VERANO EN COLONY PARK

Verano en Colony Park es el resultado de mi experiencia en el Bajo Delta del Paraná; la interacción con actores locales (Observatorio Humedales Delta; Cooperativa Isla Esperanza-Reserva Comunitaria Isleña); y de una investigación con herramientas artísticas. Funciona, desde el análisis de construcción e inscripción de sentidos, como mi aporte a las luchas territoriales, canalizando recursos y privilegios del campo del arte: financiación, espacios de exhibición, visibilidad, redes, medios especializados, legitimación.

Este video forma parte de El río y la revuelta, una obra realizada junto a Eduardo Molinari/Archivo Caminante para el proyecto Territorios de Colaboración. Con el apoyo de Casa Río y el Programa Humedales Sin Fronteras. Exhibido en el Centro Cultural Parque de España de Rosario, dentro de la exposición internacional «La Tierra N̶O̶ Resistirá». Equipo curatorial: Graciela Carnevale, Brian Holmes y Alejandro Meitin.

El mismo día que inauguró la exhibición, la obra se estrenó en YouTube. Esta operación permite acceso a un público más amplio que el material encontrado vuelva a su plataforma de origen; además de la utilización de los servicios de la plataforma web: interacción (pausar, comentar, compartir); índice por capítulos; enlaces e información complementaria; etc.

Ya en el año 2010 comencé a trabajar la problemática de la urbanización cerrada Colony Park, en el momento álgido del conflicto. En ese entonces realicé varias piezas (dibujos, fotos, collage, instalaciones, recorridos, etc.) para dar difusión y sumar masa crítica apoyando la lucha por la clausura del mega emprendimiento.

El arte y la política

Voy a utilizar una frase que siempre dice Molinari: «No hay texto sin contexto». El arte puede ser muchas cosas, pero nunca un hecho aislado de la sociedad en la que fue producido, del tiempo y la tierra que pisan sus autorxs o sus interlocutorxs. Ningún paisaje es inocente. Hasta el paisaje más naif es una construcción que impone una mirada y un sentido sobre un territorio, no sólo por la forma de representarlo (utilizando saberes y tecnologías heredadas: perspectiva, color local, profundidad, encuadre, etc, etc) sino también por su contenido: el género paisaje es el que ordena y pone a disposición un territorio para el campo de la economía extractivista. Planificación urbana y cultivos. Perfeccionamiento de la naturaleza a través de la pintura y la mano del hombre. También es lo que la vista abarca: mi reino es todo aquello que se ve desde esta torre.

Digo esto anterior, porque cuando uno habla de política suele pensar en movimientos de resistencia e insistencia, pero no del statu quo auto-declarado «apolítico» o «sin ideología»: la mayor farsa existente en el planeta.

Es todo un dilema la idea misma de Arte (y) Política o de Arte Político. Supone una categorización; y además la dupla encasilla cada uno de los conceptos por separado, que se mantienen unidos sólo por el (y). No hay ninguna solución feliz al respecto. El problema de esta categorización, como el de cualquier otra, es aquello que deja afuera: todas las operaciones políticas realizadas al interior de otras categorías, como sucede en los géneros paisaje, retrato, pintura histórica, escena de género o bodegón. Si bien estoy mezclando diversos criterios clasificatorios, quiero referirme a
estas operaciones políticas que se esconden en un supuesto «apolítico» o «sin ideología».

Hay muchas obras que hablan de la historia, de la economía, la religión o lo social. En general entran en lo que se conoce como Arte y Política. No existe la categoría Arte y Economía, por ejemplo. Sí hay Arte Feminista; Arte Queer; Arte y Tecnología; Arte y Medio Ambiente; Arte y Transformación Social, y otras tantas.

Texto y documental: Santiago Fredes.


Verano en Colony Park

Género: documental.
Duración: 44 min.


¿QUÉ SE DIJO?

PILAR CEBEY
“Pensaba recomendarlo como una peli de terror. Es escalofriante”.

JUAN MICELI para El anticrítico
«Una obra que se dinamita a sí misma».

EDUARDO MOLINARI
«Es una auténtica polifonía».

FEDERICO CITTÁ para Religión de ocho horas
“El material que Fredes reúne es exhaustivo. (…) El montaje y la edición es fragmentaria. La forma del documental colapsa por la sobreabundancia de información. Verlo es como hacer zapping en YouTube un lunes de trasnoche (…)”.

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