agradecido de estar vivo.

 

 

 

 

 

 

Hoy en día me levanto con Caro y tomamos unos mates. Últimamente la estoy acompañando a tomarse el bondi en la esquina de casa. Cuando vuelvo me organizo, trato de ver si hay alguna nota para hacer. Salgo, hago alguna nota. Siempre estoy pensando en qué está el país, trato de ver a qué historia puedo acudir. Creo que estamos en una época de mucha construcción, una época de la sociedad donde tenemos que pensar qué vamos a hacer, todo está trastabillando. Cuando todo está trastabillando todo puede ser. Sé los valores e ideas que me rigen pero no sé bien dónde iremos a parar. Lo que definió Cromañón es donde no queremos ir a parar, lo que no queremos tolerar más. 
Nuestra generación ya sabe lo que no quiere. Jauretche decía “los pueblos pueden no saber lo que quieren pero si están bien seguros de lo que no quieren”.
Estamos participando de una cátedra en la UNSAM donde se habla de recurso natural, de economía, se habla también de que la crisis es espiritual, la crisis de valores que sostienen a la cultura. Por ejemplo, el valor de la vida. Nosotros ya no podemos tolerar que la rentabilidad y la productividad estén por arriba de la vida. Con el tema de Monsanto, ya no podemos tener un modelo agrícola que nos dice que es productivo pero que a nosotros nos deja millones de desocupados y expulsa a toda la gente del campo.
El verso de la productividad no existe más. Lo mismo el que se cobra una coima y permite que entren dos mil personas más, no podemos tolerar eso, dejar de prestar atención a la vida por prestar atención a la guita.
Yo creo que fue responsabilidad del estado, de los empresarios, de la policía, de los bomberos, de todos los que curraron en ese momento. Hubo curro e incumplimiento de tareas básicas, eso lo sabe cualquiera, no lo estoy descubriendo. Nuestra tarea para que eso cambie es ser actores de ese nuevo estado y puestos de responsabilidad, ya sea, tocando en una banda o siendo funcionario. La tarea es ocupar esos lugares con otros códigos, vivir la vida con otros valores.
También creo que hay responsabilidades colectivas, es cultural obviamente el problema, ese mismo paradigma de no cuidar la vida, atraviesa a toda la sociedad, lo que nosotros tenemos que cambiar es un paradigma de vida. Estamos hablando desde el pibe que prendió la bengala, hasta el funcionario político de más alto rango que hace la vista gorda, porque están involucradas vidas. La solución es que nosotros podamos formular una contestación a ese paradigma, el de la guita y la corrupción por encima de la vida. Hay que tener la astucia para llevarla a todas las tareas de la vida, desde las tareas de responsabilidad política, hasta cuando te levantás y hacés el mejor mate de tu vida, hacer un mate siempre con belleza, si le ofrecés un mate a alguien que tenga arte, que se valore ese momento. Entender que hay que cambiar la forma de pensar y ponerlo en práctica: es ahora o nunca.
En planos generales estoy bien, estos diez años de Cromañón me llenan de preguntas con respecto al mañana. Siento que estos diez años cierran una etapa y ojalá que los diez años que vienen encuentren esta generación con los ovarios y las pelotas bien puestas para llevar adelante los cambios que hacen falta, es lo que más quiero y me lo digo a mí también. No es fácil, hablo como sobreviviente de Cromañón que tiene que dejar atrás montones de tristezas y hay gente que todavía la sigue pasando mal.
Hablo como persona de esta generación que nacimos con un montón de códigos muy berreta y ahora es duro destruir esas estructuras… es la única forma para dejar de ser La República Cromañón.

 

 

 

 

 

 

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