
Guiadxs por el deseo de profundizar en el verdadero descubrimiento de la cosmovisión andina, nos embarcamos hacia los adentros del arroyo Esperita en el delta de Tigre a fines de febrero del 2021 y continuamos la charla que había empezado 2 años atrás. La encontramos a Marcela terminando de dar un taller de construcción de caja coplera en su casa a orillas del arroyo, rodeada de animales, plantas, familia y hasta una lechuza viviendo en un rincón de su cocina.
Conversación con Marcela Guerra sobre la Cosmovisión Andina
Texto: Agustín Llorca,
Ilustración: Sofía Chaskita
Fotografía: Valeria Lamat
¿Qué sería el Sumak Kawsay?
El buen vivir. Se trata un poco de esto de la abundancia, que tiene que ver no tanto con definir qué es sumak kawsay, sino con encontrar qué es para cada uno. Porque el sumak kawsay es diferente para todos. Y se trata de qué es bueno en tu vida, qué te hace sentir bien. Y va desde el buen dormir, el buen hablar. Todos tenemos una forma. Hay gente que suele decir que lo bueno es dormir determinada cantidad de horas y no, la pregunta es qué te hace sentir bien a vos: ¿dormir poco, dormir mucho? No nos hace bien a todos lo mismo. Hay que buscar cuál es tu sumak kawsay.
¿Y por dónde se empieza?
Primero, por observar lo que te sucede y si te gusta. Porque muchas veces te llevás de lo otro. Por ejemplo, vos me podés decir que antes de las 12 de la noche no te podés dormir. ¿Y a vos eso te gusta? Y… no está bueno. No, no, pará. Que algo esté bueno para el resto no significa que sea para todos. Lo importante es cómo te sentís vos. Y es posible porque tiene que ver con la creación de la vida, con la creación de la realidad, nosotros somos los creadores. Entonces podés creerlo y de alguna forma vas a conseguir un laburo que te permita acostarte a las doce de la noche, porque si vos te acostás a las doce de la noche y conseguiste un laburo que te tenés que levantar a las cuatro de la mañana, estás equivocado. Solito te tenés que dar cuenta. Algo ahí tenés que cambiar, o la forma de dormir o el trabajo. Y eso es todos los días. Vos te levantás y te das cuenta qué te gusta y qué no te gusta de tu vida. Y de todo lo que hacés te tenés que dar cuenta qué te gusta y qué no te gusta. Vas por ahí. Eso te lo estás marcando vos mismo. Si estás viajando todos los días una hora y media al trabajo y te la pasás diciendo que no te gusta, algo está mal ahí. Y vos me decís: “No tengo otro trabajo”, podés generar otro trabajo, claro que sí. Te podés comprar un auto o conseguir un trabajo más cerca, podés mudarte más cerca del trabajo, hay mil posibilidades, pero una tenés que encontrar, porque sino vas a vivir sufriendo. “Y vos viniste a pasarla mal”. No. ¿Quién dijo que tengo que sufrir? ¿Por qué tengo que sufrir para tener una casa, para conseguir un marido, para tener hijos?
De hecho adoramos una imagen de alguien que se sacrificó y dio la vida por nosotros, ¿no?
No, por ustedes. Por mí no, yo no le debo nada. Es muy fuerte cargar con esa cruz. Y se carga. Pero vos fijate que hoy generaciones que ya no responden tanto a esa práctica cristiana igual lo siguen incorporando. Inculcado, entre otras cosas, por dichos del sentido común como que al que madruga dios lo ayuda y esas pavadas que se siguen repitiendo. Ni siquiera averiguan qué quieren decir esos dichos. Por ejemplo: “Me importa un bledo”. El bledo es una planta medicinal que crece sola. Y como es tan fácil de que crezca, y la medicina se compra en la farmacia, no vale nada. Pero es una planta poderosísima. Entonces eso te está marcando. Porque eso no viene de la nada, el primero que lo dijo sabía muy bien lo que estaba diciendo. Repetir y creer frases, aunque no sepamos del todo qué quieren decir, te marcan el día a día. Es conciencia. Lo que te salva es la conciencia. Si vos te das cuenta, ya está. Mirá, yo teniendo todos mis talleres allá, todo instalado allá, la mañana que se dijo que se cerraba todo, yo agarré a mis hijos, mis perros, lo agarré a Néstor, que es mi marido, y nos vinimos a la isla. Y me preguntaban: «¿Y qué vamos a hacer? Ah, no sé, pero allá yo no me quedo. Algo vamos a hacer». Pero cambiamos nuestras vidas de un día al otro. Lo podés hacer. El andino te diría: “La única consigna para el sumak kawsay es no hacerle mal a nadie”. Si vos no jodes a nadie, podés hacer lo que quieras. Mi hija en verano o invierno anda descalza. Y alguna gente que la ve dice: “Ay, se puede pinchar o clavar un palo o resfriar o cortar con algo…”. ¿Por qué tenés que pensar lo peor? En vez de pensar lo mejor. Podría decir: “Que bueno que te gusta estar descalza, a mí me da frío pero…”. Y no, queremos que todos vayamos por el mismo zaguán que te lleva al mismo lugar. Es tener conciencia de la vida de uno y mientras que lo que vos hacés no le haga mal a nadie, está todo bien, está todo permitido. Pasa que es tan cerrada la estructura occidental, tan limitante. El trabajo, por ejemplo, ¿a quién se le ocurrió que había que trabajar? ¿A quién? Es el peor invento. ¿Por qué trabajamos? Hay gente que está entre el viaje y el trabajo casi doce horas por día. Si una de esas personas se despierta y el de atrás se despierta y el otro también, ¿qué pasaría, no? Yo siento que no trabajo, que tengo un hacer. El hacer puede ser parte del trabajo, eh. Hay gente que dentro de su trabajo está su hacer pero aún no puede terminar de separar eso. Uno puede separarlo del todo o puede cada vez avanzar más con su hacer dentro del trabajo y ya el trabajo empieza a modificarse y en algún momento no trabajás más. Pero si no tenés conciencia de eso, no lo podés modificar. Y eso es observación.
Me parece muy revelador salirse de la idea sumak kawsay como general, como este sumak kawsay de buena vida para todos y bajarlo al sumak kawsay personal. No es ser egoísta. Si yo no me quiero yo, si no me respeto, si no me cuido no puedo querer a nadie ni respetar a nadie. En el sumak kawsay lo que uno crea es siempre para su mejor bien. Sí, lo estás creando es porque es lo mejor para vos. Yo creo con lo que yo siento que es lo bueno para mí.
Nos gustaría darle una especie de cierre a esta charla, aunque sepamos que la cosmovisión andina es una puerta de entrada que abre muchas otras puertas y que ninguna está cerrada, ¿qué nos podés decir?
Puede ser que a lo largo de todas estas conversaciones que empezamos por el 2019 haya cosas que ya hoy opine distinto. Y está buenísimo eso. Menos mal que voy cambiando ciertas visiones u opiniones. Menos mal, porque sino querría decir que no estoy viviéndolo, porque nunca podría ser siempre todo igual.
Siempre digo que lo mejor de las culturas es que nos abran el pensamiento. No que nos metan un pensamiento. Es decir, que el pensamiento del otro nos abra preguntas que nunca nos preguntamos, que lance disparadores. Nosotros decimos que en la Waca (lo que sería un altar) entra todo. Entra la estampita de virgen de no sé dónde, entra el Cristo, el Buda, Pachamama, todo entra. Porque nada de eso habla de una no verdad, sino de verdades propias. Por ahí me parece que tendría que ir. Volvamos a pensar, a sentir y a crear propios pensamientos, propias religiones, propias medicinas. Es eso, abrir. Abrir el pensamiento. Sembrar las semillas de libres pensamientos.

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¿Querés leer el final de esta Conversa?
En un mes sale la última Conversa sobre la cosmovisión andina. Mientras podés leer la Conversa anterior: Hábitos.
Cosmovisión Andina es una serie de conversaciones con Marcela Guerra que empezamos a publicar en 2020. Nos gustaría publicar el libro. ¿Nos ayudás? Contale de estas conversas a alguien o apoyanos con $ tocando estas palabras.
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