DONDE HAYA UNA NECESIDAD, HABRÁ UNA BIBLIOTECA

 

 

Con 96 años de historia en el barrio, la Rivadavia de Villa Ballester es un espacio de encuentro y resistencia.

 

 

Es sabido que como todo territorio mestizo, el Conurbano está hecho de contrastes. Esta no es la excepción: la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia se impone justo frente a la Plaza Roca. Delante de los ojos del expresidente responsable de la Conquista del Desierto (sic), respira, crece y se multiplica uno de los espacios de referencia para la inclusión y la cultura barrial del partido de San Martín.

 

Durante las últimas décadas, su conducción se redefinió en múltiples oportunidades bajo una misma condición: la cultura popular como identidad. Vicente Borrone, Celeste Pereyra, Roxana Bernaule, Miguel Fernando Rodríguez, Facundo Baygorria, Sofía Muiños son sólo algunas de las personas que guiaron los ciclos del espacio. Actualmente, su directora es Ayelén Challier, una trabajadora de la educación y activista cultural del barrio.

 

“Históricamente las biblios barriales cumplen la función de ser un espacio de encuentro. En ellas dialogan constantemente diferentes generaciones, expresiones artísticas y culturales, intereses y objetivos, lo local con lo no local, eso de lo barrial en diálogo con lo que viene de afuera y se comparte”, dimensiona Ayelén. Y completa: “Es el espacio donde todo sucede, lo institucional con lo no institucional, la educación formal con la informal, y no se crean tensiones negativas, sino todo lo contrario: se crea un diálogo con tensiones que construyen”.

 

Como todos los espacios culturales independientes del país, la pandemia puso en jaque a la biblioteca: se suspendieron talleres y se dieron de baja los eventos. Lo que parecía un receso se convirtió en una espera. Al respecto, Ayelén dice que “como comunidad” pudieron “repensar y redireccionar las energías hacia otros proyectos, siempre con la cabeza en la apertura, pensando en que en algún momento toda la sociedad podría habitar otra vez la Biblio presencialmente”.

 

 

 

 

“Las biblios son parte del tejido del Conurbano, puntos donde nos encontramos todo el tiempo. Y ningún espacio sale ileso de la pandemia, tampoco nosotros, pero salimos fortalecidos, con muchas ganas de volver a encontrarnos. Todo esto nos ha dado una revalorización enorme de los espacios socioculturales: esa sensación de casi perderlos fue una cachetada que nos hizo entender que a estos lugares los tenemos que construir, cuidar y hacer crecer porque no somos felices sin ellos”, concluye.

 

Ya en abril la Biblio se despabilaba a puertas cerradas. En silencio, voluntarios del barrio encabezados por Nicolás Baygorria y Micaela Amancay Antonini llevaron adelante un proceso de reacondicionamiento y refacción para dejarla a tono con el desafío de la reapertura. Y no había mejor oportunidad que su 96° aniversario: durante la tarde del 10 de julio, cientos de vecinos se congregaron entre las instalaciones y la plaza Roca para celebrar que, a pesar de las distancias, nada estaba perdido. Dentro se brindaron talleres de poetas feministas (coordinado por Sol y Emmanuel Lorenzo) y de Teatro en Acción (Cristel Majonka), además de una muestra de esculturas de Sabrina Fernández. Todo sazonado por el irresistible aroma de un locro colectivo que ya se convirtió en una tradición de la fecha.

 

Pero como el espíritu de la Biblio es tomar las calles como una extensión del espacio de encuentro (y en amparo de las recomendaciones sanitarias), la mayor parte de la agenda tuvo lugar en el anfiteatro de la plaza: feria de productores locales, música de la mano de Azul, Santiago Magliocco y del dúo Blanco-Farfaglia, poesía con Julieta Bionti, ballet folklórico con el grupo Sonkoy, clase abierta de kung-fu guiada por Daniel Maza, una intervención de activistas del Bosque Urbano y un cierre de parches y chacareras fogoneado por Hernán Farías y la Percuteca Legüera.

 

Ahora que la magia se puso en marcha, la memoria colectiva hará el resto: las bibliotecarias Leonor Ramauge y Mariana León Cuitiño ya abrieron las inscripciones para los talleres de Taichi, Kun-Fu, Karate, Iniciación a la Danza para la Niñez, Teatro, Percusión, Guitarra, Bajo, Inglés, Yoga y Dibujo. La Biblioteca también aloja a un «Punto Conectar», el programa de apoyo escolar articulado por el Municipio de San Martín.

 

En la agenda de eventos, ya hay dos confirmados: en septiembre se realizará una muestra de armas de artes marciales japonesas y en octubre el Salón Primavera, el tradicional certamen anual de artes visuales de la Rivadavia.

 

Con su imponente mural como fachada, ya sea como espacio de lectura y estudio, punto de reinserción escolar, centro cultural o escenario, la Biblioteca Rivadavia le abre sus puertas a soñadores, perseguidos y refugiados, la fauna completa del piberío conurbano que siempre anda en busca de una esquina sin frío en la que ser feliz. La plaza continuará llamándose Roca, una ironía que será un recordatorio. Porque la plaza es del barrio. Y la Biblio, también.

 

 

 

 

Texto: Emmanuel Lorenzo

Fotografías: Preto Mendez, / Miguel de San Martín

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