
Texto: Héctor Serres / @hacheserres
Fotografías: Guido Zappa / @guidozappa
Un espacio de libros de papel sobrevive a las explosiones de un país que loopea crisis. Un negocio familiar en un local alquilado. Una librería progre en San Isidro que surfea grietas con trabajo, rebeldía y afecto. Cuarenta años cumple Notanpuan. Librería, editorial y bar cultural con movidas literarias y musicales.
Al principio les quedaba lejos a les escritores que viven del otro lado de la General Paz hasta que se corrió la bola de lo bien que les trataban (libros, parrilla y noches largas…). Quino, Saramago, Lemebel, Juan Gelman, Diana Bellessi, Juan Forn, Bioy Casares, Fogwill, Sábato, Hermeto Pascoal, Julieta Venegas, Claudia Piñeiro y Martín Wilson son algunes de les artistas que pasaron y vuelven a la librería.
Es una mañana de otoño con poco frío, la puerta de la librería está abierta. Adentro hay más de 35.000 libros y entre ellos, Fernando, Carmela y Milagros Perez Morales, familia librera.
¿Qué les lleva a ser la librería que son hoy?
F: Supongo que 40 años. Es un proceso infinito. Te vas aggiornando todos los días. No sé si tenés un proyecto de la librería que quiero tener. La librería aparece a medida que vas trabajando, que descubrís quién es tu clientela, qué perfil le das, cómo interactuás con la gente. No sé qué nos llevó a ser lo que somos hoy. A mí, que hayamos durado 40 años en este país en estos días me está pareciendo increíble.
M: Para mí tiene que ver con algo del orden de lo afectivo, de un contacto con la clientela que creo que es lo que nos caracteriza y nos hace felices a les tres como libreres, que tiene que ver con la conexión, con poder hablar de libros, que es algo que nos da placer y alegría. Encontrar un contacto genuino en eso. Algo que vas más allá de la materialidad de la compra-venta.
C: Sí. Entiendo que 40 años es un montón de tiempo, pero no sé si es algo librado a la suerte. Un negocio que dura 40 años necesita de un montón de cuerpos, de fatiga, de esfuerzo, que es hermoso y es re romántico, pero hay gente trabajando hace 40 años. No solo hay suerte y arbitrariedad. Ese factor, el ejercicio de continuarlo, de considerar las adversidades, reinventar el negocio cuando es necesario, plantarse frente a estas cuestiones más coyunturales que van sucediendo.
F: Creo que somos rebeldes y afectivos y esa combinación hace que nos quieran todos, porque de alguna manera el que no soporta que seas rebelde sabe que es una librería amorosa. Entonces, está todo bien. Es como ellas decían una vez: es una mezcla entre amor y punk.
¿Te referís a que esté todo bien en particular con la zona, Fernando?
F: Y, la zona es nuestro pulmón, es con quien interactuamos todo el tiempo. Es cierto que a partir de las redes sociales hemos tenido otro público que no es exclusivamente zonal. Eso también nos cambió mucho la forma de trabajo.
C: Y que permite articular dos formas de discurso distintas que están todo el tiempo en diálogo constante. El Instagram por ahí al tener una llegada de gente más joven habilita espacios de ciertas literalidades en relación a lo que uno cree o lo que se piensa políticamente que por ahí en el barrio declararlo sería como una hostilidad para con un público que también conocemos y queremos en la medida en que tenemos diferencias. Está bueno cómo dialogan esas dos cuestiones, cómo la zona es inevitablemente parte de nosotres y lo que nos hace es crecer y lo que más nos gusta y como también estos otros espacios más nuevos habilitan otro juego.
F: Somos progresistas pero no se lo refregamos a nadie.
No son provocadores, provocadoras.
F: No.
M: Nos divertimos.
F: Nos divertimos. Yo quiero a mis viejas de derecha que vienen hace 50 años, las adoro. Uno está grande para pensar que de un lado hay buenos y del otro malos. Eso también es como no tener una grieta en la cabeza la interacción con el público.
C: También es cierto que San Isidro es un barrio conservador.
— ¡Hola!, ¿qué tal?
Por la puerta de la librería acaba de entrar un pibe.
— ¡Hola!, Milagros se levanta y se acerca a atenderlo.
