LOS PIBES DE CROMAÑÓN

 

Tiempo antes de cumplirse los diez años de la tragedia de Cromañón, con el compañero y fotógrafo Facundo Nívolo, comenzamos a trabajar en la recopilación de testimonios de sobrevivientes con el deseo de publicar un libro. Ese proyecto quedó inconcluso sobre todo por motivos económicos aunque hoy encontramos en Timbó la manera de compartir el material al mundo, para que esté vivo y circule. Nos aferramos a la pregunta de por qué seguir, quiénes éramos antes de la tragedia y quiénes somos hoy. Porque amamos la vida y recordamos. A los pibes y pibas de Cromañón, a lxs que están y lxs que no, a lxs familiares y amigxs, no olvidar. Recordar es pensar.

 

 

ADRIAN ENRIQUE NUÑEZ

13 de Mayo de 1973 / Isidro Casanova, La Matanza.

 

 

En esa época yo era manager de “Barrios Bajos”, laburo con ellos ya hace quince años, son la banda de amigos, del barrio. Tocaron en todos lados: Cemento, Cromañón, tocaron con Callejeros. También laburé con Viticus, siempre estuve ligado al rock. Tuve mis bandas, tocando la viola, haciendo fechas, festivales.

Callejeros le gustaba a mi mujer y una vez le dije “Bueno, vamos, te acompaño”, y me gustó. Es más, con Callejeros tenía la mejor, los conocía. Yo soy de Casanova y ellos son de Tapiales, estábamos ahí nomás, cincuenta cuadras nos separan, se siente. Pibes que eran under y tocaban en mi barrio. No tuve diálogo de amistad, pero sí los conocí como conozco tantas bandas. Es más, después de Cromañón fui a dos recitales de Callejeros y yo dejaba el auto en la sala de ellos, salían los micros y me iba con los pibes de Celina, tenía buena relación con todos. Antes de Cromañón he ido a La Plata, Excursionistas, Obras, Cemento, varios lugares más… los quería mucho.

El 30 de diciembre de 2004 íbamos a ir con mi mujer. Como ella en ese momento tenía un locutorio y tenía que cerrar a las diez y media de la noche, no llegábamos. Entonces le digo “Negra, no llegás. Me voy solo con los pibes”. Paso a buscar a cinco amigos que me estaban esperando en una esquina y como había uno que estaba en pedo mal, le digo “Vos no venís conmigo”. “Dale, Adri”, me dice. “No, vos no venís”. Algunos de los chicos eran hermanos de mis amigos. Yo soy más grande, voy a cumplir cuarenta y uno. Ellos ahora tienen treinta, en esa época tenían veintipico, entonces le dije “Vos no”, y se quedó. Tenía un pedo para doscientos, no lo podía llevar. Vendo la entrada de mi mujer y la de ese chico. Estábamos tomando algo, yo no tomaba alcohol. En esa época había tenido varios incidentes personales muy graves y me fui a distraer y bueno, vamos a terminar el año en Cromañón y ya está.

El 2004 para mí fue muy trágico. Me habían declarado Hepatitis E, estuve re mal porque me tenía que ir a hacer rehabilitación al sur. Pero resulta que se equivocaron de examen, no era el mío. Se equivocaron de paciente, el chabón tenía el mismo nombre y apellido que yo. Hasta la edad coincidía. Yo tenía una apendicitis, una boludez, pero bueno, llegué a Cromañón tomando agua. Es más, me acuerdo de estar con una remera igual a esta. Hacía un calor impresionante me acuerdo, dejé el auto en un garaje con todo: documentación, teléfono, entré sin nada.

