
Texto y fotografía portada: Guido Zappacosta
Fotografías: Gentileza “Restaurante El Club”
Cuando la cocina es buena, la ecuación es concreta.
La esquina de Belgrano e Ituzaingó, barrio de Benavídez, con sus guirnaldas se enciende. Sillas y mesas copan la vereda porque las noches en el restaurante del mítico Club 12 de octubre prometen felicidad.
Es que, claro, cuando la comida es buena no hay estrategia de marketing ni publicidad que valga. Solo es cuestión de confiar en la justicia poética del boca en boca para que adentro, por ejemplo, el salón esté lleno, la gente contenta y lxs niñxs con kétchup en la boca toda celebrando las papas fritas que dan ganas de quedarse así, chiquitx para siempre.
Te digo que es así, no exagero.
El pueblo de Benavídez sabe, no se equivoca cuando alguien desde la plaza dice que en El Doce hacen una de las mejores tortillas de papas del mundo. Si no preguntale a Luis, vecino y amigo de la casa que, cada vez que pide tortilla de papas, se lleva como de a cinco porque un par son para comer abundante con la flia ese día, y otras más se pide por si las dudas mañana, nunca falte. Y mirá que la tortilla del Doce es llenadora, eh. Por si acaso seguís desconfiando, podés preguntarle al querido Braian, un músico de la vuelta que siempre anda pateando bajo la luna tigrense con sus pensamientos metafísicos y, luego de un sacrificado trabajo de campo, supo darse cuenta que tiempo atrás la tortilla de papas “no” estaba incluida en la carta y que pedirla era como la puerta de entrada al Doce, la Batiseñal, una especie de contraseña para ingresar a las delicias del Club.
Fue así, te digo que sí. Que a partir de la alta demanda de tortillas tuvieron que sumarla a la carta, no había otra, pero esto no te lo digo yo, no. Esta es información oficial que habilita Marlene Guerrero Vargas, la creadora de ese milagro, quien le puso cuerpo, trabajo y corazón para que el espacio floreciera y de esto ya, casi cinco años.

Marlene, vecina de Benavidez de toda la vida, recuerda sus inicios, de cuando vino a ver el Club, que mucho no la invitaba a imaginar este presente. Ella se lo tenía medio escondido, a quienes les iba contando, familia y amigos, le decían: “No, ¿pero vos estás loca? ¿Cómo vas a trabajar ahí?”.
Aparentemente estaba todo mal, nadie le comentaba nada lindo sobre el lugar. Sin embargo, viste cómo funciona esto de querer mucho a alguien. Lxs mismxs que la cuestionaron fueron quienes finalmente pusieron amor y cuerpo para que, en quince días, el espacio abriera sus puertas y a salón lleno; es que el pueblo de Benavidez sabe, lxs vecinxs estaban esperando que algo lindo ocurriera en torno al histórico Club, y así fue.
Para comprender este presente que promete futuro y la dimensión del patrimonio gastronómico del partido de Tigre, es lindo viajar todavía más atrás en el tiempo, casi veinte años en la vida de Marlene. De cuando entró a trabajar como camarera en la vieja estación de servicio Sol ubicada en la Ruta 9 sin saber siquiera cómo hacer un café, o bien que para servir un sándwich de crudo y queso tenía que acompañarlo nada más y nada menos que con un platito abajo.
Y sí. Así empezó Marlene: sabiendo nada.
Con el tiempo y la prepotencia del trabajo profundizó en los secretos culinarios para cautivar el paladar de sus clientes, que le fueron siguiendo sus pasos por los distintos emprendimientos que tuvo hasta el día de hoy. “Hay quienes nos siguen desde hace dieciocho años. Conocemos la vida de casi todos nuestros clientes”, comenta Marlene.

