¿Qué pasa con aquello que no se puede prever? ¿Dónde están representadas las voces y los cuerpos que el sistema oculta y estigmatiza? ¿Quién dijo que las historias solo están para tranquilizar? Campusano es un cineasta desconocido para muchos, y un referente para muchos otros también. Se crió en el Conurbano sur. En las calles. Con todo lo bueno y todo lo malo. Vio cine, leyó cine, estudió cine. Un día se compró una cámara, filmó y no paró más. Formó la productora Cine Bruto pero no como un ente comercial, sino como un sostén necesariamente colectivo, al borde de lo comunitario. Recibió premios, recibió críticas, generó polémicas.

Podríamos decir que hace cine popular, pero no, va más allá. Se cuestiona la forma: no se necesitan actores de etiqueta para hacer una película, no se necesita un guion cerrado para hacer una película, no tenemos que recurrir a los mismos encuadres o angulaciones para hacer una película. Sí se necesita una clara intención, un compromiso profundo con lo que se cuenta, disciplina y cooperación en el trabajo en equipo, curiosidad por conocer, autocrítica y pasión para contar lo que no es contado, para ser contado por los que nunca vemos pero que siempre están.

¿En qué barrio naciste?

Yo nací en Quilmes y viví hasta los 31 años en Ezpeleta. De ahí a Florencio Varela, luego a Berazategui sobre Ruta 2 y ahora estoy en Colegiales porque mi hijo está estudiando música en Capital Federal. Fue una infancia durísima, viví la adolescencia durante la dictadura con constante violencia institucional, no tengo buenos recuerdos, al contrario, tengo recuerdos bastante horribles de esa época. En mi casa estaba con mi madre, portera de un colegio, y mi viejo, que era albañil, bastante convencional en ese sentido. Un hermano menor y un hermano mayor. Yo ando mucho en la calle, era el contacto con todo lo que sea humillación, las perversiones, el bullying. No era una zona para nada precaria, había asfalto y demás, pero había una dosis de violencia muy notable. La calle también tenía esa cuota de solidaridad si la sabés llevar. En líneas generales había un nivel de crueldad bastante superlativo en los años 70, 80.

¿Usabas el tren?

El tren lo usaba mucho, sí. Era el medio inmediato, gratis, nadie pagaba y te movías. El tren era un salvoconducto interesante, el Roca. Y venía para Capital, porque La Plata era bastante más rural en ese momento. Me iba a Capital a ver cine, veía muchísimo cine. Éramos un grupo de cinéfilos del barrio.

¿En esa época te empezó a obsesionar el cine?

La obsesión viene desde siempre, yo soy maniático y obsesivo del cine desde el primer momento. Y ampliamente devoto de todo lo que tenga que ver con el cine, lo veo sublime. No hubo que decidir nada, ya estaba todo decidido cuando nací. No iba a hacer otra actividad.

¿Qué películas recordás de ese momento?

Me acuerdo de Pixote, que la vi en el 81. En ese momento teníamos la ventaja de un espacio televisivo que hoy no hay. Había un gran nivel de diversidad, muy notables. Los canales compraban títulos muy viejos, y en esos paquetes había películas que hoy no las encontrás en lo que es contenido. Yo he visto películas maravillosas, con diversidad desde lo visual. Lo que a mí me apasionaba eran esas películas rupturistas, como la australiana Outback (Despertar en el Infierno) del 71. A nivel comercial fue un fracaso, un fiasco, y a nivel critica también. Película que no complace para mí es una película valiosa, y esta lo fue.

¿Qué tienen esas películas para vos?

Tienen una tónica que nosotros hoy respetamos al momento de abordar un determinado segmento social, sea el segmento homosexual, sea rural, motociclistas, no somos complacientes, no somos de mano blanda. Hay una autocrítica constante que asumimos, siempre que filmamos va a estar sí o sí, no se negocia. No estamos para quedar bien parados ni con este sistema, ni con ningún otro.

¿Cómo son las películas de hoy para vos?

En líneas generales las películas se cuentan, se tienden a fotografiar, se tienden a encuadrar de igual forma. Y creo que ahí hay un lobby bastante nefasto que tiene que ver con un proceso de legitimación de la prensa, del mercado, de los festivales, de las distribuidoras. Si te salís un poquito de la línea, te saliste del todo. Para que te sigan teniendo en cuenta, tenés que seguir siendo un buen alumno del cine, y yo creo en los malos alumnos, me encantan los malos alumnos, los detractores y erroristas porque es ahí donde se generan grietas y a través de las grietas aparecen las crisis. Hoy se hace cine que se parece excesivamente a sí mismo y no a ninguna otra cosa. De los años 80 para atrás, era otro panorama.

¿Esa repetición del cine actual se da tanto en lo temático como en lo técnico-narrativo?

