Arrancamos viaje con el Toto y la Violeta Torbellino. Desde San Fernando, capital de la náutica, hasta la República del Uruguay en auto sin parar. Bah, sin parar no. Paramos 4 ó 5 veces a cargar agua para el mate porque si no nos dormíamos. ¿Cómo hacés para manejar 7 hs en auto sin un mate? Cuestión que llegamos rapidito a Carmelo. Nos recibió el pibe pelado con anteojos que me cae bien pero nunca me acuerdo el nombre. ¿Cómo se llamaba? ¡Ah, sí! ¡Se llama Juan! Entramos a la escuela en donde nos íbamos a alojar y al toque nomás salieron de todas partes muchos gurises (así le dicen a los pibes en Uruguay) a saludarnos y a preguntarnos de dónde veníamos.

Una vez que dejamos nuestros petates en una sala, nos fuimos a comer. Había “guiso de anoche”. Posta. Se llama así el plato en Uruguay. No sabés lo rico que estaba. Igual, entre nosotros, te digo que no pudimos ni hacer la sobremesa porque nos llevaron a otra escuela para hacer función. Igual está todo bien con la organización aunque no haya podido comer postre. ¡Para, pibx! No te conté lo más importante. ¿A qué no sabés a quién nos encontramos en el encuentro? Al grupo Las mandadas de Santa Fe. A ellas las conocemos hace bocha así que fuimos en caravana a la escuela: la Violeta Torbellino, Los piromanía (que somos Toto y yo en esta ocasión) y Las mandadas. Todos tocando bocina y a los gritos. Nah, mentira. Es un chiste. Fuimos muy tranquilos tomando unos mates con yerba Baldo. Lo de la yerba es importante aclararlo porque nosotros no estamos acostumbrados a tomar mate con esa yerba y la verdad es que se nos tapó como cuatro veces en el trayecto. 

Las funciones en la escuela salieron impecables. No sabés lo felices que estaban las señoritas. Te digo más, la seño de 4to casi se mea de la risa con la Violeta Torbellino. Los pibxs la pasaron tan pero tan bien que querían que la Violeta haga la obra de nuevo.

A la noche hubo función en la escuela en donde todos los artistas dormíamos. Hay algo que no te conté. La escuela, aparte de ser escuela, es un centro cultural que se llama La caja. Qué nombre raro, che. La cosa es que hubo función de Las mandadas y Tatuteatro. La verdad que quedé sorprendido. Un silencio. Un respeto. Un lujo la verdad. Después de las dos funciones nos fuimos a cenar al patio todxs juntxs. Antes de servir el morfi, Ivana, la chica de pelo largo medio rubiecita que siempre le pone apodos a todos, me pidió que hagamos esto de escribir todo lo que pasa en el encuentro y es lo que estoy haciendo ahora.

Texto: Franco López / Ilustración: Dadá

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