Tiempo antes de cumplirse los diez años de la tragedia de Cromañón, con el compañero y fotógrafo Facundo Nívolo, comenzamos a trabajar en la recopilación de testimonios de sobrevivientes con el deseo de publicar un libro. Ese proyecto quedó inconcluso sobre todo por motivos económicos aunque hoy encontramos en este medio la manera de compartir el material al mundo, para que esté vivo y circule. Nos aferramos a la pregunta de por qué seguir, quiénes éramos antes de la tragedia y quiénes somos hoy. Porque amamos la vida y recordamos. A los pibes y pibas de Cromañón, a lxs que están y lxs que no, a lxs familiares y amigxs, no olvidar. Recordar es pensar.

AGUSTINA DONATO

12 de Marzo de 1989 / Ramos Mejía.

Yo era muy chica. Iba a primer año del Santísimo Redentor y salía a eso de las dos y media de la tarde. Ahí tenía a mi mejor amigo, Mauro, que al día de hoy lo sigue siendo. Él era el que me bancaba, era igual que yo en toda la movida del rock. Nos la pasábamos juntos, íbamos a todos los recitales que nos dejaban (porque en ese momento pasaba mucho por si nos dejaban o no). También estaba mucho en la computadora, en la boludez del msn, de los chats. Jugaba al hockey en SITAS, un club de Palomar. Entrenaba y era re importante eso para mí. Trabaja en un kiosquito que tenía computadoras y como era tan adicta, vivía en los cybers, vivía en ese kiosco que quedaba a media cuadra de mi casa y de repente pintó ayudar a la mina atendiendo un par de horas. No me acuerdo cuánto valía la plata en ese momento, pero no cobraba nada, pero cobraba con las cosas del kiosco, me la pasaba comiendo.

En ese momento Callejeros era una fija, íbamos a todos lados. A Mauro le gustaba el Bordo, Cielo Razzo. Yo iba a ver a Los Gardeles, pero no era tanto ir a los recitales sino de cambiar cds… De Callejeros me gusta todo. Las letras, la música. Me gusta mucho musicalmente la influencia de Juancho en la banda, obviamente el tipo de rock barrial no tan cuadrado como por ahí estábamos acostumbrados con Viejas Locas, con bandas como La Mocosa, que estaban muy de moda en esa época. Callejeros era un rock diferente, más vinculado a Los Redondos, a La Renga, con letras que reflejaban socialmente lo que se vivía en ese momento. Atacaba mucho ciertas cosas establecidas, ciertas instituciones como la iglesia, el laburo, la rutina, el horario, los gobernantes, los ricos… un poco eso. A mí me partió del primer momento, de hecho me los hizo escuchar “Lucha”, mi mejor amiga y yo me negaba, solo por hacerle la contra y estuve un tiempo diciendo que no, pero sí. “Presión” fue el primer cd que escuché. Con Mauro compartimos mucho eso, sobre todo de las letras. Íbamos siempre que podíamos. Fuimos a Obras, Cemento, Congreso cuando tocaron por el Sida. Él fue a Excursio, yo no. Hay una historia en torno a eso que refleja lo chicos que éramos. Era diciembre y estábamos castigados por las materias. Nos habíamos llevado no sé cuántas cada uno, éramos la típica parejita de amigos desastre. Tocaba Callejeros en Excursionistas y “era Excursionistas”. El primer estadio. Teníamos una bandera recién hecha que había debutado en la caminata al Congreso, la habíamos hecho acá, en esta plaza (Mitre), y estábamos re cebados con el show pero estábamos castigados. Y Mauro dijo, “Me voy a escapar”. Y yo le digo, “No, Mauro, yo la verdad que no. En diez días tocan en Cromañón tres fechas, yo elijo ir ahí, no me voy a arriesgar”. Cuestión que él fue y yo no, y lo agarraron, ¿me podés explicar cómo pasa eso? Antes me llamaron los padres por teléfono y a la primera que dije, “Eeeeh”, dijeron, ya está, se fue a ver a Callejeros. Fue el padre solo, lo encontró en la puerta y lo agarró de la mochila. Lo castigaron de por vida más o menos. Por eso no vino a Cromañón. Por eso fui sola a Cromañón. Yo le agradezco que se escapó ese día.

Yo tengo un sentido de pertenencia con el barrio, lo amo, no lo cambio por nada. Esa magia que tiene el Oeste en torno al rock y también de relación a la clase social a la que Callejeros pertenece y desde donde construyen sus canciones. Acá hay mucha gente que iba. A Cromañón fui a las tres noches. La bandera era un tema, tenía que estar. Era mi deber estar con la bandera y agitar todo el tiempo, era un compromiso que teníamos nosotros como amigos. Nuestro agite no podía faltar, porque no era colgarla y listo, era ir adelante, agitarla, bancarse el pogo y tenerla en alto. Fue una fiesta, disfruté las dos noches, la primera fue la mejor. Esa noche yo prendí una bengala. Me recontra revisaron y pasó, todavía estoy asombrada sobre cómo entró esa bengala. La prendí en el tema “Rompiendo espejos” me acuerdo. Fue una sensación buenísima, con el diario del lunes no lo voy a negar.  Uno lo hacía porque se usaba mucho en el rock en ese momento, el que dice que no es un careta. Prendí por única vez una bengala en mi tema preferido, era demostrar el sentimiento que estaba atravesando en ese momento, manifestarlo de alguna manera, hacerlo saber.

