Me pregunta Lili, verdulera por excelencia de Maquinista Savio:
– ¿Cómo estás?
– Bien, ¡qué sé yo! Esto de los barbijos aterra.
– ¡Un signo!
– ¿Qué?
– Un signo el barbijo. No le des bolilla. Relajá.
– No te entiendo, Lili, perdón. Yo en verdad quería un kilo de zanahorias.
– El barbijo es un signo. Como la ropa que llevás puesta, como la gorrita del pibe, como el uniforme del policía. No les creas, que atrás del signo hay cuerpos, piel, carne y espíritu, vísceras, entrañas, penes y pezones.
– Me descolocaste, Lili. Ojo. Me gusta tu idea, pero te confieso que nunca imaginé salir a la calle y ver esta imagen, más bien parece una pesadilla.
– Desconfiá del signo
no le creas
chamuyalo
hacete el gil
cagate de risa
y desnudá a la gente
desvestí esos rostros
que atrás del barbijo hay
ganas de respirar
sonreír libremente
mostrar bien los dientes
o usar escarbadientes
compartir unos mates
¿una birra del pico?
otros quieren sacarse un moco
o abrazar bien fuerte
clavar transa en la plaza
meter lengua fiero
hay ojos que ríen
aunque los anteojos se empañan
hay quien quiere volver a la bici
pa´ sentir el fresco en la cara
como que me llamo Lili
hacé caso, pebete
yo sé lo que digo
el barbijo es un signo
desconfiá no le creas
que atrás se esconden deseos
va haber tiempo de todo eso
vamo´ a verno la jeta
mientras tanto te cobro
¿zanahorias un kilo?
son
ciento veinte pesos.
– El precio de la zanahoria aterra.
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LO QUE MÁS EXTRAÑO
Para este texto le afané data a un par de personas preguntándoles lo que más extrañaban de no usar barbijo y sus respuestas, pues, a continuación.
Keila desde México:
Respirar libremente, más que nada ver las caras, sonreír y ver la sonrisa de la gente.
Pepe desde San Fernando:
Andar en bicicleta sin barbijo para poder así sentir el fresco en mi boca.
Eva desde Escobar:
Respirar aire fresco sin olor a jabón. Y que no se empañen los anteojos. También extraño soltarme el pelo y los aros. Y los dientes, esos sí que se extrañan. Sonrisas redondeadas o más filosas que también hoy hacen falta.
Melissa desde Colombia:
Extraño sonreír. «Los ojos también ríen», dijo mi papá.
Mati desde Mendoza:
Besar, abrazar y compartir mate.
Ariana desde San Fernando:
Respirar libre el aire de afuera. Sentir el fresco en el rostro. Sonreír, regalar una sonrisa y que la vean.
Agustín desde San Fernando:
Usar escarbadientes.
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Texto: Guido Zappacosta / Fotografías: selfies desde algún rincón del mundo.
