NO ME PUEDO QUEJAR

Suelo decir como integrante de la clase media de la cual formo parte hace 35 años: “Y, la verdad no me puedo quejar, somos privilegiados”.
Confieso. Esa frase la utilizo en casi todas mis comunicaciones cuando hablo con otro clase media que me pregunta: “¿Y, cómo te trata la cuarentena?”, como quien te pregunta cómo salió Boquita el domingo.

No me puedo quejar. Soy un privilegiado”, suelo escucharme decir como escarbando argumentos para responder:
estoy bien
me digo y me repito
no me puedo quejar
soy un privilegiado
tengo casa tengo jardín
mentira
no tengo
alquilamos
pagamos bocha de abl
pero quiero responder que estoy bien
tengo que responder que estoy bien
entonces pienso
en los que viven en un departamento y son seis
los que no tienen casa ni jardín
ni balcón ni departamento
los que viven en los barrios hacinados
los que no tienen casa
los enfermos de cáncer
los mineros de Potosí
los caídos en Malvinas
los 30.000 muertos desaparecidos
los pibes de Cromañón
los que se subieron a un barco escapando de la guerra
los médicos que todos los días ponen el pecho
y si
es verdad
no me puedo quejar
soy un privilegiado
¿por casa cómo andamos?
¿estoy bien?
siento culpa
eterna culpa la clase media
me invento angustias por supuestas angustias ajenas
y eso está bien, puede ser humano o solidario, ponele
apenas interpreto lo que siento para saber qué sienten los demás
es la verdad
decimos que estamos bien pero todas las noches pesadillas, sueños perturbados
hay miedo, angustia
queremos que esto se termine y ya
los barbijos aterran
que un chino te tome la fiebre en un chino también
sin embargo le ponemos onda
qué diver el streaming, hay videitos graciosos, humor gráfico del bueno, recetas piolas, viva la creatividad
miles de muertes diarias, paranoia
queremos que se termine y ya
soy clase media
un privilegiado
no me puedo quejar pero tampoco sé si es verdad esto que digo:
estoy bien
solo una forma de decir.

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Texto: Guido Zappacosta / Ilustración: Lucila Presa

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