ESA MALDITA COSTUMBRE

 

Las excusas, ese inflamable combustible que por costumbre siempre tenemos a mano. El planeta se prende fuego y nosotrxs lo avivamos a excusas. Pero cerca del final, cuando el miedo y la desesperación nos respiran en la nuca, necesitamos levantarnos del sillón y agarrar los remos. Remar para forzar esa maldita costumbre de aceptar con excusas las leyes que redactan lxs angurrientxs y acaparadorxs. Que un poco lo somos todxs.

 

 

Texto: Agustín Llorca

Ilustración: Vale Lamat

 

 

 

Bajante histórica y sigue bajando, cada vez más y más abajo. Ya casi en el fondo del barro revuelto entre bolsas, botellas, ramas, trapos y gomas; también se mezclan las excusas. Esa costumbre de mierda que tengo de tirar la pelota afuera. Yo desde mi computadora sigo diciendo: “Que barbaridad, que increíble, que tremendo”. ¿Cuánto me puedo responsabilizar? Me apuro cuando me baño, junto el agua de lluvia, llevo la bolsa al supermercado, separo los residuos, me conecto a internet y leo: “Bajante histórica del Río Paraná, se necesitan medidas…”. Qué suerte, pienso, “las medidas” suena a decisión política. Yo no tengo nada que ver. Ahí están, los mismos de siempre, los políticos corruptos que nos cagan la vida. Yo no los voté. ¿O a estos sí? Bueno, entonces hay que darles tiempo. Porque la culpa es de las empresas. Esas sí. Las grandes, las depredadoras. Las que arrasan con los bosques para juntar el aceite de palma y hacer galletitas. Que ricas las galletitas, que malas las empresas. Y por suerte no como más carne, porque para mantener andando la fábrica que mata a las pobres vaquitas que son criadas como si fueran cosas sin vida para comer el asadito, hay que gastar millones y millones de litros de agua; y ni hablar la concentración de metano de los pedos de las vacas que calienta la atmósfera 67 veces más que el carbono. Pero que lindo el aire acondicionado en verano (pero en 24 eso sí).

 

Yogurt, asado, Tafirol, motores a nafta y galletitas negras cocinadas en la cocina eléctrica del barrio con nombre santo que resume todo el verdadero problema: la propiedad privada, ahí sí que está todo el asunto.

 

No entiendo nada, ¿de quién es la culpa?

 

El gran desoriente informativo que configuran los medios de comunicación devenidos en redes sociales (que mezclan noticias falsas con verdaderas, selfis, arte contemporáneo y fotos de catástrofes naturales todo en un mismo scroll) nos deja con la sensación de vivir en medio de una tormenta constante. Por eso de forma pacífica, pero con la angustia de sentir en los talones la inminente llegada del momento de pagar los platos rotos (por otrxs), la gente rema. Las personas más directamente afectadas (geográfica o emocionalmente) siguen haciendo lo mismo de siempre. Remar. Aunque no haya agua. Hay que seguir remando. ¿Y hacia dónde? A increpar a quienes redactan lo que se puede y lo que no se puede. En las cosmovisiones ancestrales eso lo decía la tierra, la naturaleza, con sus ciclos, se la aprendía, se le hacía caso y punto; cada unx a lo suyo. Pero ahora, desde que lxs que redactan las leyes son lxs humanxs, hay que ir a encararlxs a ellxs. Ahí van saliendo desde Rosario por el río hacia el Congreso. Para exigir que, si van a imponer sus leyes, que haya leyes también para proteger a las minorías, a lxs vulneradxs, a lxs históricamente ninguneadxs, a la tierra, los ríos y los humedales. 

 

 

Travesía por los Humedales

Por el Paraná desde Rosario vienen remando hacia Tigre. El 18/8 es la movilización al Congreso.

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#remamosporlaley #humedalesalcongreso

#LeyDeHumedalesYa

 

 

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