C: Sin embargo, creo que a la vez que hay algo que funciona como, de alguna forma, polo cultural para el barrio que también permite ver que no todo San Isidro es conservador y aterrador, que hay un montón de gente en una búsqueda cultural, de armar movida acá, de militar la zona, de generar cosas que salgan de esa idea de San Isidro como…
F: Hay mucho talento también y eso logró también la librería: juntar tanto a nivel de escritores, músicos, artistas plásticos. También le abrimos las puertas a mucho talento que, por un lado, San Isidro está discriminado o maltratado desde el progresismo pelotudo palermitano.
C: Que es igual de derecha.
F: Claro, que gana Macri con el 80%, pero tenés otro discurso. Nosotros lo que hacemos es sostenernos, no dejar de ser quien somos, pero no en ese ser agredir al otro. Vos sos un comerciante también al final de todo y eso tiene que ver en la interacción con el otro. Ahí hay un respeto, eso es lo que creo que hemos logrado, mútuo. Nosotros hacia quienes vienen y ellos hacia nosotros.
Notanpuan es no solo una librería, sino también un espacio para otras movidas: ciclos de literatura (Poesía a la parrilla), de música (Notanjam), ¿no?
F: Hemos hecho «Los escritores serán sus libreros», que vino Ronsino con Consiglio, Piñeiro y Travacio a hacer de libreros. Era una movida que nosotros hacíamos hace 25 años y venían Juan Forn, Rodrigo Fresán, Guille Sacco, Fogwill y ahora se hace por todos lados (Libreros por un día y esas cosas), pero que pegó. Ahora vamos a hacer otra el sábado 8 de julio con Juan Mattio y faltan dos que estamos viendo.
¿Va a tener relación con los 40 años que cumple la librería en junio?
C: Ya estamos como empezando a festejar todo (risas).
F: Voy al baño y digo que es por los 40 años (risas).
C: Igual en cierta medida nos permite que todo sea más festivo que lo normal.
F: También hay una realidad que se nos viene encima. Nosotros queríamos hacer un festejo a lo grande y no nos da la economía ni para hacer una fiesta. Esa también es la otra realidad. Nos encantaría poder festejar como en algún otro país civilizado del mundo después de tener 40 años el negocio, supongo que estarías en condiciones de agasajar. Bueno, nosotros ese día tenemos que atender en la barra también.
Como están laburando ahora.
F: Es día a día. Vivimos día a día. El que va a una librería por un sentido económico está jodido.
¿Hay alguna otra movida que vayan a hacer?
M: Sí, el sábado 3 de junio es la primera fiesta oficial por los 40 años. Va a ser una movida de Poesía a la parrilla. Vienen por ahora 6 poetas amigues, gente maravillosa, que admiramos, bla. Y la idea, después de eso, sí es brindar, celebrar, bailar un poco.
F: Fiesta, pero no una fiesta institucional, que invito a todos, sino una fiesta con amigos. A la larga, lo que uno quiere.
M: En los eventos de poesía, desde que los volvimos a armar pospandemia, como que se fueron armando muy bien. Gente con ganas de venir, una apertura a la escucha muy linda. Muchas veces se piensa a la poesía como algo potencialmente muy solemne y se generó algo contrario a eso, muy alegre, muy festivo. Entonces, está bueno abrir el espacio para escuchar amigues, para darle ese ritual de pasaje a la literatura y después que sea una fiesta. Volviendo un poco a las síntesis cursis, Notanpuan es un poco eso. Es literatura. Capaz está algo del juego de Notanpuan. No somos Puán pero un poco sí. Entonces, la literatura y la relación activa con el interés por las palabras está y, al mismo tiempo, está la cosa no tan, la cosa más rea, la cosa de que sí emborrachémonos después de la lectura de poesía y bailemos.
F: Sí, 40 años te tenés que emborrachar, no te da muchas opciones.
¿De dónde viene el nombre?
F: Le puse porque tenía mucha música la palabra y después porque implica que la literatura no corresponde solo a un ámbito universitario. La literatura puede venir de cualquier lado. Un poco Notanpuan refleja eso.
Escuchándolas hablar, personas tan aferradas a la palabra, a todos estos libros, ¿cómo se relacionan con ese lenguaje inclusivo que cae mal?
