
En Villa Martelli un grupo de pibes y vecines llevan hechas más de 80 ollas populares. Empezaron en 2020 movidos por la necesidad que veían durante la pandemia. En ese momento en el que hubo que fijarse de qué lado de la mecha estabas, llegaron a repartir comida para 130 personas y revivieron el Club Polaco, donde cada viernes siguen cocinando para acercar la ollita a Vieytes y Güemes. Hoy necesitan una camioneta para volver a repartir verdura los martes.
Texto y Fotografías: Héctor Serres
Entrevista: Silvina Curbelo y H. S.
“La filosofía desde el principio fue: si vos venís con una donación, pasá, probá la comida, fijate, acá está, este es el arroz que donó tal. Mirá todo. Lo más transparente posible”.
Julián está sentado sobre una barra al lado de la cocina del Club Polaco. Es viernes. Algunas pibas, pibes y mujeres de la Ollita están preparando las verduras, otres van y vienen. En dos horas tienen que llevar la comida a la esquina de siempre.

“El que viene participa. Si venís por primera vez, le damos el cucharón y que sirva la comida allá en Vieytes y Güemes. No sientas que viniste al pedo. Participá, sumate, podés participar, es tuyo también. Creemos que eso nos hizo también generar un lazo con la comunidad que es diferente”, nos cuenta Julián. “La gente que está en la olla ha venido acá a arreglar el club, la gente que viene a comer. O sea, un cartonero al que le decimos: Che, si rescatás alguna lata de pintura por ahí, traela. Y el tipo al final de la semana viene y te dice: Tomá, encontré esta lata. Otro: Che, yo sé hacer el revoque / Bueno, vení”.
La charla nos lleva a recorrer el club: adelante Julián nos muestra un cuarto con libros y juegos que fueron donando les vecines, gente de otros partidos e incluso de C.A.B.A. Antes había ropa, pero dejaron de recibirla porque era para problema. En otra habitación hay una bandera y un bombo de la Sociedad Cultural Polaca Federico Chopin; un cuadro de Chopin; el Martelliano, un diario impreso que retrataba lo que pasaba en Villa Martelli (“Acá están los polacos desfilando por Laprida disfrazados de polacos con estos trajes”); algunos trajes parecidos a los del diario y otros objetos de la comunidad polaca que fueron encontrando en el club mientras ordenaban y arreglaban. En el fondo del club, pasando la cocina y el salón, brilla un escenario (“No hay ningún escenario así en todo el barrio, pero ni por cerca”).

Les pibes de la Ollita de Martelli ya pasaron las 80 ollas populares, una por semana desde hace más de un año y medio. En agosto de 2020, entre pandemia, ASPO y las primeras noticias de las vacunas contra el COVID-19, a Julián (Petrucci) y dos amigos, Maxy Coronel y Claudio el Moiro Moiraghi, se les ocurrió hacer la primera olla movidos por la necesidad que crecía en el barrio. Ninguno había hecho una antes, pero igual se mandaron y poco a poco la casa donde guardaban lo que recibían se fue llenando de polenta, arroz, fideos y lentejas.
“Yo creo que cualquiera que se junte con otro y quiera hacer algo por la sociedad lo puede hacer con lo mínimo que tiene”, reflexiona Julián. “Nosotros arrancamos en casa con una olla de 20 litros que tenía mi vieja. No teníamos ningún tipo de apoyo y no somos ningunos genios. Hicimos esto por ganas. Hay mucho para hacer. Hay que ser medio insistentes a veces. Muchas de las cosas que hacemos no nos salen, la mayoría, pero tarde o temprano alguna metés”.
Las primeras ollas fueron en el Club U.V.A.F.O. en Florida Oeste y después pasaron a la esquina de Vieytes y Güemes. Las donaciones crecieron, se fueron sumando otras manos y necesitaron un lugar más grande. Apareció el Club Polaco, que estaba cerrado desde hacía mucho tiempo. Más espacio y también bastante para limpiar y arreglar. Revivieron la cocina, arreglaron el techo, las luces, pusieron internet, consiguieron dos computadoras y todavía hoy siguen mejorando el club desde la autogestión.
“Antes de arrancar ya nos habían ofrecido: Pongo una bandera de tal partido y nosotros les garantizamos, no sé, 20 paquetes de fideos y dos ollas. Nosotros dijimos: No, asegura Julián, que prefiere no profundizar en qué partido político fue. “Si hubiéramos puesto esa bandera, no se hubiera acercado casi nadie. La gente se acerca porque dice: ¿Vos de dónde sos? No, soy un vecino como vos. Listo, tomá. No te preocupes que yo vengo siempre. Es lo que nosotros creímos que podía pasar y es lo que pasó. Por eso la gente no piensa que la van a usar para otra cosa. Vení y construí tu club”.
En la cocina y el salón del Club Polaco, Florencia, Sofía, Juli, Maxy y el Moiro, entre otres, siguen preparando la comida y la logística para las ollas que van a llevar a las siete de la tarde a unas cuadras del barrio Las Flores. “Estamos en un barrio que tiene necesidad pero también tiene para dar. Creo que si hacés esto mismo en otros barrios más vulnerados, va a ser más difícil. Acá hay gente de todas las clases sociales. Muy cerca tenemos gente que tiene mucho y gente que tiene poco; entonces, es más fácil conseguir un colchón, una cama o una heladera en buen estado. Después, eso que no tenemos ninguna bandera partidaria creo que suma un montón. Nosotros no es que no hacemos política, hacemos otro tipo de política pero no con una bandera partidaria y eso hace que la gente se acerque desde otro lado, me parece. Y después tenemos buena comunicación y tenemos un grupo humano re piola”, tira Julián.
Muches de les que hoy hacen la Ollita se conocieron entre barbijos y distancia social. Sofía Bogarín tiene 29 años y en 2020 pensaba sumarse a la Poderosa en la Villa 31, pero una amiga le contó sobre la Ollita. “En ese momento recién arrancábamos y yo no tenía dimensión de lo que iba a pasar. El nivel de relación que íbamos a tener con la gente. Al punto de que te cuenten sobre su vida, sus problemas, sobre sus cosas que les dan alegría también. Y cuando uno empieza como que es muy tímido o por ahí no sabe cómo aproximarse. Yo había militado en la universidad pero es completamente diferente, tenía otras problemáticas, otras formas de dirigirse, y acá me encontré con personas que ya nos consideran sus amigos. Como Abdón, que es uno de los señores que viene. Él es cartonero y ya se queda después que repartimos para charlar nada más, a compartir ese momento. O, bueno, cuando hicimos lo del Presupuesto Participativo en Laprida y así, pasaba con el carro y se quedaba con nosotros un rato charlando, tomando mate o compartiendo. Una vez trajo en el carro una mesa que teníamos. Después le puso el cartel de Yo voto a la ollita”.

