
Novela de Matías Segreti editada por Criolla Ediciones y reseñada aquí en primera persona.
Texto y fotografía: Tito Dall’Occhio
Pienso que hay pocas novelas como Gauchito de Matías Segreti: situaciones míticas ficcionalizadas sin la obligación marco de estar enlazadas narrativa y temporalmente, con una voz que rescata todo aquello que va por fuera de la trama principal sin protagonizar la palabra. Capítulos que fijan un instante, que lo inmortalizan y que condensan la fluidez entre lo bello del adjetivo y lo vertiginoso del verbo. Lo fugaz de un tiempo aparentemente detenido pero que cambiará para siempre la historia mitológica nacional. Versiones y leyendas recolectadas como ofrendas de una figura en sombras de la cultura masiva y que, santuario a santuario, se volvió héroe popular desde la ruta hacia el puerto. Mezcla de recuerdos dopados de un niño de doce años y virtuosismo de joven escritor que traspuso testimonios de devotxs sin manchas del propio ego. Gauchito, en definitiva, condensa la experiencia de vida de lxs promeserxs y sus promesas, de los santos y su santidad, y del gauchaje y sus gauchos.
Digo que novelar los mitos populares parece un recurso obsoleto o poco investigado -hasta ensimismado- si lo comparamos con las stories y los videos de instagram, que son nuestro actual arte de fijar el instante y darle valor a lo marginal en detrimento de la cultura del consumo (para quienes no ingresamos en la lógica publicitaria de las redes, obvio). No es pesimismo. O sí. Además, puede que me equivoque. Quizá, como comentábamos el otro día entre amigxs, las novelas serán cada vez más cortas y las stories más largas ¿O viceversa?
Gauchito de Segreti editada por Criolla es interesante por varios motivos: el aire de tragedia arquetípica, su poética de pueblos, ranchos y parajes pequeños de la añeja Argentina, la habilidad para mostrar la complejidad de los afectos en aquel entonces. Tal vez con una imagen final del Gauchito Gil demasiado pura para el contexto: no ejerce ningún tipo de violencia, respeta a las mujeres, es lacónico hasta cuando se escavia y sólo reacciona a las provocaciones exógenas ¿Será posible un gaucho con valores tan cristianos errando por la antigua cuenca del Paraná? Por momentos me recuerda a las mil imágenes diferentes de Antonio Gil entre estatuillas y estampitas en las ferias que rodean el santuario de Mercedes. La posta es que hay tantas caras como devotxs, de eso también se trata la divinidad y sus interpretaciones. Recordaba durante la lectura esos versos de Martín Fierro previos al desarrollo de la partida:
[…] con los blandos yo soy blando
y soy duro con los duros,
y ninguno en un apuro
me ha visto andar titubeando.
Segreti no titubea. Para quienes nos interesa la cosmogonía de lo popular, es una novela corta y emotiva, al borde del melodrama (pero sin caer, es decir: en el borde bueno), con reflexiones finales emotivas y un capítulo maravilloso en el que asistimos a su nacimiento en un rancho de adobe de cara al Monte Valenzuela en la que Encarnación, su madre:
«Respira como le enseñó la payesera, las piernas tiemblan, no apure el caballo si es cuesta arriba, recuerda las palabras de los partos, le hace lugar a la sonrisa. Le hubiera gustado tomar unos mates o una caña, pero la fuerza del niño de abre las caderas y no da respiro».
Esta novela ya va por su cuarta edición y se la puede encontrar en el catálogo de Criolla Ediciones entre otras delicias que merecen ser devoradas con cuchillo y tenedor desde la parrilla.
¿Cómo lo consigo?
Gauchito es de Matías Segreti
Y fue editada por Criolla Editorial
Si te gustan este tipo de reseñas y querés seguir recibiendo data de lxs autorxs del conurbano norte, podés aportar económicamente a nuestro proyecto al alias cooperativa.timbo y sumarte a la Red Timbó.