En todos los aspectos, sí. En la artificialidad de los estereotipos, porque son estereotipos heredados del cine comercial, de la propaganda, que ha hecho estragos en lo que es el cine. No ves seres humanos de verdad. Yo creo que hay una crisis que es bastante notable en el área audiovisual. Y es buena que esté por el hecho de que se haya concentrado el poder más que nunca. Es muy difícil que te programen en un festival porque básicamente se ha concentrado en buenos alumnos de ese cine.

 

En tus películas se trabaja en escenarios reales, con lenguaje, cuerpos, historias de los mismos actores/protagonistas.

Los guiones aparecen dialogando con el otro, aceptando la sabiduría que el otro ha generado, que ha sabido construir a lo largo del tiempo de estar en determinado entorno, que no es el que yo tengo. Básicamente, yo confío en ese conocimiento de campo. En el caso nuestro tratamos de aprender a no hacer hipótesis antes de rodar, el modo de construcción es de una consulta constante. ¿Por qué lo dice de ese modo? ¿Por qué dice eso? El aporte está del lado del otro y no del que filma.

¿En tus películas no se trabaja con un guion cerrado?

Son secuencias que ya han sucedido. Ahora estamos gestionando para hacer una película de curas pedófilos. Tengo un amigo que casi fue abusado por uno que después fue asesinado por un adolescente. Para mí esto tiene un acervo real que la única forma de plasmarlo es escuchando a los protagonistas. Podés filmar mucho de esta forma. El que quiere ser tranquilizado que vea una película gringa, pero hay otro público ávido de vivir todo un secuencial que no ha vivido hasta ahora y que se prestaría a conocer, y la forma más genuina y más verídica posible para mí es esta. Si me vas a tocar tal tema, no seas menos que el tema, tenés que estar a la altura del compromiso.

Es indudable que la película es más inteligente que los propios realizadores.

Absolutamente, porque cobran vida propia. La película hace su propio camino, por ejemplo este año se están pasando en varios países nuestras películas de fin de la década pasada (Vil Romance, Fango, Vikingo, El Perro Molina) sin planificarlo. El momento del estreno es un momento muy crítico, es realmente de pesadillas porque no nos quieren en las salas. Hay poco espacio, es caro estrenar, toda una cuestión que se da por esta concentración escandalosa que ha expulsado a este tipo de cine de las salas gringas. Y las salas que no son gringas programan películas que son “como” las gringas. Lo bueno en esto es que hay fórmulas que también les dan pérdidas, entonces están desesperados. Hoy una película que haya pasado por Cannes no despierta expectativa. ¿Por qué no? Porque han defraudado, no la última necesariamente sino que defraudaron muchas antes.

¿Tenés algún referente del cine nacional en la actualidad?

Aprendí a no hablar de los realizadores nacionales, hay gente muy valiosa. Hay películas dispersas con directores a los que se les va a hacer muy difícil hacer una segunda. De hecho muchos no filman más. Di Cesare, que hizo Buena Vida Delivery, es inexplicable que no tenga otra. Generalmente un director argentino filma cada tres años en promedio. Para mí es muchísimo tiempo. Calculá que antes era cada 3 o 5 años y en 10 años tenías dos películas. No hay talento que se desarrolle con dos películas en 10 años. Yo particularmente filmo bastante, pero busco otros fondos, otras salidas. Todo depende de los socios que tengas y los socios que tenés en rodajes y, si los rodajes no son en tu país, buscarlos porque están.

¿Cuál es tu relación con lo que contás? ¿Qué intención hay en tus películas?

Nosotros ponemos en cuestión el tema de las instituciones, que no es menor. La Secta del Gatillo, tomada del libro de Ragendorfer, abarca la corrupción de la policía bonaerense; Hombre de piel dura es sobre curas pedófilos a partir de historias reales. Son películas que tienen una constante en ese sentido. Estamos trabajando con películas de mapuches, tenemos un documental y una ficción en el Alto de Bolivia, en Medellín, en Chile.

Vos no trabajas necesariamente con actores, sino con personas que protagonizan realmente esas historias.

Exactamente, personas que hayan pagado el costo por ser quienes son. El caso emblemático es Vikingo, lo que dicen es tan verdadero que no pueden decir otra cosa, es su discurso de vida, es un discurso a través del cual han logrado sobrevivir hasta esa edad, sus intereses deben ser escuchados. Para La Secta del Gatillo, la idea es traer guardia cárceles reales y presos que han salido de prisión hace un mes. Hay dos que quieren participar y, bueno, no le podés dar un guion. Básicamente, tenemos que aprender de ellos para que el lenguaje y los diálogos estén vivos.

¿Cómo es ese laburo?

Yo marco las intenciones, desde dónde y hasta dónde debería ir para que eso motorice la trama, que no se disperse la energía del relato. He filmado en aimara, en portugués y en inglés. Yo no hablo ninguno de los tres lenguajes, en realidad nos entendemos desde una intencionalidad, es mucho más rico lo que se puede proponer desde ese lugar. Donde puedo trabajo con improvisación, he filmado muchas películas de esa forma que nunca tuvieron guion. Fango jamás tuvo una línea, se escribió a sí misma.

