Tal vez muchos no lo sabían y se estén enterando por este medio: soy adicto.

Si me atrevo a decirlo ahora es porque algo del contexto cuarentena me sensibiliza (e idiotiza de igual modo) y creo es un gran momento para hacerme cargo compartiendo mi experiencia.

Los adictos solemos medir el paso del tiempo en “días limpios”, es decir, días de no consumo. Confieso. Con la energía del año nuevo, el 2020 lo arranqué con pilas, como todos los años, proponiéndome nuevas mentiras.

Enero y Febrero bastante bien, sumando días limpios, aunque otros no tanto. Mal que mal había un aire esperanzador. Fue en Marzo que la cosa empezó a ponerse turbia, más precisamente con el inicio de la cuarentena. Al principio me auto justificaba diciéndome, “Bueno, estamos en cuarentena, es la que hay, tengo que ocupar el tiempo”.

Van más de dos meses y así como la cuarentena se extiende cada 15 días, mi adicción también. Consumo todos los días. Todo el día.  En el living, en el jardín, en la cocina, en la cama, llego a esconderme en el baño para consumir (sé de muchos que hacen lo mismo). Consumir en el inodoro y a espaldas de mi compañera fue el límite.

Ayer, justamente, antes de acostarme me dije, “Mañana es domingo y necesito un día limpio”. Apagué el celular, lo apoyé en la biblioteca y me propuse 24hs limpio, Chau, le dije al celu, Nos re vimos. Mentira.

Hoy es domingo

me despierto

voy a la biblioteca

digo no

pero

¿qué estará pasando en Face? ¿qué en Instagram?

¿cuántos se contagiaron ayer? ¿ya descubrieron la vacuna?

entonces prendo el celular

aspiro una banda de videos

me fumo un par de redes sociales

me clavo un shot de noticias

me duelen los ojos

la cabeza

y consumo

tengo sobredosis de información

y consumo

todo el día

todos los días

consumo

en cuarentena

más que nunca

ni un puto día limpio.

.

.

.

Texto: Guido Zappacosta

Arte: “Ahogado en los pensamientos”, por Pato Morrison

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