F: Sí, yo no lo uso porque generacionalmente pero… cuando ves a la gente que le molesta, sabés que tenés que usarlo también. Hay un poco de eso. Siempre tenemos comentarios cuando publicamos en inclusivo, pero no hay que darle bola. Uno hace y… puteame si ni te voy a contestar.
M: Yo estudié literatura, no en Puán. Estudié materias de gramática y morfología y nos enseñaron a conjugar correctamente en lenguaje inclusivo. Gramaticalmente funciona. No todo academicismo es anti. Y además pensando como lectora, de poesía, como lectora moderna y posmoderna, el lenguaje muta y la gracia de la literatura es que el lenguaje muta.
Retomo lo del espacio afectivo, porque ustedes son familia y además creo que trabajan entre amigos, amigas. ¿Cómo es trabajar en un espacio afectivo?
F: Creo que es de la única forma que sabemos trabajar los tres. La librería no es un comercio como cualquier otro negocio. Genera una relación interactiva entre dos personas, uno que viene a buscar un libro y uno que te lo quiere ofrecer, que va mucho más allá de cualquier otro negocio. No es una elección ser afectivo, es ser lo que somos. No veo otra posibilidad.
C: Al mismo tiempo no todo es romance.
¿Qué es ser librere?
C: Yo lo entiendo como en la línea de lo que es un oficio. No lo pensaría como una profesión, como aquello que necesita una preparación académica. Siento que ser librero se funda en el oficio de mentir, porque no tiene tanto que ver con lo que uno sabe. Entonces es construir algo a partir de lo que falta, de lo que no está, de una información que uno no tiene. Como muchas veces sí se la tiene, pero hay algo de adivinanza, de especulación, de disfraz.
F: Se miente pero con buen espíritu. Es con buena leche, digamos, para llegar a lo que el otro quiere.

Estamos hablando de que, por ejemplo, te vengo a pedir una recomendación de un libro y no me conocés.
F: Sí, te voy a preguntar qué libro te voló la cabeza, qué te gusto y yo con eso ya empiezo a moverme. Vos le sacás dos datos al que venga a buscar (hasta pueden ser dos datos que no tengan que ver con literatura) y podés saber qué quiere leer.
C: Tiene 37, es arquitecto, lee poco.
F: A veces jugamos que alguna persona que entra desde acá decimos qué va a pedir. Hay un physique du rol que determina que va a pedir determinada cosa. Podés pifiar. Es muy intuitivo. Ellas tienen una formación académica más grosa. Yo soy más salvaje. Vos ya sabés, con que te tiren un autor, por dónde podés ir. Cuando ya conocés mucho al cliente, podés empezar a jugártela. Cuando tenés una relación, decís: “¿por qué no probás con esto?”. Ir sacándolo, pero con mucho respeto siempre hacia lo que el otro quiere leer.
C: Hay que pensar en el librero que leyó todo como una articulación de todes los que forman parte del espacio. Somos 6 personas, con lo que leyó cada une ahí te podemos decir. Una especie de Frankenstein.

¿Alguna historia en estos 40 años?
F: Una vez una clienta me pidió Malbec de Shakespeare. Así se va a llamar cuando escriba la historia de la librería. Nos miramos y ella se dio cuenta que algo andaba mal y yo le prometí silencio, cosa que no cumplí (risas) pero me quedó esa historia.
Quería preguntarles por escritores o libros de estos 40 años. Si pueden nombrar un escritor, escritora por década.
F: Acá vino mucho un escritor que queríamos mucho que fue Bryce Echenique, por ejemplo. Entre los 90 y los 2000 vino varias veces. Saramago fue un punto de inflexión. Además, vino y a los 2 meses ganó el Nobel. Estuvimos años diciendo que fue porque pasó por acá. Fue la primera vez que esto explotó de las movidas que hacíamos. Sobre todo porque, para Capital, San Isidro es como Tucumán. Había una forma de no tratarte, ¿viste? Estabas lejos y punto.
¿No venían los escritores, escritoras?
F: No, costó muchísimo hasta que empezaron a pasarla bien, se corrió la bola y empezaron a pedir venir. Venía el escritor, daba la charla, le dábamos un asado. Lo mamabas, le dabas un porro… el tipo se iba muy contento.
