DUALIDAD Y MONOGAMIA

 

 

Texto: Agustín Llorca

Ilustración: Sofía Chaskita

Fotografía: Gabriela Sorbi

 

 

 

Yo ahora ya casi con 40 años por primera vez tengo un vínculo en el que estoy hablando de qué onda con la monogamia, la familia feliz, la familia Ingalls y los votos… La primera vez que hablamos algo de eso con vos no hablamos de pareja si no de dualidad, opuestos complementarios. ¿Cómo son las familias y las parejas en los vínculos bajo esas concepciones alternativas a lo que propone occidente?

 

Habría que primero pensar acerca de lo que sería la infidelidad para una pareja común y corriente. En general significaría no tener relaciones sexuales con otra persona. En general termina ahí. No cojas con otra sería. El resto no pareciera una infidelidad. Hay que pensar que la dualidad andina es una dualidad dentro de una comunidad.

 

 

Claro. Que no la está juzgando con el dedo.

 

Exactamente. Y la conformación de la creación del amor, que es diferente, porque es una construcción del amor. Es decir, cómo se construye una pareja en ese trabajo, en esas intenciones juntas, en esa idea de construir una realidad favorable, comunitaria, etc. Esa sería como una base de esa pareja. Dentro de lo que son los pueblos originarios, eso está encadenado a un calendario, a un ciclo de la naturaleza, donde hay que estar abocados, más que a la construcción de la pareja, a la posibilidad de la reactivación de la vida. Por eso digo que hay que contextualizar, porque ¿qué significa eso? Por ejemplo, en un momento vamos a estar dando vuelta la tierra, en otro momento vamos a estar sembrando, en otro cuidando, etc. Y en otro momento vamos a estar disfrutando. Y ahí en el disfrute es donde se abre una posibilidad de intercambio sexual de una manera muy libre.

Ahora, vos pensá que esto que se ve así tan claro cuando vino la colonización lo destruyó desde una construcción diferente, que es la idea del carnaval, donde la gente se pierde, con el vino, con la noche, se pierde entre las mismas personas. Hay algo en la construcción de la pareja que no tiene que ver con el romanticismo. Está focalizada en otra cosa. Entonces yo no estoy tan pendiente del otro como: “Me gusta lo que dice, me gusta cómo habla o cómo camina”. Está focalizada en la multiplicación de la vida, en si llovió, no llovió o en lo que hay que sembrar, etc. Estamos pensando en otras cosas. Entonces al perderse todo eso, se focaliza solo en la pareja. Hay puesto un acento sobre el otro en demasía, porque lo que hace es un trabajo —suponete, el administrativo— donde va de tal hora a tal hora y no pone nada de sí. En una dualidad andina o una dualidad de pueblos ancestrales, no sucede eso. Todo el razonamiento está puesto en el ciclo de la naturaleza, el ciclo de la familia, lo que se está necesitando en la casa, etc. Está mucho puesto ahí. Al focalizar en eso, durante el ciclo del año, la dualidad no tiene ningún tipo de problema. Es solo acompañar el ciclo de la naturaleza. Y la explosión de lo sexual en sí, sin esa carga podemos decir, de estar pensando en el sol, en la luna, en la tierra, en la semilla, etc., se abre en esos días que son posteriores a la cosecha, cuando ya el trabajo, por decirlo así, termina. Y ahí hay como una vuelta hacia el origen mismo del ser humano, que no está teñido por este contrato de la dualidad.

De hecho, hasta el dia de hoy, veo eso que sucede que no tiene que ver con solamente tener relaciones sexuales con otro, nadie sabe lo que pasa. Pueden estar toda la noche dos mujeres hablando, tomando, coplando, que pueden terminar abrazadas las dos durmiendo; no interesa qué hagan. Es como una licencia que trae el origen de lo que necesita el ser humano. 

 

 

 

 

¿Qué necesita?

 

Esta libertad plena sin la necesidad de la creación de la vida o de la realidad, sino que ya estamos totalmente sumergidos en esa creación de la realidad. Vos pensá que para una persona de un pueblo, que está sumergida en ese ciclo de la tierra, le pide y le agradece al sol todos los días. Nosotros en la ciudad es raro que eso aparezca. Nadie pierde el colectivo por saludar al sol en la ciudad. Todo eso que tiene una profundidad existencial, ocupa mucha energía. Esa misma persona que saluda al sol todos los días, después va a su quinta y tiene que trabajar con la tierra, hablarle a la semilla, a las plantas, pedirle al agua, etc.; llega a su casa, ¿va a tener ganas de ponerse a pensar si su mujer se fue con otro? No, su mujer también estuvo depositando su energía en lo mismo pero en otro lugar. No está dentro. Al menos hasta que llegó la colonización, no quiero decir que los pueblos hoy no tengan nada de eso.

