Muchos niñes para las navidades desean un autito a control remoto, una bici o una pelota de fútbol. Yo, en cambio, soñaba con sanguchitos de miga. Una navidad mi abuela me regaló seis de jamón y queso de la panadería de la calle 4 de Virreyes. No sabés lo chocho que estaba. Me los comí todos esa misma noche acompañados de un copita de sidra sin alcohol. En esa época tendría unos 8 u 9 años.

Con el correr del tiempo mi fascinación por los sanguchitos fue en aumentación. Te puedo decir sin repetir y sin soplar al menos una panadería de cada barrio del conurbano norte. Mi fascinación fue tal que comencé una ardua búsqueda: el mejor sanguchito de miga. ¿Comó  se juzgan los sanguchitos? Fueron semanas en las cuales diseñé algunas pautas para crear un juicio objetivo. Por ejemplo: Medida, textura, adaptabilidad en mano, cantidad de fiambre y figura geométrica. 

Recorrí a lo largo del año unas treinta y dos panaderías. En muchas de ellas me llevé decepciones. ¿Cómo llegás a hacer uno de miga con tanto desgano? ¿No te das cuenta que es un rito sagrado? Al sanguchito se lo respeta, se lo cuida y se lo entrega con amor. 

En noviembre mi paciencia se estaba acabando porque aún no encontraba esa perfección que tanto anhelaba. Para despejarme, salí a caminar por mi querido San Fernando. Agarré la 9 de julio minada de negocios. Mirando las vidrieras llegué hasta la panadería “María Sabor”. Instantáneamente me di cuenta que nunca había probado los sanguchitos de la vuelta de mi casa. Pero qué taramban me dije para mis adentros. Junté coraje, abrí la puerta y entré. 

Ya nada es igual después de ese día. 16 centímetros de largo por 9 de anchos, cantidad justa de manteca y mayonesa, un rectángulo perfecto que entra en tu mano. El pan. ¡Ah!, el pan. Una cosa de locos. Mullidito, suavecito y fresquito. Te tiro la fórmula: comprate dos de miga, los pones en una de esas tostadora antiguas que tienen las rendijas y una chapita abajo (para mí es una tostadora actual pero como mis amigos tienen esas que cuando salta el pan hace un pirueta de 180ª grados, lo aclaro). Cuestión, al sanguchito lo dejás un minuto en la tostadora y luego lo das vuelta. Subrayo lo de un minuto porque de esa manera no se derrite por completo el queso. Así es como se debe comer un buen tostado. Ahora sí, ¡Listo el pollo, pelada la gallina! Al tostado de miga siempre se lo acompaña con unos buenos tiensos y si hay yerba Chamarra mejor. 

Jolgorio asegurado en tu boca.

Además de haber encontrado al mejor de miga tengo el honor de decir que la panadería “María Sabor” tiene unos scones sabrosisimos y ni te cuento de los bizcochitos de grasa para que no se te haga agua la boca. También hay que destacar el servicio que brinda la panadería. Me gusta que siempre que llego escucho un buenos días/tardes y una sonrisa. ¡Ah! Otra cosa que casi me olvido. Ya no tengo que decir cuál va a ser mi pedido porque lo saben de memoria: dos de miga de jamón y queso acompañados de cuatro o cinco chipacitos pa’ comer en el camino. Hay veces que ando corto de plata pero Hernán, el cajero, me fía porque sabe que soy medio hippie. Yo ya no sé qué más tengo que decir para convencerte de que pruebes los mejores de miga. Vení y comprobalo.

Texto y fotos: Franco Lopez

¿Dónde queda?

9 de julio 1410, San Fernando. Atienden de lunes a sábados de  6:30hs a 20:30hs y domingos de 7hs a 13:30hs.

¿Qué probar?

Sanguchitos de miga, scones, bizcochitos.

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