Al otro día me desperté y fuimos al barrio, nos quedamos todos afuera, sentados en el auto. Vinieron amigos, el pibe que se le había pasado el pedo lloraba, me decía “Gracias por no llevarme, me salvaste la vida”. Mi mujer también. Eso fue en diciembre y en enero me fui de vacaciones, bah, vacaciones no, me quise borrar a la mierda. Me fui con los mismos chicos que había pasado esa noche, nos fuimos todos a Gesell, estuvimos ahí, mal, tristes por todo lo que había pasado. Después salió el subsidio y nunca más quise saber de Cromañón. Fueron nueve años que lo tapé, no hablé más del tema con nadie, si alguien sacaba el tema Cromañón, decía “Qué bajón”, no decía que era sobreviviente. Después todas las fobias, ir a recitales. Seguí con el rock. Yo toco la viola, canto, tenía una banda, laburaba de manager. Seguí haciéndolo pero ya con cuidado, a lugares que iba, mirando a ver qué pasa, los matafuegos, la salida… hasta el día de hoy.

 

 

Cambió todo. Yo en 2004 venía de una faceta muy importante pero no solamente por Cromañón, Cromañón fue la gotita que rebalsó el vaso, que me dejó fuera de circuito. En 2005 estuve malísimamente mal, depresivo, tirado en la cama, se me fue la cabeza. Psicólogo, psiquiatra, no me pude levantar hasta que pedí ayuda. Había tenido dos intentos de suicidio, uno con el auto y otro con la moto, y ya la segunda vez dije, “Ya está, si no me maté acá, listo, es porque no me tengo que ir”. Cromañón me detonó, por ver todo lo que pasó. Una injusticia también con Callejeros, también me ponía del lado de los padres y me ponía del lado de la banda. En Cromañón yo tenía 32 años, era grande, sabía lo que estaba haciendo, ya estaba curtido del ambiente del rock.

Después de Cromañón no cambió nada, solamente cambiaron algunas cosas en Capital, imaginate -sea el gobierno que sea- creo que hay muchas organizaciones que lucran con la necesidad y se hacen mal las cosas. Yo vengo del ambiente del rock, tengo una banda y cuando voy a ver un lugar lo primero que hago es pedir la habilitación. SADAIC tiene contador de gente y te dice “Mirá, entraron mil, pero arreglamos por setecientos”, y listo, ya fue. Y sigue estando todo mal. La Provincia es un desastre donde vayas, Matanza es tierra de nadie, no hay controles, nadie se hace cargo, yo creo que no hay conciencia de la sociedad tampoco. Hay cosas que no tienen sentido y siguen pasando, y no les interesa, los que tienen que controlar no controlan, sigue sucediendo y en Capital pintó la avaricia, “Tengo un boliche, vení que te cobro, y vamo´ a hacer negocio”. Las grandes productoras agarraron los lugares y vos tenés que llegar a la productora para poder tocar o lugares chicos que tenés que pagar para tocar. Antes de Cromañón no era tan así, pero después, cualquier cosa que hagas tenés que pagarla para hacerla. ¡Hacé un Teatro de Flores! Tenés que tener sesenta lucas en el bolsillo, una banda under, ¿cómo hace? Hacés La Trastienda, un Vorterix, tenés que tener mucho respaldo, y por ahí en la Provincia se juntan, hacen un lugarcito y bueno…

Yo siempre digo que después de Cromañón cambió la mentalidad del rock, la gente quiso tomar partido, quiso ser protagonista. Le pasó a Callejeros pero le pudo haber pasado a La Renga, al Indio, a Divididos. Pasaron cosas, pasan cosas… y después, culpar, no culpo a nadie. Yo siempre digo que soy culpable de mis actos y no soy quien para juzgar a nadie. Una vez le pregunté a mi vieja, “¿Qué hubieses hecho si me quedaba ahí adentro? ¿Irías a las marchas a pedir justicia?”. “No, hijo, vos sos grande y sabías lo que hacías, fue tu responsabilidad, yo te crié para que vos te cuides”, y tenía razón. De ahí parte que todos somos culpables. Primero hay que mirar siempre uno qué culpa tuvo y después buscar si hay responsables. Yo creo que todavía hay justicia en este país y bueno, ellos son los que están para condenar. Yo no soy quien para juzgar si Callejeros tiene que tocar o no tiene que tocar. Para mí tienen que tocar toda la vida, y no porque estuve en Cromañón o porque me guste Callejeros, sino porque hacen música y la música no mata, y es verdad, no mata. Lo que mata es la pudrición de la sociedad, que no toma conciencia, la gente, los pibes, que me tomo un trago, que me fumo algo y la bardeo y soy el mejor. Yo creo que se perdió un poco el respeto y la cultura, ahí detona todo esto de la sociedad. Siempre cuando dicen “Eh, ese negro”. “No, ese negro, no”. Por ahí no tuvo una buena educación. Se perdió el respeto y cuando se pierde el respeto ya está, perdimos algo, yo creo que como sociedad perdimos muchas cosas.

