Todo gran artista irá alguna vez a la salita de teatro o el centro cultural de su barrio.Allí descubrirá algo, creará, aprenderá algo algo algo. En su temprana angustia, la hipótesis de artista será humedecida por la voluntad de un buen docente y se iluminará con el calor de sus compañeros. Poblará así las veredas de su expresión y se transformará finalmente en artista (eso si el centro cultural no cierre por denuncias de ruidos molestos o tarifazos). De pequeña, Paola caminó por las veredas de San Fernando hasta su centrito cultural. En ese momento eran la escuela Normal de la calle Alte. Brown para hacer Danza. O a la Quinta el Ombú de San Fernando. Necesitó de espacios como el Martinelli o el Martín Fierro para mostrarse, crecer y desarrollarse, como hoy lo pueden ser El Picadero del pasaje Discépolo. Viajó desde la Casa de la Juventud de San Isidro al Tigre Hotel para hacer teatro. Todo en el mismo ramal de tren. Ese mismo que hoy usa con sus hijos. Ese algo algo algo se alimentó tanto que, cuando la vida cacheteó, fue para alimentar más su deseo, tal vez la mayor virtud de su interesante derrotero que le contó a Timbó una tarde de lluvia sobre el Pasaje Peredo.

¿Recordás algún momento de tu infancia o adolescencia en el que hayas visto o vivido algo que te haya conmovido y que hoy puedas vincular a tu presente como actriz?

Algo en particular no. Yo no iba mucho al teatro, San Fernando antes quedaba más lejos de Capital. Hay una relación con las distancias distintas que hace 40 años. Lo que se tardaba en ir en el tren, la comodidad del auto, las autopistas. Alguna vez me llevaron a ver Holidays on ice, esas cosas, de pequeña. Sí tengo el recuerdo de lo que me encantaba ir a ver las pelis de Los Parchis en el Cine Hispano o las telenovelas de Andrea del Boca. Eso me entusiasmaba de un modo particular, distinto a lo que le pasaba a mis amigas o a mi hermana. Me acuerdo de mi viejo diciéndome: “Otra vez con esta pelotuda llorando y vos mirando eso”. Lo pienso ahora como mamá cuando estoy lidiando con el universo youtuber o los jueguitos y las cosas que consumen mis hijos, la desesperación que me produce no manejar eso y que todo me parezca una tremenda pelotudez. Evidentemente algo interesante a mí me estaba pasando.

¿Hacías teatro o alguna actividad artística o creativa?

De muy pequeña, a los siete años más o menos, le dije a mi mamá que quería hacer danza. Y me llevó a una academia que estaba por acá. En ese momento en el Normal de San Fernando había unos cursos que dependían de la Escuela Nacional de Danza. Era uno de esos programas culturales que estaban buenísimos porque venía una profesora de la Escuela, teníamos clase con un pianista, cosas que en un taller privado no había acceso, y empecé así. Y quería ser bailarina. Cuando terminé el primario, intenté dar el ingreso a la Escuela Nacional de Danza para hacer el secundario ahí. Mi vieja se espantó un poco porque iba a ser complicado, pero no entré, así que bue… sucedió así. Me dolió un poco, tenía 12 años. Me quedé haciendo el secundario en Tigre y seguí con mis clases de danza. Y a los catorce se abrió la brecha por el teatro: “¿Y teatro?”, “¿qué pasa con el teatro?”. Ahí arranqué con talleres por acá.

¿Cuáles?

El primero de todos fue en el Tigre Hotel, luego en la Casa de la Juventud de San Isidro, que daba Guillermo Aragonés, y estaba también Gonzalo Urtizberea. Danza hice en la Quinta el Ombú, en varios lugares de por acá también. Hice presentaciones en el Teatro Martinelli, en el Martín Fierro de Victoria. De hecho con mi profesora que daba este taller de la Escuela Nacional de Danza seguí bailando un montón de años y sigo en contacto. Son esas posibilidades, esos espacios donde conocés gente que tiene un interés particular en el tema. Esas son las asociaciones que te hacen empezar a circular y abrir el espectro, conocer otros lugares, personas, maneras de pensar. Para mí fue muy importante este encuentro en el Normal.

Todo lo que decidís tiene que ser propio, no hay nadie de afuera que te pueda decir si podés o no hacer algo. En los últimos años se ha dado mucho esta cosa de ponerse a prueba ante los demás. Creo que es el peor lugar para crear, estar a prueba o necesitar la aprobación de otro. Eso genera la destrucción de cualquier expresión artística o intención de hacerlo.

¿En qué momento sentís que te metiste en el teatro a hacer carrera?