Van 2 escritores, escritoras.
F: ¿Los músicos también o solo escritores? Juli Venegas ha sido una marca estos últimos tiempos. Ha hecho acústicos acá diez veces para 45 personas, que fue un acto de amor, porque no había una cuestión económica para hacerlo. Fue porque ella es una tremenda artista que en algún momento necesitó volver a tocar para poca gente. Cosa que le pasa a los grandes muchas veces. ¿Viste que los Rolling Stones su primer salida de un disco nuevo era en un bar? Nunca en un teatro. Un poco algo de eso necesitó. Y la verdad que Julieta acá era algo increíble tenerla. También vino una vez Hermeto Pascual que nos escribió una canción en la pared sin instrumentos. Hacía trututa tu ta y está ahí el tema.
C: Hizo un pentagrama en la pared y nos pidió a todes les que estábamos acá, les que laburábamos y eso…
F: … estaba tan contento.
C: … que cada uno pusiera una nota. Nadie sabía un pito de música. Después con eso, se lo armó en la cabeza y lo empezó a dibujar.
F: No había venido ni a tocar. Había venido a comer un asado y después empezó a golpear las mesas y terminamos todos cantando. Un personaje increíble. Una mezcla de sabio y salvaje. Cuando vino Gelman, por ejemplo… cuando vino Quino. Esos son nombres muy fuertes que a nosotros nos sacudieron emocionalmente. Gelman tiene esa voz que es monocorde, lineal y se generaba un silencio. La verdad que se te paraban los pelos. Te soy sincero, era emocionante. Y se tomó con Mara, la mujer, una botella entera de Johnny Walker entre los dos y no se les movía un pelo. Una de las cosas que más me impresiona. Yo hubiera estado desmayado. Una tristeza ya… Lo que hacía era lograr que se sostenga. Pero una botella de Johnny Walker, yo no lo podía creer. Y sin hielo, también me acuerdo de eso. Diana Bellessi, Olga Orozco, Bioy vino dos meses antes de morir. Tuvimos una etapa en la que se nos morían los que venían y dejamos de hacer cosas seis meses. Se nos murió Bioy, después Olga Orozco y después uno más… Dijimos «No, boludo, paremos porque…».
¿Algún escritor o escritora de por acá?
F: Sí, Martín Wilson es un escritor zonal. Su libro es como el libro de los chicos malos del norte, Qué paja ir al centro. Se vendió mucho en la zona. Después, la gente joven de la zona se conecta con la música mucho, ¿no? La movida de jazz explota.

¿Imagino que la editorial Notanpuan fue un paso importantísimo, no?
F: Sí, fue un paso importante. Tener una editorial independiente es una locura. Existe por la pasión que uno le pone porque no hay forma de rentabilidad. Por un lado, me emociona el laburo de editor y, por otro lado, me frustra. Las dos cosas me genera.
¿La falta de ventas?
F: No, lo poco que podés competir contra las grandes. A nivel publicidad, para que te critiquen un libro tuyo, antes van a pasar veinte de Planeta, treinta de Random y cuarenta de Riverside.
Les faltaba a ustedes dos elegir a los escritores, escritoras si quieren.
C: Dale. A mí me sucede sobre todo en los últimos años, pensando en la década, creo que un poco las dos cada vez leemos menos ficción. Siempre es increíble. Obvio que una vez cada tres meses voy a estar volviendo a un novelón pero nos hemos hecho más lectoras de poesía, de ensayo, de filo. Hay un autor de la década del 2010, Eliot Weinberger, que es muy único y muy especial y como una especie de viejo erudito estudioso de mitologías folclóricas de lugares rarísimos pero que se para frente a eso desde un lugar bastante politizado y al mismo tiempo poético. Es una de las cosas de los últimos cinco años que a mí más me paró frente a algo que no conocía. También la obra de Mirta Rosenberg, eso por ahí más 80s, 90s, una de las grandes poetas argentinas. Es una mina que tiene una música, un contenido, como un espíritu.
¿Y escritoras, escritores del conurbano norte?
C: Bueno, editorial Saraza, de publicaciones LGBT, de Boulogne. Es un proyecto que me parece muy lindo. Como emprendimiento está buenísimo y además ha durado. El diario de Bolivia, de Gonzalo Beladrich. Son unos diarios de viaje por Bolivia y Perú. Y Facundo Soto también. No sé si ellos son zonales, ahí es donde me pierdo.