Creo que me di cuenta de muchas cosas. Tuve una mujer que me apoyó un montón, una mujer que estuvo al lado mío todo el tiempo, que me ayudó a salir, también con ayuda familiar, con la amistad, hablar con gente. Yo siempre digo que encontré en mi camino a “alguien” y ese alguien me habló tan bien que desde esa vez me quedé flasheado y me marcó. Me reservo lo que me dijo. Fue una charla de horas tomando mate. Fue una mujer, mi suegra, que tiene un alma aparte. Ahí empecé a levantar cabeza, cada vez más, cada vez más, y volví a ser lo que era. Volví a vivir, a sentir, a hacer cosas y a dejar un pasado atrás, porque en realidad yo no tenía culpa de nada, porque yo sentía que toda la culpa era mía. Voy a ver una banda y pasa esto, es toda culpa mía.

 

 

Cambié. Cambié un montón a lo que era, cerré una etapa. Yo creo que el 2006 lo arranqué con otra perspectiva de mi vida. Arranqué otra vez con todo lo que realmente me gustaba, me hice cargo de muchas cosas. Llevaba a bandas a tocar al interior, cuidaba a los pibes cuando los llevaba para que no les pase nada. Cromañón fue un antes y un después. No viajé más en subte, no tomé más un colectivo lleno, no fui más a la cancha a ver a River, no fui más al cine. Empezás a ver otras cosas. La otra vez estuve de viaje por la ruta 40 y me pasó algo rarísimo que enfrenté yo solo. Hicimos desde Chubut hasta Mendoza, pasando por todas las provincias. Llegamos a Malargüe, Mendoza. “Bueno, ¿Qué hay para hacer en Malargüe?, preguntamos. “La caverna de las brujas”. “Uy, qué bueno, ¿y cómo es eso?”. “Tenés que meterte en el corazón de una montaña.” Oscuridad, murciélagos, y fui y lo hice. Tapé una fobia. Saqué doscientas mil fotos y me sentí bien. Entonces trato de salir de a poco, tratando de ver que hay un mundo externo que tengo que asimilar, igual que en los recitales, si voy, me quedo atrás…

Yo era un sostén de una familia, tenía que estar bien para todo el mundo. Vos me veías y estaba todo el día riéndome, levantando a uno, levantado al otro, pero cuando yo caía, caía mal, solo. Entonces desde que esa persona me habló -la verdad no sé qué pasó, hasta el día de hoy no lo puedo explicar- empecé a cambiar, a tomar actitudes, a ver la realidad, de que no era yo el culpable y que no tenía que hacerme cargo de tantas cosas, y bueno, salir adelante y tratar de asimilar lo que había sucedido, que son cosas de la vida que pueden pasar y que uno tiene que cargar con una mochila y llevarla; los recuerdos quedan. Levanté todo el pilar, armé el castillo y la verdad que hoy en día estoy bárbaro, pasando crisis como puede pasar cualquiera, pero bien, siempre apoyando, ayudando. Siempre digo lo mismo, pasás por la vida pero tenés que dejar algo marcado siempre, creo que con los cuarenta y uno que cumplo dentro de poco, siempre dejé algo marcado y lo veo en cariño, en gente, amigos. A donde voy me reciben. Tengo amigos por todos lados. “Roberto Carlos”, me titulan, y digo, bueno, dejé algo marcado… siempre trato de ayudar, de hacer algo.

 

 

 

Nota: Guido Zappacosta – Facundo Nívolo

Fotografías: Facundo Nívolo

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