Algunes de les pibes de la Ollita también están ayudando a levantar el Club Polaco o son parte de Volver A Martelli (VAM), una ONG dedicada a mejorar el barrio. A fines de 2021 ganaron el Presupuesto Participativo para refaccionar el Club y para tener una camioneta para comprar las verduras en el Mercado Central, gazebos, hacer actividades en las plazas, una biblioteca móvil y una juegoteca con la idea de llevarla a otro barrio o a otra olla popular.
“Unidos podemos lograr un montón de cosas”, cavila Florencia Noceda, que se encarga de la logística, de buscar las donaciones y si algún vecino necesita algo, busca quién podría tenerlo. “En lo individual es medio imposible. No somos seres individuales en ninguno de nuestros aspectos; entonces, creo que esta unión que logramos acá en el club, desde la ollita y desde los diferentes ámbitos donde estamos, desde la autogestión y nuestro lugar, poder darle una mano a otro a mí me hace poder dormir más tranquila”.

Son siete menos cuarto. Les pibes cargan las cosas en la camioneta y arrancamos para Vieytes y Güemes. La mayoría va caminando, hay pocas cuadras desde el club hasta la esquina donde reparten la comida. Les vecines esperan con tápers para llevarse la comida. Algunes charlan en la fila. Durante la cuarentena llegaron a ir más de 130 personas cada viernes; hoy son menos de 30 y en pocos minutos se termina la repartida. Entre elles está José Podolack, de 83 años, jubilado y exmiembro de la vieja comisión de la Sociedad Cultural Polaca (hoy Club Polaco), que él mismo ayudó a levantar.
Aunque fue disminuyendo la gente que iba a buscar comida a la ollita, a su vez les que iban aumentado eran les vecines que se acercaban los martes a buscar verduras a la puerta del Club Polaco. Las «Verdus» fueron otra actividad que organizaba la Ollita de Martelli. Hicieron más de 30 “Verdus” en las que repartían frutas y verduras, pero en enero de este año tuvieron que suspenderlas porque no tienen transporte para ir al Mercado Central. Están esperando la camioneta que ganaron con el Presupuesto Participativo para volver a organizarlas.

Para seguir parando la olla
“Mucha gente piensa que ayudar implica hacerse el tiempo para venir”, dice Sofía, “y trabaja o no la ve porque tiene compromisos, problemas o lo que sea, pero pueden ayudar de miles de formas: difundir, donar alimentos, dinero, lo que fuera. Eso es importante transmitir, que si estamos acá es porque nos ayudan mucho”.
“Es muy importante difundirlo”, comenta el Moiro. “Lo podés armar, podés tener las ollas, pero a veces es difícil llegar a la gente sobre todo cuando vos no estás en ese ambiente. La idea es publicar en dos o tres medios zonales, comedores, de gente que concurre a esos lugares y hacerlo visible. Para que la gente te ayude, hay que hacerlo visible”.
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Otras ollas Olla Barrio Habana
Redes para articular La Ollita de Martelli; Miguel, un vecino que tiene un diario con muchas otras ollas de la zona; Jóvenes en acción; Martelli freestyle; el ciclo de poesía feminista en el Círculo de ajedrez de Martelli; VAM (Volver a Martelli).
Para boyar por Martelli Entre todas las movidas que fueron haciendo les pibes de la Ollita y el Club Polaco, Julián nos contó sobre el mural de 11 metros que pintaron entre unas 45 personas en Estados Unidos y Venezuela, sobre el Paseo de los Pájaros, la estatua de Chopin y la Plaza Cetrángolo…
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Un comentario
Gracias Timbó por la nota. Dan ganas de sumarse a la movida!!