¿Algo que te gustaría que no quede afuera de esta charla?
C: Es un trabajo que queremos mucho frente a las adversidades. Al menos mi hermana y yo con la edad que tenemos y con algunas ideas un poco más radicales que papá que trabajó 40 años, no dejar de reconocer que la autogestión es muy ingrata, no es romántico. Entonces, es difícil trabajar. Lo dijo Pavese: “trabajar cansa”. Entonces, 40 años son un festejo pero no porque festejemos trabajar. Festejamos este espacio de encuentro.
Seguir estando.
C: Sí sí, sostener, existir.
F: Y, en este país se festeja esto.
En la charla en la feria Leer, vos hablabas del aguante y la resistencia por este mismo tema.
F: Claro, termino de cancha: aguante; y en términos intelectuales: resistencia. Un poco eso.
Mantener un negocio, una librería, en Argentina 40 años.
Y mantenerla plural e independiente. Es lo que a mí me significa, ¿entendés? No haber transado a lo largo de 40 años. Mantener lo que pensamos nosotros. Ahí también decía que un librero puede tener una ideología pero una librería tiene que tener todas. Esa es un poco la idea de Notanpuan también.
Está buena esa frase. ¿La podés ampliar un poco más?
F: Hubo un conflicto cuando salió el libro de Macri, algunas librerías decidieron no venderlo. No sean caretas. ¿Cuántos libros vas a vender que no te gustan? Vos no estás para vender los libros que te gustan. Yo no puedo elegir por sobre el cliente. Si mi cliente quiere el libro de Macri, qué carajo me importa lo que yo piense de él, ¿entendés? Es un poco eso. Se armó una discusión en las redes, donde yo dije: «Muchachos, yo no elijo por sobre el cliente». Me parece un autoritarismo disfrazado de que sos un progresista demócrata. No deja de ser una decisión autoritaria no vender un libro.
¿Alguna vez decidiste no vender un libro?
F: No, yo te vendo hasta Mi lucha. Yo creo que alguien lo puede leer para una guía académica. Los sabios de Sion también te lo vendo. Yo no soy quién para decidir eso. Además, yo soy de los que pasaron la dictadura y la represión. Yo no voy a prohibir un libro después de todo lo que viví. Yo quemé con mi viejo en la parrilla de mi casa mis libros. Entonces, yo sé lo que es la prohibición.
M: Yo quizás en algunas cosas concuerdo, en algunas no concuerdo, pero a lo que voy a es que hay una decisión profundamente burguesa y pudiente en decir: “Yo no vendo el libro de Macri”. Obvio que si sos una librería en un barrio burgués y bohemio, superchiquita, superespecializada, nadie te va a ir a pedir el libro de Macri, lo van a ir a comprar a otra librería. Acá somos una librería generalista, la más grande que hay en el barrio, vendimos 80 libros de Macri, no podemos no vender 80 libros. Ahí hay una decisión económica. Para mí no es una decisión ideológica, es una decisión de supervivencia.
F: Y, además, por ejemplo el libro de Cristina se vendió hasta en los kioscos. Se vendió en todos lados: librería chiquita, mediana, grande. Vos vendés libros. A mí me parece que no podés subir al caballo de decidir por el otro. Yo puedo decidir un perfil, qué libros quiero tener pero no definir a este no por tal razón. Por ahí te puedo decir: «A este no porque escribe como el orto», pero también vendo autores que escriben como el orto.
¿Existe un libro que no recomendarían?
F: Y, hay autores que yo no recomiendo ni a palos.
M: Yo no sé si hay un libro que no recomendaría pero cada vez más con clientela de confianza y sin esnobismo, si me preguntan qué onda este y me parece pobre, estoy dispuesta a decirlo. “Me parece poco interesante”, no “es una porquería”.
F: Yo digo a mí no me gustó pero no quiere decir que voy a poner un límite para que no lo lleves.
C: Hay dos libros en particular de una distribuidora multinacional, de un autor de moda que tiene un programa en la radio (que no vamos a nombrar), pero que es un libro malísimo de 140 páginas que sale diez lucas. Estamos como en una especie de boicot alegre. Me parece que es un libro donde encontrás 100 cosas del palo muy parecidas mucho mejores.
