La creciente es una película oscura, gris, un thriller atrapante que sostiene la tensión durante los setenta minutos del film. No una tensión hitchcockiana, sino más bien una tensión como la de quién ve las cosas de lejos, con miedo y prejuicios. Un “cruzar de vereda” porque de frente hay una sombra difusa.

El Delta del Paraná en La creciente es tierra de nadie. Sus códigos se construyen a los tiros, con trabajo pesado mal pago, kapangas y pulpería. Todo digno de un western ¿gauchesco? Matía’, el protagonista, es un pibe de barrio que irrumpe en ese ecosistema social isleño huyendo de algo o de alguien. Llega a un mundo violento, marginal, que no le es tan ajeno como sí lo es el paisaje, los oficios y el río, retratados con excelente fotografía. La historia se cuenta a través de un montaje altamente elíptico -sobre todo en la primera mitad- con planos que cortan acciones, interrumpen diálogos, encriptan situaciones. Para algunxs espectadores, eso puede resultar excesivo y exigente a la comprensión.

Los personajes son monstruosos. Prácticamente no vemos su lado sensible. Todo se hace por conveniencia o especulación, incluso los actos más humanos como ofrecer un trabajo, charlar en un fogón o garchar entre los árboles. En todos vemos el odio, no hay amor ni siquiera en el frágil romance entre el protagonista y la Gaby, hija de “El correntino”, uno de los capos de la zona.

Nace en consecuencia la reflexión: ¿Por qué tantas historias toman al Delta y su imagen como espacio escénico y lo construyen de manera fría, oscura y engañosa? ¿Por qué en gran medida es espacio de fuga de “crimenes” y vicios? Existen varios ejemplos en este último tiempo en el cine nacional. La película de Natalia Piterbarg Todos tenemos un plan, o Caño Dorado de Eduardo Pinto y hasta, en cierto modo, Voley de Piroyansky. Lejos quedó aquella poética de Sudeste, novela de Haroldo Conti, donde, sin eludir lo sombrío del paisaje, le vemos la cara sensible al Delta. Hay algo de la construcción estigmatizante de cierta marginalidad que, si bien es interesante, incómoda y atrapante para un guión, no deja de ser un lugar plano (y común) para contar la nutritiva vida isleña.

La creciente, y todo el cine nacional e independiente que se programó para estas fechas, merece nuestro apoyo. Siempre vale la pena mirar nuestras producciones. La existencia de Cine.ar -antes Odeón- es una maravilla para la circulación y el acceso gratuito al gran público.

Texto: Tito Dall’Occhio / Fotografías: Hain Cine (productora)

¿Quiénes son?

Dirección y guión: Franco González y Demián Santander.

Intérpretes: Cristian Salguero, Mercedes Burgos, Héctor Bordoni, Facundo Aquinos.

¿Dónde la veo?

Cine.ar / Trailer

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