Tanto en Fango como en El Perro Molina, a partir de un engaño se desarrolla una situación. Y da la sensación que, como en un pueblo, todos saben quién fue o qué pasó.

Vos fijate que ninguno de los personajes quiere hacer el mal. Ellos quieren hacer el bien. Se dicen: “No es con vos, pero esto tiene que ser así”. Hay un mandato de la lealtad, de la venganza, para que las cosas se acomoden pero nadie quiere hacer realmente el mal. Sí, se reacciona desde una desmesura para el otro y entonces como consecuencia alguien muere, y luego otro y así se les va de las manos. Todo sucede en códigos barriales, totalmente genuino y eso que se cuenta realmente sucedió.

Claro, pero en sus formas son todos “buenos”.

Son leales. Yo básicamente me crié con ellos, no es una cuestión de psicópatas o gente mala, al contrario, estás ante gente muy confiable que de hecho no te va a defraudar. Cuando se pasa a otro terreno, es otra historia porque ya saben perfectamente lo que es ceder. Y ceder te puede llevar a ser el idiota útil de todo un sector social, entonces para no descategorizarte tenés que poner el límite y a veces poner ese límite implica una cuestión desmesuradísima y nadie sabe pararlo. Una vez que arrancó, nadie lo puede parar, o no lo saben parar.

¿Cómo funciona esto de la autocrítica después de filmado?

Es interesante porque muchos no quieren crecer como actores, no les interesa, y eso es porque tienen un descompromiso que se vuelve libertad en la composición. Es interesantísimo lo que pasa con las actuaciones. Aparte a mí me encanta darle oportunidad a gente, no hay problema si son o no actores, el tema es que no sean ignotos. Muchas veces esas personas no logran visibilizar el potencial que pueden poner en un encuadre, no creen en que eso sea posible narrativamente y es maravilloso verlo plasmado porque no respeta una lógica académica, respeta una lógica de la existencia.

El resultado de eso es incalculable.

Una persona desconfía de lo que dice, piensa que no es potable para la película, pero lo que dice yo no lo podría componer nunca. Si vos lo bloqueás, no le das lugar como realizador, te perdés de muchas cosas. Yo intento aprender a darle lugar a todo. Con la menor incidencia conseguís los máximos resultados. Favio decía lo mismo. No es abrumarlo al otro, sino dejarlo lo más libre y confiado posible. Ahí aparece otro tipo de lectura. La palabra clave es “confiar”, tenés que confiar en que lo que estás haciendo colectivamente es lo mejor que podés hacer con esos recursos. Entonces ahí aparece otro tipo de cine.

En teatro existe una rama que es el Teatro Comunitario, ¿se puede llamar así a tu cine?

Yo creo que sí, pero tiene que haber una mente rectora, porque si no no filmamos más. Ahora bien, está bueno que sea comunitario y es muy posible de hacer cine comunitario, pero la toma de decisiones tiene que ser de parte de gente que esté acostumbrada a tomar decisiones. La raíz tiene que ser comunitaria si hay dividendos o cosas así, cada cual se lleva una parte. Hace 20 días me mandan un mensaje de un grupo de motociclistas de Entre Ríos. Esta gente está organizando un moto encuentro y me ofrecieron recursos para ir a filmar una película. No fui porque estoy con muchísima actividad. Pero pensá esto: tenés un sector de la sociedad que se organiza y consigue recursos para filmar una película, es revolucionario.

La amistad también está muy presente en tus películas.

Tiene que haber un catalizador. En el cine gringo todo el mundo se traiciona. Es muy extremo eso y comprobé que no es así. Muchas veces, cuando el mal tiende a preponderar, cuestiones como la bondad, la solidaridad se hacen absolutamente visibles. Mi objetivo es dictar un testimonio de un proceso de una cultura en la historia. Ese proceso nos tiene que permitir ver qué estamos haciendo mal como sociedad. Hay cosas en las que perdemos objetividad y son cosas brutales. Si vos ves la misoginia de las películas argentinas de los 60, 70 y 80, hoy en día con toda la militancia hubo una ruptura en un sector no menor. En un tiempo la colectividad gay era muy atacada, violentamente atacada. Ahora no asombra ni complica, antes era algo muy distinto. Si el cine ayuda a visibilizar esos parámetros, no es menor porque en el medio se pueden cosechar vidas humanas, hay destinos que se tuercen. Lo mismo que filmando temas de comunidades mapuches, lo que sucede no es menor. Si logramos poner esas voces en un audiovisual, la tarea que hacemos no es menor.

cinebruto.com

La productora lleva realizadas 8 películas y otras tantas en proceso o a punto de estrenar. Se las puede ver por internet o contactándolos. Algunos títulos son: Amor Dévil, Fango, Vikingo, El Perro Molina, El sacrificio de Nehuén Puyelli, El arrullo de la araña, Placer y martirio

Estreno 2020

Se acaba de estrenar Bajo mi piel morena. Podés verla en Cine.ar:  https://play.cine.ar/INCAA/produccion/6337


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Texto y fotografía: Timbó

 

 

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