F: Está bien, pero también vos te tenés que hacer la pregunta de por qué este libro que es malísimo lleva diez ediciones. Hay algo que el librero se debe preguntar frente a eso. ¿Qué es lo que los demás le ven que yo no le estoy viendo? Porque eso también es trabajo del librero. No solo decir me gusta o no me gusta, tengo que tratar de entender. Yo no lo odio como ellas, lo puedo leer.
C: Nosotras dos lo leímos. Milagros y yo somos dos grandes lectoras de cosas que no nos gustan. A mí me gusta mucho tener una buena argumentación sobre por qué odio.
El otro día a Fabián Casas le pidieron hacer una reseña y no le gustó el libro. Entonces, trabajó esta idea de difundir literatura más allá del gusto personal. No nombró al libro pero aprovechó la excusa para ensayar sobre eso (en El parche caliente).
F: Es que es algo que se viene discutiendo hace años. Ya no hay más crítica de libros malos. Cuando un libro no le gusta a un editor, no saca nada pero no dice que es malo.
C: Creo que solo Otra parte es la única revista literaria que sostiene la nobleza de decir: «Esto es una mierda». A mí me parece muy noble.
M: Juli Venegas en su Goodreads una vuelta publicó sobre un libro que no le había gustado un libro de cuentos y la descosieron. Pero, además, gente que decís tipo son escritores, gente más o menos elevada, que tendría que poder… Porque, además, la autora del libro salió a ponerlo en Facebook, y tipo gente que decís son gente interesante, pensante, comentándole: “Te dice eso porque ella es de una bajeza”. ¿Es de una bajeza decir que no te gustó un libro? No puedo creer lo que está pasando.
F: Yo lo que reconozco es que cuando empecé a ser editor, es muy difícil a alguien que viene laburando un libro hace tres, cuatros años en veinte minutos decirle: “La verdad que no me gustó nada”. No es fácil. ¿Quién es uno para en un rato destruir un trabajo de años?
M: Hay un problema con la crítica literaria argentina en este momento, pero porque se perdió en cierta medida el interés de la crítica como género, me parece, y se volvió una cosa de marketing.
F: Hay mucha plata detrás de la crítica de libros también. Las multinacionales ponen plata. Yo no te lo puedo probar, pero lo sabemos todos. Se ponen de distintas maneras. Te dicen: te garantizo publicidad, no sé…
M: Y tienen 100 ejemplares de prensa y nosotros tenemos 8.
F: Sí, pero no es solo eso.
¿Fernando, hay algo que quieras agregar además de lo que charlamos?
F.: Sí, un profundo agradecimiento. La verdad que también hay eso después de 40 años. Dar las gracias a mucha gente. Mucha clientela que nos hayan aguantado, visto crecer, acompañado. Al mundo editorial, a los escritores que siempre han querido venir y siempre que los buscamos nos responden. Es muy difícil que nos digan que no. Ahí te das cuenta que algo hiciste bien. Un profundo agradecimiento a este país, a la gente.
¿Otras librerías de la zona para recomendar?
C: La Musaraña.
F: Musa Musa sin duda y el pibe que tiene una librería en Juan Segundo Fernandez al lado del supermercado, que era el socio de Sandra (de El Enebro). Tiene una librería chiquita que explota de libros. Me gustan las librerías chicas. En algún momento de mi vida yo fui ese.
M: Un poco todas las librerías del barrio que no son de cadenas tiene re buena onda. Las chicas de La pieza en el bajo también.
F: El Enebro en San Fernando. Sandra es una muy buena librera, también formada acá. Eso es otra cosa que no te dijimos. Una de las cosas que más orgullo me genera es cuando me dicen que hicimos escuela. Dos de los grandes libreros que pasaron por acá son los que manejan Cespedes. Un librero que pasó por acá tiene una librería que se llama La batiesfera en Valencia, España, preciosa. Secco Martínez es director de bibliotecas. Siento que se hizo escuela y eso me gratifica mucho. Silenciosamente pero me gratifica.

¿Querés leer otras conversas sobre librerías y literatura del conurbano norte?
Necesitamos tu apoyo para seguir (tocá acá y verás...).