Hay que hacerse cargo como sociedad y nosotros como generación. Para mi honrar a “los pibes” es trabajar sobre lo que nos pasó para que no pase otra vez. Creo que necesariamente tuvimos que hacer un aprendizaje: nosotros que estuvimos ahí y nuestra generación en base a nuestros testimonios.

El 30 de Diciembre de 2004 me acuerdo que fui al colegio, era jueves, día de semana, creo que estaba rindiendo. A la tarde fui al kiosco donde estaba trabajando, me acuerdo que estuve en la computadora chateando con “Lucha” hasta último momento, de hecho me acuerdo que me peleé con ella; cosa que después terminaría siendo decisiva, porque a la hora de tener que salir en Cromañón, de aferrarme a algo ahí adentro, pensé en las cosas más inmediatas que tenía por hacer afuera, y una de ellas, aunque suene absurdo, era no estar peleada con Lucha. Salí del kiosco y me fui sola en tren. Allá me encontré con unos chicos que había estado los días anteriores. Me quedé con ellos, me acuerdo que estábamos en la esquina de Jean Jaurés y Bartolomé Mitre tomando vino. Nos quedamos un rato en la vereda y decidimos entrar temprano porque tocaba Ojos Locos. Entramos y nos fuimos al fondo. Algo que me acuerdo siempre es que fui al baño y me encontré con Yonle, una amiga relacionada con el hockey en esa época. Me la encontré las tres noches adentro, de pedo. Era re loco que éramos re amigas y no habíamos arreglado para ir juntas ninguna de las tres noches. No sé por qué me pintó darle unos de esos colgantes medio como con tela de pañuelo, medio rolinga, violeta… a ella le gustaba el color violeta, tenía el pelo teñido de violeta. Me lo saqué y se lo colgué, después nos separamos.

A diferencia de mis quince años cambiaron muchas cosas. Una vida muy adulta, mucho quilombo. Voy a la facultad (UBA), me falta un año para recibirme de abogada penalista. Siempre quise ser abogada, desde chica. Lo que me ha dado Cromañón es otra mirada, todo el tiempo estoy aplicando lo que aprendí a Cromañón y Cromañón a lo que estudio, es una interrelación importante. Trabajo de lunes a viernes en un estudio jurídico en Capital, cerca del obelisco. Los lunes voy al psicólogo, es algo muy importante en mi historia desde hace cuatro, cinco años. Me costó mucho encontrar el psicólogo correcto, fue clave para hacer toda una re significación y un cambio de cabeza y de vida. Hace más o menos tres años dejé de jugar al hockey y empecé a jugar al fútbol que es lo que más me gusta en la vida, mi verdadero amor, lo que quise hacer siempre de chica pero mi mamá no quería. Sigo yendo a recitales, ahora menos, cuanto más grande se pone uno menos va. Sigo yendo a Los Gardeles, a Skay, al Indio a todos lados, a Charly lo voy a ver mucho. A Callejeros me costó volver a ver pero una vez que volví no dejé de ir. Es todo un tema. ¿Por qué hago eso? Porque es algo que siento que tengo que hacer, además de que me hace feliz. La primera vez que volví fue para cerrar, musicalmente y emocionalmente, ver qué me pasaba. Me pasé todo el recital abrazada a mi bandera (que la había perdido en Cromañón y me la devolvieron muchos años después). Sentía que tenía que seguir yendo. Al principio lo usaba como lugar de descarga, iba y lloraba, lloraba pero bien, desahogaba todo lo que no había desahogado por otros canales. También tengo muy presente a los chicos, todo el tiempo, es como el norte metafísico de mi vida, todo es por los pibes. Todos tuvimos una etapa de buscar sentido, mucho “¿Por qué?, ¿Por qué yo no y ellos sí”. Después de un tiempo dejé de preguntarme y dije, “No sé por qué, pero ahora estoy acá y algo tendré que hacer”. Ese paso adelante también lo di viendo a Callejeros, porque fue todo un camino de pasar de llorar a disfrutarlo y a volver a ser feliz ahí. Tuve mis peleas internas en cuanto a si estaba haciendo lo correcto o no yendo a verlos, tanto se juzga eso que uno se cuestiona, pero siempre lo despejé yendo a verlos y lo que yo sentía ahí era único e intransferible y para mí estaba bien porque yo me sentía bien. Lo vivía como una cura. Para mí Callejeros es vida, no es muerte. Ir a verlos me ayudó a re significar mis sentimientos hacia un lado positivo y no quedarme.

