LA NOCHE MÁS LARGA

 

 

 

El fin de año por estos hemisferios se celebra también en invierno. Antes de que Colón bajara del barco se hacía así. Y hoy, les sobrevivientes de uno de los holocaustos más tapados de toda la Tierra, lo siguen haciendo así. Del 21 al 24 de junio se celebra el fin y comienzo de un nuevo ciclo.

En la plena oscuridad húmeda, movido por la búsqueda de luz y por el calor, empieza un ciclo. Bajo la tierra, en un útero, en un vínculo con une misme, de a dos, en San Fernando o en Francia. Ahora y seguro que antes del Big Bang también, o de Wiracocha, o de Júpiter.

El movimiento se gesta en lo oculto, necesita oscuridad. Noches largas, frías, húmedas y somnolientas. Como cuando el oso se atrinchera en la cueva, la tortuga quién sabe dónde, y la semilla que tuvo suerte, se hunde en la tierra. Ahí se cocina todo, en el cuerpo que descansa, que se toma el tiempo para recuperarse del esfuerzo, trabajando con otras fuerzas, otros espíritus. Duelando la pérdida, esa que el fin de ciclo trae junto con todo. Esa sensación de que hay algo que ya no se va a volver a dar.

Dándole fuerza al nacimiento que va a emerger con paciencia, fragilidad, magia y solemnidad; cuando el sol se acerque caliente y alumbre más el día. Así también todos y todas les que nos permitimos ir ahí, a lo oscuro del ciclo, a habitarlo, alimentándonos con agua y calor; empezamos un nuevo ciclo. Empezamos a echar raíces para que la primavera alumbre la niñez del ciclo. Así se mueve la naturaleza y no se sabe bien porque, ahora nosotres no. O acá nosotres no. O algunes de nosotres, no.

La celebración del año nuevo que empieza en invierno, se llama Inti Raymi. Y como no tuvo tanta prensa como el 31 de diciembre, no lo conocemos, sobre todo en estos últimos 500 años. Cuando un año nuevo empieza en Europa, ahí empezamos nosotres, para tratar de salir en una foto a la que iríamos a posar en malla y ojotas al medio de la nieve europea. El Inti Raymi celebra este 24 de Junio, 5528 vueltas al sol. Desde el 21 y durante toda la noche del 23, el solsticio de invierno, la noche más larga del año, se la pasa una festejando despierta, agradeciendo, comiendo apenas una sopa caliente de a ratos, introspectiva y meditabunda. Metidas para adentro, con los ojos abiertos, esperando que el sol se acerque, con paciencia, sin excesos ni de alcohol, ni de comida. Una forma de celebrar que está empezando un nuevo ciclo, saliendo nuevamente a la luz de a poco. Después de haber estado 500 años oculto en la oscuridad, vuelve de a poco a la luz de la mano de una esperanzadora y despabiladora energía femenina. Así empieza a moverse un nuevo ciclo.

 

 

Texto: Agustín Llorca

 Ilustración: Matilde Carnavalito Artesanal

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