En una fresca mañana de prematura primavera, con el agua tan baja que deja expuestas las arrugas de la tierra, nos encontramos cara a cara, bajo los cipreses, el cantar de los zorzales y las pavas de monte, con Sofía Astelarra. Mujer oriunda de la Patagonia profunda hoy instalada en el pantano deltaico. Niña rural, devenida en isleña, en mujer social. De militancia adolescente a la sororidad acuífera, esta socióloga de pensamiento arraigado y tejedora de lazos, es una ferviente buscadora de la transformación. Al igual que el agua que, con sus mareas y bajantes, arrastra y mueve y modifica sus cauces, Sofía busca unir colectivos que se apoyen, se unan, se potencien y así ellos mismos transformen su entorno y su esencia histórica marcando nuevos cursos para poder avanzar y protegerse de los enclaves del terrorismo financiero y del patriarcado. En la unión de sus diferencias está la clave, dice esta ecologista, feminista y ferviente defensora de los isleños, la naturaleza y sus territorialidades. 

¿Cómo se constituye tu mirada crítica para pensar, investigar, transformar el contexto?

Siempre estuve muy vinculada al activismo en la facultad, yo estudié Sociología, sobre todo a espacios donde pensábamos formas alternativas de producción de conocimiento al de la academia. Parto de la idea de que hay un modo de producción de conocimiento académico que es extractivista. En Sociología hay algunas cátedras o líneas de investigación que tienen un intento de ruptura, pero las exigencias del campo apuntan a un modo más clásico, presentación de papers, entre otros. Y un poco habitar la universidad para mí tenía que ver con participar de estos espacios de activismo, de militancia, donde se ponen en cuestión ciertas lógicas de relaciones de poder dentro de la misma universidad, dentro del aula. También fui militante en el secundario y vengo de una historia familiar vinculada a cuestiones políticas. De chica viví situaciones políticas fuertes. Entonces, esa mirada crítica de la realidad y del poder, de denunciar injusticias, están desde hace mucho tiempo en mí.

¿Qué situaciones políticas vivió tu familia?

Tengo un tío desaparecido en dictadura. Mi papá estuvo preso también y una hermana de él. Después logró salir por una serie de movidas, era el año 82, el momento más débil de la dictadura. Como él no era orgánico a una organización política (militaba en un centro de estudiantes en Tandil), no era de los más buscados. Mi tío sí, él estaba en Montoneros. En mi casa siempre hubo una mirada muy presente sobre la injusticia, desde que nací.

¿Cuánto influye hoy en tu quehacer profesional vivir en el Delta de Tigre?

Muchísimo. Venir a vivir al Delta tiene que ver con eso. Yo soy patagónica, nací en Río Negro, viví en Fiske Menucos (que es General Roca, pero se está recuperando el nombre original mapuche). Me crié en lugares mucho más chicos que la Capital Federal y me fui a estudiar a los 17 años, año 2001, con un contexto tremendo. Entonces, en algún punto a mí me agotó la lógica urbana. Es fuerte para alguien de la provincia llegar a Buenos Aires e insertarse en un contexto porteñocéntrico. Me vine a la isla en 2009, cuando ya había terminado la carrera hace unos años, tenía mi primera beca de investigación. Vivir muchos años en Capital me saturó y varies amigues estaban viniendo para acá, la posibilidad del Delta estaba a mano. Antes no sabía lo que era un humedal y que estaba tan cerca de Buenos Aires. Aparte, al ser bastante patagónica, el contacto con el agua era raro. Venir acá tenía que ver con recuperar algo de esa relación más cara a cara con lo rural, con las personas que te saludan y que no conocés. Eso me reencontró con algo de mi historia que me gustaba.

¿Cómo se unió la investigación social con el Delta?

Yo venía investigando el avance de la frontera agrícola de la soja en Chaco. Y en ese momento, cuando me vine a la isla, tenía la beca de la Universidad Gral. Sarmiento para trabajar con productores hortícolas en Pilar. Ahí empecé a conocer los barrios cerrados que estaban desplazando a los productores. Cuando vengo al Delta, me encuentro fuertemente con esto de la sociedad y la naturaleza. Al empezar a transitar la vida acá, pienso en problemas de investigación posibles. En paralelo, empezó el conflicto del Colony Park (proyecto ilegal de barrio privado dentro en el Delta). También me encontré con problemáticas re diversas, el proceso de poblamiento, muchas cosas. Y para mí fue más orgánico investigar acá que en otro lugar. El Delta de Tigre es fascinante una vez que te empezás a meter. Por su historia y por la particularidad de sus procesos ecosistémicos.

¿Cómo son los procesos ecosistémicos del Delta de Tigre?