No hago nada que no me guste. Eso fue una consecuencia, no quiero hacer nada que no quiera, hago lo que me gusta y con mucha pasión. Soy muy pasional y fanática con lo que me gusta, mis pasiones me definen.

Yo creo que uno tiene que hacerse cargo de lo que es y lo que le pasó, y yo me hago muy cargo de lo que me pasó en cuanto a Cromañón. Siento que a través de los años lo pude internalizar, para mí siempre fue una buena opción trabajarlo e incorporarlo a mi vida con la magnitud de lo que me pasó y también incorporarlo a lo social en la concientización de lo que fue Cromañón como suceso histórico. Hay que hacerse cargo como sociedad y nosotros como generación. Para mi honrar a “los pibes” es trabajar sobre lo que nos pasó para que no pase otra vez. Creo que necesariamente tuvimos que hacer un aprendizaje: nosotros que estuvimos ahí y nuestra generación en base a nuestros testimonios. Esto de las bengalas, el folclore, el descuido, de cómo se vivía en ese momento. Todo es muy sociológico, hay que ponerlo en un contexto de por qué nosotros hacíamos eso, qué nos gustaba de Callejeros, está todo relacionado. Estábamos saliendo del neoliberalismo. La cultura de Los Redondos y de La Renga de los 90´.  Todos los excluidos del sistema iban a cantar las canciones de Los Redondos porque estaban enojados y querían cantar con fuerza todas esas cosas que decían las canciones de Los Redondos, que hablaban de eso mismo. Me parece un error no contextualizar, no encontrarle el por qué social a Cromañón, no fue un hecho aislado que pasó, fue  una consecuencia de lo que estábamos viviendo. Todo lo que podía fallar, falló la misma noche. Eso es lo que termina diferenciando a Cromañón como suceso. Me hago cargo en el sentido de aceptar la responsabilidad que me cabe como público, como persona que vivía el rock y como persona tengo la responsabilidad de transmitir lo que me pasó y hacer lo que esté a mi alcance para que no vuelva a pasar.

Pensando en el futuro me encantaría recibirme. Lo veo como un logro en relación a Cromañón, hubo una época en que todo me costó un huevo y haber podido seguir adelante fue un logro. Aspiro a tener familia, tener hijos, dar vida me parece fantástico.  Me encanta que los sobrevivientes tengan hijos. Quiero trabajar obviamente en la justicia. Viajo mucho, me encanta viajar. Siguiendo a Callejeros conocí casi todo el país, me gusta mucho nuestro país. Me encantaría ir a Europa pero antes quiero conocer bien la Argentina. Cuando me reciba me gustaría viajar durante un año antes de meterme en la vida profesional que va a ser un caos. Tengo aristas en mi vida que a priori parecen bastante incompatibles. Por un lado soy casi abogada y trabajo y tengo toda esa vida seria, y por otro lado soy enferma de Boca, voy a la cancha todos los domingos, a “La 12” y si pudiese subirme a un paravalancha me subiría. Y sigo siendo la misma persona, simple, y si toca el Indio en Mendoza prefiero irme en micro con mis amigos que en auto, y juego al fútbol… no hago nada que no me guste. Eso fue una consecuencia, no quiero hacer nada que no quiera, hago lo que me gusta y con mucha pasión. Soy muy pasional y fanática con lo que me gusta, mis pasiones me definen. Hoy en día no hago nada por obligación, me gusta conciliar esas dos vidas, no me gustaría ser todo el tiempo una, ni todo el tiempo la otra.

Después de Cromañón hago lo que quiero y no lo que no quiero. Vivo mi vida puesta en contexto de que es una segunda oportunidad que le debo a ellos, como que ellos no están y yo sí, y tengo que ponerle pilas. Entonces lo mejor que puedo hacer es vivir la vida de la mejor manera. Tengo un hermano que tiene un año menos que yo y una hermanita que se llama Guadalupe de nueve. Ella tiene mucho que ver porque mi mamá estaba embarazada cuando fue Cromañón. Para mí ella es el paradigma de la vida, es una de las razones para seguir, además, es la relación que hago, la demostración viviente, la parte de la vida de Cromañón. Tiene casi la misma edad, es como la correlación. Yo la veo a ella y es vida, todo el tiempo se me presenta de esa forma, por eso es tan importante mi hermana en todo esto. Vos la ves y es igual a mí, juega al futbol, es enferma de Boca… es yo. Habla como yo, si no me hubiese conocido, no tendría ese espejo.

.

.

.

Contacto: Agustina Donato

Nota e investigación: Guido Zappacosta / Facundo Nívolo

Fotogafías: Facundo Nívolo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *