LENGUAJE INCLUSIVO

 

 

 

 

Texto: Guido Zappacosta

Ilustración: Chabela

 

 

 

El sábado después de una función de teatro me encontré hablando sobre el escenario ante cien personas en esa dudosa acción de tener que decir algo posfunción, eso que casi siempre atenta contra la obra. Y me encontré hablando en un torpe y forzado lenguaje inclusivo. Digo “torpe y forzado” para mí, porque así me sentí sobre el escenario, buscando en los cajoncitos de mis adentros las palabras correctas para intentar incluir a mis interlocutores de ese momento.

Previamente en la autopista colapsada del inconsciente me había preguntado cuál era la forma correcta de comunicarme, porque vos sabés, hay gente que te odia y le parecés el ¿pelotude? más grande del mundo cuando usás la “E” y por el contrario, al revés, están quienes piensan que sos un nazi y te anulan si no la usás.

 

“Oh, querida grieta. Volvemos a encontrarnos. Seamos amiguis. Bailemos danza jazz y hagamos el amor frente al Río de la Plata”.

 

Yo, en ese sentido, soy re careta.

Porque hay espacios donde uso el lenguaje inclusivo para que no me digan nazi.

Y hay otros espacios donde NO lo uso para que no me digan que no sé hablar.

Eso me hace sentir careta. 

Porque me adapto a la expectativa de lxs otrxs para agradar.

¿Y no es lo que de algún modo queremos todis? 

Agradar

que te amen

para que piensen que sos 

lo mejor del mundo.

 

También pienso que adaptarse no está mal. 

Digo.

Siempre. 

Cuando hablamos. 

Estamos adaptando el código según la expectativa de interlocución. A nadie se le ocurriría hablar en francés en un espacio donde de pedo hablamos argento. El tema es cuando salimos de nuestro micro mundo de reafirmación, de nuestro nicho de paja mental, cuando toca comunicarse con todos los seres hermosos que habitan esta fauna y que votaron a quien vos no.

 

Conozco mujeres a las que el lenguaje inclusivo les parece una boludez y no se sienten representadas. 

Por el contrario, otras mujeres y diversidades de género no se incluyen en el uso masculino del lenguaje.

También conozco hombres que usan lenguaje inclusivo y les decís que llevás una amiga al partido de fúbol y te miran como diciendo “ni a palos”.

También sé de otros hombres que usan lenguaje inclusivo y siguen desconfiando de su compañera al volante.

Hay otros hombres que usan lenguaje inclusivo y siguen esperando de su pareja que lave los platos, haga la cama, lave la ropa, crie a les pibis.

Otros hombres usan lenguaje inclusivo y a su compañera boicotean y en público exponen, ridiculizan y esclavizan.

Conozco otros hombres que usan lenguaje inclusivo y son tremendos violentos.

 

No sé. 

Yo, como hombre, por el momento me siento torpe y careta en “el decir”, pero observando “el hacer” para no someter. 

Con victorias y derrotas. 

Certezas y contradicciones.

 

En fin, aquí estamos preguntándonos para usted.

¿Cuál es la verdadera forma de incluir? ¿Existe una verdadera forma de incluir y representar a todas las voces?

Bienvenido el debate que revuelve las aguas donde la levadura se reaviva para amasar el pancito de la vida que es prometedor y sabroso pero que a veces puede caer pesado.

 

 

¿Qué te pareció lo que recién viste/leíste? Tu comentario sincero es un abrazo compañere, no lo dudes.

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