Cuando la cocina es buena, no hay pandemia que pueda.
Aunque, ojo, ¿quién puede decir que la pasó bien durante esa peli mala de terror?
Nadie.
Y el Doce no fue la excepción. Durante un mes tuvieron que estar cerrados para luego abrir solo con delivery como muchos otros negocios gastronómicos que intentaron surfear la ola del Covid con sus diversas estrategias. Afortunadamente, varixs de lxs habitués del Club ayudaron con sus pedidos y más o menos la cosa caminaba. Después, pasado el aislamiento estricto, apenas les dejaban tener unas pocas mesas y era abrir las puertas ante la incertidumbre de si iban a tener o no clientes: la gente estaba muy ajustada y el dinero no alcanzaba. Para esa época y con razón, Marlene andaba medio perdida, sin saber cómo seguir y fue ahí que se sumó su amigo Fabian D’ Angelo. Fue él quien le insistió en continuar después de la pandemia porque ella verdaderamente se sentía rendida. “Si él no me hubiera dado esa mano, quizás hoy estaríamos cerrados”, recuerda Marlene. Por su parte, Fabián, que siendo contador y de gastronomía, cero, los sábados dejaba sus responsabilidades para arremangarse la camisa y ayudarla: tomando pedidos, haciendo delivery, entre otras tareas fundamentales. Así fue que empezaron a trabajar juntxs y hoy conforman el Dream Team.



Cuando la comida es buena, lxs vecinxs se enteran.
El restaurante del club sin dudas es un espacio de encuentro y celebración para la gente de Benavídez. Al estar rodeado de colegios, por ejemplo, o tan cerca del Polideportivo, muchas madres y maestras que tienen que hacer tiempo se sientan en una mesa a tomarse el típico cafecito de nuestra cultura popular. Por eso fue que al comienzo mucha energía femenina habitaba el lugar, aunque hoy El Doce más bien se reconoce en un ambiente familiar donde se reúne el barrio.
También está el día de los hombres. Naturalmente los jueves se fue dando que hay cuatro o cinco mesas de todos hombres que salen de hacer deporte y se mandan para El Doce en busca de la mila napo que es la recompensa que justifica la existencia.
Si hablamos de platos y manjares, tenés que saber que el pollo al verdeo todo el mundo lo pide. Milanesas, lo que más sale. Pizzas y empanadas, antes de la pandemia no había y ahora salen y dan qué hablar. Está el caso, también, de aquel muchachito que, dicen, nunca probó la comida del Doce, pero todas las semanas asoma para llevarse unas Bombeer, esas cervezas artesanales que son características del lugar, made in Escobar.
En el Club te vas a encontrar con los platos clásicos de la mesa argentina servidos por cocineras y camareras que siempre te regalan una sonrisa.
Una esquina ideal para llegar y permanecer sin apuro, porque a veces pasa esto con la colonización del fast food que unx quiere todo y ya y pareciera que el plan es llegar para tener que irse.
Acá no. Al contrario, por favor, qué mejor que estar presente cuando te reciben con alguna cosita rica para picar, alguna berenjenita al escabeche con pan, o alguna otra conserva según la impro del día.
En Belgrano e Ituzaingó, barrio de Benavídez, hay una esquina que invita a quedarse, donde la gente entre mesas se reconoce, se saludan e intercambian porque están vivas y así lo festejan: comiendo y bebiendo rico.
El pueblo de Benavídez sabe que cosas lindas pasan a la vuelta de su casa, porque cuando la cocina es buena, lxs vecinxs se enteran.


QUIERO
Milanesas, pastas caseras, pizzas, empanadas, hamburguesas, carnes, ensaladas, menú vegano, postres, cafetería, tragos, bebidas y la lista sigue.
HORARIOS
Martes a domingos, desde las 18 h.
CONTACTO
@el_restaurante_el_club
TEL: +54 911 4973 5502
DIR: Belgrano e Ituzaingó, Benavídez.
2 respuestas
La excelencia en el café.. las meriendas son espectaculares… divina tardes..
Muchas gracias por todo,yo que soy gastronómico desde hace más de 15 años disfruta de sus postres y de su menú ejecutivo
En el Restaurante El Club festeje mi casamiento es un lugar hermoso ,con buena comida y buena gente …