No sé si tuve un momento de conciencia en que dije: “Esto es lo que voy a elegir”. A mí me pasa más como una elección diaria. La carrera es algo que puedo pensar ahora pasado el tiempo. Me parece que con el propio hacer me fui dando cuenta que ya estaba dentro del teatro. Inclusive cuando empecé a profesionalizarme, que para mí es cuando empezás a vivir de lo que deseás hacer. Siento que todo fue sucediendo, un devenir natural. Yo paralelamente seguí haciendo danza y cuando terminé el secundario decidí dar el ingreso a la Escuela Municipal de Artes Dramáticas (EMAD) y tampoco tenía la certeza de que quería ser actriz. No sabía muy bien qué era eso. En la adolescencia no fui gran consumidora de teatro, no sabía qué me iba a encontrar. Tampoco es que quería ser famosa o estar en la tele. No sabía muy bien qué era lo que me pasaba. Y siento que caí en un lugar espectacular para descubrir eso, que fue la EMAD.

¿Tomar la decisión de entrar en la EMAD para ser actriz no era tan fácil como hoy?

No, tampoco era una locura. Dentro de mi casa tal vez no era lo mejor que había para estudiar. Igual fui aceptada y acompañada, mi viejo me llevó a San Telmo para anotarme. Era más tranquilizador si yo hacía la universidad porque a mis viejos les costó acceder. Mi viejo hizo el secundario de grande, nosotros los hijos teníamos la posibilidad dada, era una locura no hacerlo. Di el examen de ingreso a la EMAD y tampoco entré, segundo cachetazo.

¿Te afectó mucho ese segunda choque?, ¿te sentiste a prueba?

Siempre sentirse rechazado o no aceptado te hace pensar si servís o no servís para esto. Muchos años después estando como Ayudante de Cátedra me di cuenta que todo lo que decidís tiene que ser propio, no hay nadie de afuera que te pueda decir si podés o no hacer algo. En los últimos años se ha dado mucho esta cosa de ponerse a prueba ante los demás. Creo que es el peor lugar para crear, estar a prueba o necesitar la aprobación de otro. Eso genera la destrucción de cualquier expresión artística o intención de hacerlo. Me parece que eso está muy expuesto de un modo que me sorprendió mucho estando como profesora en la EMAD. El alumno espera que le digan si estuvo bien o estuvo mal. A mí no se me ocurría eso.

¿Cuándo volviste a dar el ingreso?

Dos años después. Y me di cuenta que estuvo buenísimo no haber entrado la primera vez porque fueron años en los que crecí. Hice un taller con Bartís, otro con Pompeyo (Audivert), se me expandieron las experiencias y fue crucial para poder aprovechar mucho más mi pasaje por la escuela. Por eso digo, hay momentos. Fue recontra frustrante no entrar pero estoy segura que fue mucho más provechoso para mí haberlo cursado a los 21 que a los 18 años. También con esta sensación de no perder el tiempo me anoté en el CBC para calmar las aguas en casa. Hay mucha ansiedad en los jóvenes y en los padres por ser productivos. Yo lo veo ahora a mi sobrino pensando a qué se quiere dedicar y es un montonazo, es demasiado para esa edad. Yo tuve la virtud de saber por dónde pasaba mi deseo. No me tuve que poner a pensar en eso.

¿Quiénes sentís que fueron tus maestras/os o referentes?

En la cima la tengo a Marta Serrano, que fue mi maestra en la EMAD. Y Ciro Zorzoli, que era su ayudante de cátedra y alumno. Por eso digo que hay veces que las cosas se dan de un modo porque se alinean o se juntan. Yo entré a la escuela dos años después y entré con Marta, había algo ahí. Ella me mandó a hacer una técnica de danza con la que laburaba y era su eje en la actuación. Ahí se me juntaron un montón de cosas, de experiencias, de intereses que yo tenía por separado y tuvo que ver con no haber entrado a la escuela la primera vez y haber entrado con Marta y después seguir trabajando con Ciro. Claramente, ellos son referentes, es trabajo concreto que hago con ellos y siento que todavía hay mucho camino para abrir y que me interesa. Marta murió ya hace unos años, pero dejó mucho. Con Ciro seguí trabajando como director. Fui ayudante suya de cátedra en Actuación y trabajo con él como actriz. Hice Estado de ira, Tarascones, muchas cosas.

¿Para vos existe un “llegar a” en la actuación?

Yo creo que una tiene que encontrar lo que quiere hacer y el sentido de lo que quiere hacer. Después, está la situación de poder vivir o no de lo que elegiste. A veces se juntan y a veces no. A mí me pasa de encontrarme en una situación exitosa en el afuera, pero que no hay nada de lo que estoy haciendo que me dan ganas de hacer. El sentido que tiene es sostener algo que me vino, pero no tiene que ver con un deseo. Con la tele o la publicidad me pasa eso, no es un deseo, es un laburo.

Hay mucha ansiedad en los jóvenes y en los padres por ser productivos. Yo lo veo ahora a mi sobrino pensando a qué se quiere dedicar y es un montonazo, es demasiado para esa edad. Yo tuve la virtud de saber por dónde pasaba mi deseo. No me tuve que poner a pensar en eso.

Pensando en quienes no trabajan en Capital por no tener la posibilidad, por no querer, ¿es más difícil poder profesionalizarse o vivir de tu laburo fuera de los centros?

Yo puedo hacer una obra que me gusta y trabajar con quien quiero trabajar. La posibilidad de hacer cuatro funciones por semana es posible solo en los grandes centros. Hay algo fundamental que tiene que ver con las políticas culturales, que se abra la posibilidad de trabajo para artistas locales. No hay manera de competir con las urbes a nivel teatro en la supervivencia económica. Son muy pocos igual los que hacen un espectáculo y pueden vivir de eso. La gran mayoría de los actores estamos trabajando permanentemente.

La pregunta surge a partir de pensar que quienes trabajamos en teatro fuera de Capital tratamos de vivir de lo que hacemos.

Hay algo de la organización, de plantear el desafío y la posible organización para que eso sea posible. Pienso que es necesaria la organización interna entre los artistas para ver cuál es la necesidad. Es necesaria una política cultural de la zona para que eso sea viable. No es sencillo, no es solo política cultural, tal vez se volvería posible si existiera una organización entre los artistas de zona norte donde se pueda hacer alguna propuesta a las oficinas de Cultura de los municipios. Me parece que claramente son necesarios nuestros funcionarios para eso. La difusión, la televisión, los nombres convocantes son monstruos muy fuertes. Para un municipio es un éxito traer a un actor consagrado y proyectarlo en pantallas led, pero hay artistas locales que no tienen espacio. Me parece que puede ser un comienzo de movimiento. Tiene que haber una voluntad y me parece que no existe desde la política. Hay una voluntad de artistas agrupados, sí. Pasa que son tantos los embates, como ahora la Provincia de Buenos Aires sacando el apoyo al Festival Provincial, son tantos que tenés que estar volviendo a reconquistar lo conquistado. No es fácil. Yo empecé a hacer danza y teatro en los lugares que tenía a cuatro cuadras de mi casa. Es loco que los vecinos no sepan los centros culturales que tienen cerca.

¿Tu lenguaje es la comedia?

Yo creo que sí. Me parece que es lo que más me interesa. Visito otros lugares, pero la comedia es lo que más me divierte, tiene más capas y más vueltas. Tiene que ver con maneras de humor.

Hace poco te vimos rodando una película con Natalia Smirnoff.

Con Natalia fue una experiencia divina. Fue una experiencia de las más parecidas a las cosas que tengo ganas de hacer. Son cosas que te retroalimentan. A partir de esa peli yo empecé a escribir unas cositas. Tiene un sentido más personal y más profundo de tu trabajo. No sé cómo saldrá la peli, pero el laburo salió buenísimo. Con Matías Luchessi también fue una gran experiencia, filmamos una película que se llama Ciencias Naturales, que acá estuvo dos semanas en cartel, le fue muy bien afuera. Es muy común que en el cine las películas nacionales tengan muy poca pantalla acá y que afuera les vaya muy bien en festivales.

¿Pensás que estás en el lugar en el que querés estar?, ¿hay algo más?

Deseo reencontrarme con algo del deseo primigenio, de cierto trabajo de exploración, de algo que tiene que tener algún otro sentido más que la exposición o el laburo. Yo siento que trabajo con el mejor director de actores que hay (Ciro Zorzoli). Puestistas puede haber más, pero director de actores es el mejor y es con el que quiero trabajar. Expansión en otro sentido, otro lugar, me gustaría poder permitirme replegar este lugar de “estrellato” del cual no reniego porque básicamente mi trabajo es aceptado más allá de campañas exitosas de publicidad (Banco Galicia). Hay algo de mi trabajo que fue muy bien recibido, entonces no hay nada del lugar que ocupo en el medio que me resulte incómodo o que me haga mover. Pero sí la sensación de empezar a traccionar el trabajo de otro modo. Entonces, lo que me gustaría ahora es arriar un poco las velas. Estado de ira, por ejemplo, surgió de dos años de encontrarnos dos veces por semana en un galpón para armarlo. Deseo reencontrarme con trabajos así, con un tiempo propio, con otra lógica.

Texto y Fotografías: Timbó

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