Ni siquiera estoy hablando de algo idílico, es algo que está en el pulso de la persona. Solo que hay que volver a encontrar ese ámbito de comunicación con nosotros. Porque no es fácil cuando la directora del colegio de mi hija me pregunta la fecha de nacimiento de mi hija o su número de documento y yo no lo recuerdo. Su mirada de juicio dice: “Qué mala madre”. Aunque no son para mí datos relevantes hoy, el día de su nacimiento te puedo asegurar que estuvo toda mi energía puesta ahí, pero no en acordarme la fecha, porque la atención está puesta en otras cosas. Preguntame otras cosas y seguramente te las puedo responder sin problema, preguntame en qué luna nació y yo te voy a saber responder qué fuerza de luna tuvo su nacimiento. Es muy diferente la carga energética, en donde ponemos la energía. Por ejemplo, en vez de estar pensando si tu compañera está con otra persona, si la secuencia de la vida fuera de otra manera y la construcción fuera diferente, estarás preguntándote si tu compañera se habrá acordado hoy de saludar al sol o cómo la habrá bañado el sol. Y no es idílico, es sólo empezar a ver que hay una posibilidad de construir una vida diferente. Y traerlo. Cuando vos me preguntás qué trae la cosmovisión andina a una persona que no tiene nada que ver. Trae todas estas cosas que pueden traer mayor felicidad y liberar a tu vida, porque cuando se te va ese pensamiento, ese miedo, te liberás. Es como ir manejando pensando únicamente en que voy a tener un accidente y todos los accidentes que hay en esta ruta, y seguramente vas a manejar muy mal. Ahora, si voy pensando en por qué me tendría que pasar algo si yo voy tranquila manejando, despacio, el sol está lindo, no tengo sueño, voy escuchando una linda música, etc., construye otra realidad. Más allá de la sociedad, porque es cierto que hay factores externos y alertas que dicen: “Te va a pasar algo”, pero digo: “Yo pongo mi construcción” y mi construcción es “no”. ¿Por qué quisiera crearme esa realidad?

 

 

Es muy difícil ignorar esos carteles para mí.

 

Es una práctica. No creas que es un chip que me puse, no. Es una práctica que se hace a diario. Perdí el colectivo y en vez de ponerme a insultar me digo: “No, pará, esto debe ser por algo. Yo quise perder el colectivo. ¿Por qué será? No me doy cuenta, no importa. Confío en mí misma”. No confío en el universo, confío en mí. Ese es otro gran error de occidente, depositar en el universo la capacidad de crear la vida y la muerte. Y no, en el universo está todo, ahora sos vos el que agarra lo que quiere de todo ese universo. Yo puedo reconocer que tengo cierta limitación, cierta estructura por ejemplo: “Siempre agarro hombres que me engañan”. Eso es una construcción mía. Eso es lo que yo tengo que modificar, porque hombres buenos y amorosos hay un montón. De hecho, hasta el peor puede ser en tu realidad el mejor.

 

 

Ahora, llevando esto de los carteles que promueven cosas, el miedo en ese caso y la excitación veo yo en otros. Me refiero a la propaganda sexual, eso que está implícito en la cultura, eso que le da centralidad al sexo, que da cierto estatus entre los hombres y convierte a la mujer en objeto de deseo constante. Me cuesta a veces distinguir, como hombre creado a propagandas, cuánto de esto es de afuera y cuánto es de la pulsión natural de adentro. Cuánto es represión y cuánto no.

 

Yo creo que faltan grises en ese camino. Creo yo que le pasa más a los hombres que a las mujeres, aunque a las mujeres también les pasa por una cuestión represiva, como efecto resorte. Si una mujer entra a una fiesta, está socialmente mal visto que una mujer se acueste con todos los hombres. Hay una represión en primera instancia. Antes incluso que el deseo real de esa mujer de acostarse con todos los hombres. Pero claro que podría, ¿por qué no podría? En un hombre no existe esa represión social. Todo lo contrario, el hombre que se acueste con más mujeres es incluso más hombre que los demás. Aún hoy, aunque se esté luchando para que cambie, todavía sigue. Ahora, ¿qué sería un intermedio? Si yo voy a un lugar y veo un montón de hombres lindos, ¿por qué no podría acercarme, apoyarme o hablar más cerca? ¿Por qué no tengo el gusto en eso? ¿Por qué no puedo lograr que eso tenga para mí algo que tenga que ver con la pulsión sexual sin tener que llegar a lo físico? Eso es algo que en los andinos lo vas a ver más liberado, esta cosa de piropearse, de agarrarse, de tocarse entre un hombre y una mujer, entre cuñados, entre amigos, que no siempre llega a una relación sexual. Hay cierto acercamiento que tiene que ver con esa pulsión sexual pero que no termina en una relación sexual, sino que se diluye en un acercamiento que deviene en una charla generalmente. Porque no está la represión generando ese efecto resorte.

Claro que yo podría acostarme con todos, totalmente, pero me alcanza o me satisface esto del juego. Y que no me implica tanto. Porque también hay un intercambio energético muy grande en el encuentro sexual. Ese concepto del intercambio energético, creo que está devaluado, en pos de no intervenir tanto energéticamente. Pero esta forma de no reprimir la pulsión, equilibra entre la liberación y el no necesitar llegar a la concreción del acto sexual. Con diferentes implicancias y matices en el tiempo. Esa forma de vincularnos, permite no generar represión ante la pulsión y que yo realmente hago un intercambio energético sexual con la persona con la que estoy construyendo ese pulso de vida. Me parece que anda por ahí esa idea. Yo he visto a lo largo de mi vida a mis tías “coqueteando” de una forma hermosa con amigos o parientes, con mucho disfrute de esa energía que está fluyendo pero no interviniendo desde ese intercambio energético puntual que es una relación sexual. La mayoría de las personas no tienen claro qué es lo que sucede en una relación sexual, creen que solamente es una cuestión física, como una descarga física de concretar un deseo, algo más fisiológico, y no esa conciencia plena del intercambio energético que hay y que eso si yo lo reservo a la construcción de la vida. Casi ni hablaría de la construcción de la pareja, sino de la construcción de la vida. Y este matiz libera y derriba muchos mitos. Por ejemplo muchas mujeres que no creen que pueden disfrutar de eso porque se ven feas. Eso a la mujer andina no le importa, si está mal vestida, si está gorda o está con chancletas, no le importa. Lo deja ser igual. Está más allá de si le gusto o no le gusto al otro. En cambio, en esta sociedad hay una especie de valor superior en la mirada del otro. A mí no me importa, porque no lo estoy haciendo por él, lo estoy haciendo por mí. Esa energía, si queda reprimida, va destruyendo a una persona, se va autodestruyendo. Y ahí volvemos otra vez a ese amor hacia mí. Ese coqueteo es parte de un disfrute íntimo, personal, es para mí, no para vos.

Es lo que sucede en el folklore, cuando vos salís a bailar de a dos es un enamoramiento que dura lo que dura la canción. Cuando llegué a Buenos Aires y empecé a ir a las peñas, me sorprendía que cuando terminaba de bailar una canción el tipo me seguía hasta la mesa. Y yo decía: “¿Qué le pasa a este tipo?”. Eran cinco minutos. Ya está, ya terminó el baile, listo. Ese enamoramiento es casi por uno mismo, por lo que uno está sintiendo, es goce y regocijo del momento. De hecho muchas veces tenés a tu pareja sentada ahí. Yo, cuando enseñaba a bailar folklore, les decía a las chicas: “Vos tenés que sentir el enamoramiento”. Y me decían: “Ay, pero es re feo”. ¿Qué importa? ¡No importa!

Hasta el concepto ese de que la más fea no baila. ¿Viste esas cosas? Pelotudeces. Vos en el campo no las vas a ver. Hay como una energía que está activando mi energía. No importa si es vieja, casada, no importa nada. Hay que aprender a sentir ese amor sin depender del otro. Es una energía que está activa en los cuerpos. Estas cosas hay que empezar a mover para ablandar la vida. La represión es una tensión constante, la vida tiene que ser blanda. Hay que empezar a intentar dejar de controlar o ejercer poder, a activar cosas que no tengo ni pensadas ni aceptadas, pero que están. Pero como en todo está influyendo lo cultural, porque a veces las miradas y los juicios del otro están cargadas de violencia.

 

 

 

Desde 2019 hasta hoy Agustín Llorca conversa con Marcela Guerra sobre la cosmovisión Andina.

 

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En 2 semanas sale la próxima. Mientras podés leer la Conversa anterior: El amor y la vida propia

 

 

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