Este Delta es bastante singular porque desemboca en el Río de la Plata, que es un estuario de aguas dulces, y de ahí va al mar. En el mundo, hay otros deltas que van directo al mar. Pero el hecho de que desemboque en el Río de la Plata le da su propia dinámica de formación. Si pensamos en el proceso de colonización del continente, el delta de Tigre no existía. Hace 500 años llegaba solo hasta Campana. Tigre en esa época estaba en formación. Su ecosistema tiene origen en el Amazonas, pasa por el Pantanal (Beni, Bolivia y Mato Grosso, Brasil) atraviesa la Mesopotamia argentina  y después llega acá. Es una formación continua que empieza en el río Amazonas, baja por el río Paraguay y de ahí sale a la cuenca del Paraná y del Uruguay y luego a la cuenca del Plata. El Paraná es uno de los ríos más ancho del mundo que permite cargar un gran caudal de agua y sedimentos que desembocan en este estuario. Ese caudal tan grande viene trayendo una carga bastante fuerte de sedimentos barrosos del litoral, que es lo que le da el color marrón. En palabras simples, el delta del Paraná, es un filtro. El recipiente donde quedan todos los sedimentos que permiten que el agua fluya limpia hacia su encuentro con el mar abierto.

¿Esas aguas con sedimentos son la preformación de las islas?

Sedimentos, camalotes, flora, fauna, bichos que cuando llegan al estuario del Río de la Plata, como es bajo en su pendiente, se van acumulando. En el Río de la Plata se da la confluencia también que, al desembocar en el mar, tiene el régimen de mareas cada seis horas. Entonces, cuando hay viento sur, que viene desde el mar, esa misma agua tiene mucha fuerza y entra por el Río de la Plata. En el encuentro de las aguas que vienen bajando desde Amazonas y las que empujan desde el mar, se forma una pared y hace volver atrás los sedimentos. Entonces, van quedando en el fondo del río que, como es bajito, se estancan en los juncales y con el tiempo van creciendo y se van formando las islas.

¿Es decir que los juncos permiten que se estanquen y echen raíz?

Se van quedando ahí, echan raíz y se forman las islas. Ese es un modo muy singular que se da acá y se le llama Frente de Avance, porque justamente el delta va avanzando de a 70 a 80 centímetros por año. Es un proceso lento de formación, pero vos vas viendo cómo los juncales están cada vez más altos y aparecen poco a poco las islas. Acá se forma tierra que antes no estaba, empiezan a aparecer nuevas islas en el Delta. Después de que se forman los juncales se arman los otros ambientes, el albardón, y por detrás se arma una pileta donde están los pajonales. Por eso la isla tiene esa forma de palangana o plato hondo. Ese régimen de formación se va armando así.

¿Y cómo se van poblando esas tierras?

Lo interesante para pensar es que si decimos que esas tierras se forman solitas, la pregunta es: ¿de quién es? Entonces, en realidad, no son de nadie, son de la humanidad. ¿Por qué existe la posibilidad de decir que esta tierra, que antes no existía, es propiedad privada? Esto lo digo porque en toda la zona del Frente de Avance del Delta hay un montón de carteles de “Propiedad privada”. Se están apropiando los barrios cerrados para hacer negocios inmobiliarios. E históricamente las familias junqueras que van a laburar a las playas del Río de la Plata o del Paraná, muchas veces se quedan a vivir en esas tierras porque trabajaban ahí. Las junqueras y los junqueros cuentan que ponen las varas de sauce para amarrar sus canoas y esas varas enraízan muy rápidamente. Muchas de esas familias, como el caso de Colony Park, fueron desalojadas.

¿Existe algún marco legal para proteger estas tierras?

Alrededor de 1880 Domingo Sarmiento hace una ley para promover el poblamiento del Delta que decía: “Las tierras son para quienes las trabajan y las habitan”. Trabajar significaba tener una plantación de algo o junquear o hacer mimbre. Y en ese momento ya se veía el juncal desde las costas de San Fernando. Sarmiento y Marcos Sastre son los primeros en describir ese proceso de formación de la isla. Entonces, se otorgan boletos de compra y venta a personas que las estaban empezando a habitar en ese momento. Yo creo también que se las daban a personas de clase media-alta. En esos boletos capaz que otorgaban un lote que, con el paso del tiempo y el proceso ecosistémico, se convirtió en 300 hectáreas. Por eso me parece importante pensarlo. Lo de Sarmiento ya no está en vigencia, pero fue una de las primeras leyes que se conoce y quedó en el imaginario esto de “la tierra es de quien la trabaja”. Hay un debate interesante ahí, las tierras no pueden ser privadas.

¿Y cuál es la función ambiental de los humedales?

