LA OBRA ES LA VIDA – LORENA CACEFFO

He navegado la obra de Lorena Caceffo desde el comienzo al fin una y otra vez como quien navega el río.

Texto: Vale Lamat / Lorena Caceffo

Imágenes, audiovisuales: Lorena Caceffo

Prendada del agua

PARANÁ

La cuenca de mi existencia recibe las aguas de cuatro generaciones consecutivas de habitantes de las islas del Bajo Delta del Paraná. Historias de gentes que han confluido entre abueles y bisabueles en un paisaje común llegadas del Brasil, Italia, Uruguay, Entre Ríos y La Pampa dando origen a varias generaciones de isleñes que han nacido y crecido al arrullo y la bravura de una naturaleza abundante en todos sus sentidos.

Las islas.

Donde los amaneceres no siempre han sido de pájaros de buen agüero. Donde en las andanzas de los barcos, los días y las frutas se ha ido esculpiendo la magia del verbo hecho acto y la cadencia en la palabra. Latidos de un pantano en unos cuerpos que han recorrido pasajes entre los tiempos y los lugares. Que han pulsado como el Paraná entre lo seco y lo inundado. Entre la riqueza del alma y la pobreza del trabajo de las manos abundantes en el asirse del mundo. Entre la vida exaltada como cantos de zorzal en primavera y todo lo muerto del silencio, la migración y el destierro. Las islas también guardan soledades y misterios.

Isleñes.

Como si el devenir del paisaje en su lógica plena quedara grabado en las formas de transitar la propia vida de quienes se han afincado, se han parido y se han crecido en él. Yéndose sin irse nunca. Volviendo y volviendo siempre. A veces con el cuerpo y a veces con la distancia.

El embrujo de los vientos insiste y gira las brújulas hacia un norte identitario que tiene color. Color de río asoleado. Y aroma. Aroma de suelo espumoso capaz de parir los más altos nidos, nogales y azares. Que tiene el sabor de las costas como voces mañaneras y nocturnas y la mirada larga del camalote que anda. Un sentimiento en la piel. Tacto de escamas; que crece al salir de las bocas de un arroyo a la panza del gran río…de un siempre andar que respira en su caudal y viaja. En canoa de palo, en gallineta gritona, en pan del horno de abuelas y en ciervita del pantano. Que sabe de raíces indias casi casi sin saberlo y de un bandoneón que se labra como al mimbre y al canasto y a la helada entre los dedos.

Yo nací en el continente, tan a la orilla de las islas que me presiento anfibia. Soy primer generación de esta herencia directa de aguas nacida en tierra firme, no pantanosa a los pies y sí pantanosa en los modos.

Me recorro una y mil veces entre las danzas del juncal para saberme porque esa ha sido mi canción de cuna aunque tal vez nadie me la haya cantado con la boca. Esas canciones se cantan con el alma y se saben en los ojos y en la panza y en los dientes.

Soy raíz de los sauces besantes del río porque así me siento.

Vuelvo y vuelvo y vuelvo siempre. Casi siempre con el cuerpo, casi siempre con la distancia.

Nunca me voy aunque me vaya porque los años de río de mi cordón umbilical son más largos que los de tierra y me llaman y me devuelven. Húmeda, anfibia. Existiendo en lo híbrido del puerto, del sueño del barco y lo agreste del paisaje.

Por eso tengo la mirada larga del camalote que anda y una emoción en la piel cada vez que salgo del arroyo para entrarle al agua grande. Y una brújula que se gira con los vientos hacia un norte identitario que me crece y me crece y me crece en El Delta del Paraná.

Me viven las Islas y yo me dejo agradecida y buscante siempre.

Al río Barca Grande, especialmente, mi eterno Amor.

Amor para siempre.

Lorena Caceffo 2021

Navegué toda su obra escuchando este su canto y le escribí.

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