LA FÓRMULA DE LO REAL

 

 

Reseña en primera persona de la novela de Matías Molle lanzada por Ediciones Hasta Trilce.

 

 

 

Texto y fotografía: Tito Dall’Occhio

 

 

 

Voy a ser sincero. Cuando supe que la primera reseña del año se iba a tratar de un policial, no me entusiasmé. No responsabilizo al autor, mucho menos al género. En cierta medida se debe a que mis lecturas de verano deambulan por otros lados. Sabemos lo difícil que resulta romper nuestros hábitos, ¿no? También cierto es que la mayoría de las plataformas de pelis y series nos invaden con grandes dosis de policiales, thrillers y suspenso que nos acompañan hasta el sueño, literalmente. Sin embargo, hubo algo que sí despertó mi curiosidad antes de leer La fórmula de lo real y que sirvió como señuelo a la novela de Matías Molle: saber que se trataba de un autor sanfernandino que pasó por la Facultad de Sociales, editado por Hasta Trilce y que, a propósito de todo esto, ejerce la política hace varios años. Y eso, a quienes nos interesa la política y la literatura, siempre le agrega un valor porque el autor se reconoce PEP (persona expuesta políticamente) y decide exponerse no sólo en ejercicio de su profesión, sino a nivel sensible e intelectual. Eso, en un mundo tan especulador y tuitero, digámoslo, es muy valioso.

 

De menor a mayor, la novela parece contagiarse de la perspectiva de Martín, hijo de Ricardo, dueño de La Reforma, un multimedio hegemónico de prácticas monopólicas que bien podríamos asociar a Clarín o La Nación. Desde su juventud, Martín lidia con el fracaso vital de haber desistido a un destino aparente. Subalterno en cada sentido de su experiencia: hijo de un padre que juega al poder; hermano menor de Patricio, periodista estrella del diario y heredero natural del imperio mediático. Tentado por la obligación de no convertirse en uno de “ellos”, Martín renuncia a su familia. No al vínculo con su hermano, cuya distancia ganó en complicidad y alimentó los juegos de comunicación mediatizada que sólo entre él y su hermano comprenden. El punto de ataque es, justamente, la desaparición de Patricio, en apariencia secuestrado por investigar lo que podría desencadenar un escándalo massmediático y, en consecuencia, en una debacle en las ambiciones de su propio padre no solo a nivel empresarial (recuerde, Clarín y La Nación funcionan perfecto en la parábola Molle).

 

En la medida que avanza, La fórmula de lo real también se tiñe del protagonismo de Patricio. Él quiere hacer implosionar el eco universal de su papel de hijo prodigo que no logra escapar a las presiones de Ricardo y sus colaboradores, como sí lo hizo Martín. Tejerá una sutilísima estrategia, inspirada en la distancia que se permite tener con su hermano, el conocimiento de los negocios de su padre y los contactos de un buen periodista del círculo rojo. Sin que eso suponga a Patricio ahorrar sordidez y terminar en su desamparo. Es decir, sin colocarse por encima de la desorientación que le crea a su hermano menor ni caer en el patetismo (esa forma de cursilería moral) que neutralice los intereses de la empresa periodística y la política. Y sin que tampoco perdamos de vista nunca la sociedad en la que vivimos y en la que Patricio descarga toda su rabia. 

 

«En este mundo que nos ha tocado en suerte, que la palabra vale menos que el papel donde se imprime, el periodismo, la ficción o el discurso de la Historia no son otra cosa que una fórmula de acomodar los eventos».

 

Además, como lo dice María Pía López en su reseña de contratapa, la novela es una matrioshka. O como el pelaje de un yaguareté: un camino áspero, sinuoso, entre claros y oscuros de formas embarcadas y puntos disímiles que nunca pierde su cohesión y belleza. Una obra que cruza conocimientos sobre la cultura guaraní —objeto de la investigación que emprende Patricio— y los conflictos más profundos de la política. Los capítulos finales son un metrónomo de escenas simultáneas que, como bomba de tiempo, harán volar por los aires cualquier final previsible. Contada con muchísimos recursos de enunciación y tramas paralelas que le dan valor al trabajo de Matías Molle. Cuesta pensar en un narrador tan ambicioso y exacto desde su primera novela. Quiero decir, al reseñar La fórmula de lo real quiero compararla con novelas y escritorxs del género y solo se me ocurren “grandes nombres”. Eso siempre suena exagerado o pedante, pero a veces también son actos de justicia con lo que se lee, y con lo que se lee y se siente al leer.

 

 

 

 

 

La fórmula de lo real es de Matías Molle 

y fue editado por Ediciones Hasta Trilce.

 

 

 

 

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