Tienen un montón de funciones. La principal tiene que ver con la regulación del régimen hídrico. Este movimiento del mar y del Río de la Plata funciona con momentos de inundación y momentos de sequía. Ambos son muy importantes. Es algo muy particular de sus ecosistemas que no son ni terrestre, ni acuáticos, sino justamente ambos. Y eso lo digo porque en los barrios privados que se hacen sobre los humedales se los transforma en uno netamente acuático o en uno puramente terrestre. Esta regulación del régimen hídrico es posible porque los humedales son una forma de pileta que permite que haya agua en toda la estructura del ecosistema que no solo se conecta con las aguas superficiales, que son los ríos, sino con las aguas subterráneas, que son los acuíferos. Eso permite que circule el agua de un lado al otro y haya disponibilidad de agua en la superficie, la purifica. Sacar los humedales es falta de agua a futuro. Los humedales tienen el control o regulación de las inundaciones porque es la zona donde drena el agua y queda estancada. La tierra absorbe y, cuando la tierra o el pajonal filtran (o absorben), se va limpiando de contaminantes. Eso permite que no haya carbono liberado al ambiente. También, cuando viene una marea fuerte acompañada del viento, los juncales, los árboles, esa pared verde, frenan el impulso del viento. De otro modo habría huracanes como el Katrina, que son fenómenos que suceden donde antes había humedales y fueron destruidos. En una palabra: el humedal “protege” a la ciudad y sus alrededores.

¿El Delta es una zona donde debemos vivir?, ¿de qué modo?

El punto es lograr “convivir” con el ecosistema, con la naturaleza. Si se logra no intervenir los pajonales, que el ecosistema pueda funcionar, no modificar el cauce del agua, vivir sin tanta intervención humana, es posible. Hay que lograr modos de construcción que convivan con el humedal. La construcción palafítica es una, no habitar los pajonales es otra. Porque es una zona de recarga y donde viven un montón de animales. En general mucha de la gente que vivía acá hacía eso. Solo intervenía la zona de sus casas. Nadie se metía en el monte a vivir. De esa forma se puede coexistir. Hay mucha gente que viene a vivir con la forma de vida urbana, con los miedos urbanos a las arañas, a las víboras, al agua alta. Pero esa es una construcción humana, pensar que “la naturaleza me va a atacar”.

¿Cómo es ser mujer en la isla?

Es bastante difícil. Nosotras vivimos situaciones violentas ni bien nos mudamos a la isla. Una amiga tuvo un conflicto fuerte con el dueño de una casa que estaba alquilando. Como pasa en todos lados, la violencia de género está en todos lados, pero en lugares rurales como este también sucede. Este tipo de situaciones además de sacarnos el romanticismo de la gente de la isla, nos ubica. Hay códigos muy machistas instalados. Y el territorio está muy marcado, están “los poronga del arroyo”. Situaciones de acosos en la Interisleña (lancha colectiva). Por eso, desde hará dos años que nos estamos juntando un grupo de isleñas para pensar cómo intervenir. Es muy complejo porque hay cosas que están muy naturalizadas, el uso del día a día de la lancha, por ejemplo, implica cuidar mucho a quien hace una denuncia. Para mí la alianza feminismo-ecologismo es clave. También, retomar las estrategias del feminismo de volver a la construcción de tejidos y de redes. No solo de afinidad, sino de poder encontrar en estos encuentros algo que nos permita sostenernos, que nos permita enfrentar el desánimo en el contexto en el que estamos. El desánimo es una de las estrategias de este “terrorismo financiero”, como le dice una amiga. El modelo neoliberal busca romper nuestra voluntad y nuestra afectividad. Busca que crezca nuestra sensación de pesimismo, de miedo. En el feminismo, hay una apuesta posible a un modo de construcción histórico que tiene que ver con tejer redes afectivas que produzcan otras voluntades que nos permitan seguir resistiendo. Es colectivamente, encontrarnos con afectos alegres y potentes. Cuando tejemos redes o lazos entre nosotres, no solo en el presente sino a nivel histórico es cuando transformamos. Hay otras formas de salir que van a surgir en el encuentro entre nosotres.

Observatorio de Humedales

Espacio que se construyó como herramienta para proteger el medio ambiente como el modo de vida de los isleños. Espacio que surgió a partir del conflicto con el Colony Park, gracias a que, los alrededor de veinte isleños afectados por el avance del emprendimiento que incendó sus casas y taparon literalmente sus terrenos con paladas de tierra, se conectaron con otres. Se sumó la ayuda de varixs, y se formó el observatorio para que no se pueda invadir más ese terreno. Para que “haya presencia permanente”. 

Introducción y edición final: Vicky Crespo.

Texto y Fotografías: Timbó.

Video: Elemento Vital: Capítulo 1
IG: Sofía Astelarra

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